Everardo R. Bohórquez y Cuevas, corresponsal

pagina3.mx.- Tuxtla Gutiérrez, Chis., 18 de septiembre de 2015.- Eraclio “Laco” Zepeda, el gran escritor chiapaneco de décadas pasadas y de la actualidad, 1937-2015, murió ayer jueves en su natal Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, a los 78 años, dejando un vacío muy difícil de llenar en la literatura mexicana, sobre todo en el campo de la narrativa, el cuento y la poesía.
Asimismo, deja huérfana a la izquierda política mexicana, ya que l ahora desaparecido fue un gran activista y participante de la lucha por esa ideología, pasión que llevó más allá de México y proyectó generosamente con su concurso personal en Cuba y en la Revolución Cubana, militancia que todos le han reconocido.
“Ben Zulul”, el famoso libro que Laco publicó a la edad de 20 años y que le abrió las puertas de la literatura chiapaneca y nacional, es uno de los más explícitos de la imaginación del chiapaneco, donde por medio de sus cuentos nos abrió una ancha puerta al modo de pensar de los indígenas de su estado, cuyo origen maya –también de otras etnias habitantes de ese estado sureño de México—actitudes que muchas veces resultaban incomprensibles para la mayoría de los mexicanos de otras entidades y de las ciudades.
Su cuento “Viento, viento” nos proporciona un modo real de entender la visión del fatalismo de esos grupos de mexicanos, los que antes de serlo, son primero mayas, o tsotziles, o chontales, luego son chiapanecos y al final mexicanos; grupos que han sido ancestralmente explotados desde las épocas de la dominación española y que a pesar de la Independencia, la Reforma y la Revolución, casi nada ha cambiado para ellos. Así nos los hizo entender Laco.
Antes, el escritor de origen europeo Traven Torsvan que escribía bajo el seudónimo de Bruno Traven, nos enfrentó a la realidad de las formas de esclavitud en “La Rebelión de los Colgados”, dibujando seres que se “contrataban” para ir a explotar el caucho de las selvas chiapanecas y cuyo destino casi seguro era la muerte, propiciada por la esclavitud, las tiendas de raya, la insalubridad, el paludismo y la malaria, así como la oncorcecósis, enfermedades endémicas en las selvas chiapanecas.
Luego vendría la labor literaria de Rosario Castellanos la chiapaneca de Comitán, que nos trasladó a las formas de vida de “la gente de razón” cuya riqueza se basaba en el trabajo de los campesinos como el realizado en las fincas cafetaleras de la Costa y de otras riquezas agrícolas en el Centro y en el Norte de Chiapas. Rosario, la poeta, con sus libros de Oficio de Tinieblas y Mujer que Sabe Latín, nos mete de lleno a la vida chiapaneca.
Pero Eraclio fue más allá, ya que siempre demostró ser un hombre de izquierda con convicciones muy firmes como lo demostró activamente en el PSUM y en otros segmentos políticos de esa ideología, tanto que el propio Laco llegó a ser Candidato a la Presidencia de la República, misma postulación que declinó en favor de Cuauhtémoc Cárdenas. Asimismo, sus acciones en favor de la Revolución Cubana lo llevaron a participar en actividades realizadas en la propia Cuba, ya que como se dijo esta madrugada en la televisión, para Zepeda “Chiapas era todo el mundo y Cuba, todo el universo”.
La fama que le llegó muy joven no lo hizo dormirse en sus laureles, sino que incursionó con grandes facultades en la poesía, como lo hizo conjuntamente con Augusto Sheley y Jaime Labastida, en la famosa obra intitulada “La Espiga Amotinada”. Por si fuera poco, uno de sus mejores poemas “Acela”, fue incluido por Octavio Paz en su Antología de la Poesía Mexicana.
Además de Ben Zulul, escribió, entre otros, Asalto Nocturno, Andando el Tiempo, Las Grandes Lluvias, Viento del Siglo, Fuerte Lluvia, Tocar el Fuego y la Primera Palabra. Asimismo López Narváez diría del ahora fallecido que fue “un cuentista nato”, “un personaje de compromiso social”, al tiempo que era un ser profundamente humano.
Junto a Laco destacan los grandes poetas chiapanecos como el doctor José Casino Casahonda, el extraordinario Jaime Sabines, ambos ya fallecidos y de los vivos, Oscar Oliva y Roberto López Moreno, este último con libros como Las Mariposas de la Tía Nati y el que escribió sobre el también poeta Lezama Lima.
De la misma manera incursionó en el periodismo literario y en sus participaciones en programas de la televisión cultural, en donde lo que faltaba era tiempo al aíre, ya que era gran un relator y excelente charlista como el famoso programa que se transmitió en 1989, donde participaron aparte de Zepeda, Jaime Sabines, Juan José Arreola y Alejandro Aura.
Se recuerda que hace poco también murió un periodista y hombre de letras, el chiapaneco Marco Tulio Carballo, quien formó generaciones de periodistas porque como Jefe de Redacción y de Información, era muy rígido en la enseñanza diaria de su labor. En la Revista Siempre escribió textos notables como el que refiere a la presencia de dos famosos escritores ingleses en Oaxaca: D. H. Lawrence y Malcom Lowry.
Esos dos literatos extranjeros tuvieron grandes “encuentros” con el mezcal y sobre eso versa el relato de Carballo, cuya copia estuvo durante muchos años colgada de una de las paredes de la cantina más antigua de Oaxaca, La Farola, cuadro que desapareció luego de los últimos trabajos de reparación y remodelación del lugar, que cuando fue reabierto, ya no contaba con el artículo de referencia.
Eraclio igualmente fue un hombre que participó no sólo en la militancia política, sino también sirvió a su estado desde encargos importantes como cuando fue Secretario General de Gobierno de Chiapas, motivo por el cual tuvo grandes contactos con los oaxaqueños en la búsqueda de soluciones a los conflictos comunes que atañen a Chiapas y a Oaxaca.
También sus guías para la literatura fueron José Revueltas y Juan Rulfo, del que se dice que su silencio correspondió al mismo que se da entre los personajes de su obra de origen campesino principalmente y que describió magistralmente en Pedro Páramo y El Llano en Llamas.
En una de entrevista que le hicieron en la televisión a Eraclio Zepeda dijo que él fue de los que se paseó primero, cosa que hizo con gusto hasta cumplir sus primeros 50 años y a partir de entonces se puso a trabajar en serio.
En 2014 recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura, así como la Medalla “Belisario Domínguez” que le concedió el Senado de la República, en donde pronunció una gran pieza oratoria en favor de la democracia y de la libertad del pueblo mexicano.
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