Arquitectura, una profesión desde las mujeres

Por Soledad Jarquín Edgar, corresponsal

Semmexico, Oaxaca, 21 de septiembre de 2015.- Detrás de una escuela, un edificio, una casa, una carretera, hospitales y clínicas están ellas. Son arquitectas que no se inmutan ante las alturas, los andamios, las escaleras de madera, el lodazal del cemento y el agua, y que saben lidiar con chalanes, albañiles, maestros de obra, pintores de brocha gorda, plomeros, herreros y electricistas.

Son profesionales de una carrera universitaria cuya matrícula femenina oscila en nuestro país entre el 33 y 35 por ciento, pero ellas apenas tuvieron entre dos y cinco compañeras; eran aulas llenas de hombres cuando ellas estudiaron en las décadas de los ochenta y los noventa, y más recientemente en el primer decenio del nuevo siglo.

La primera arquitecta titulada en México fue María Luisa Dehesa y Gómez Farías, veracruzana que nació en 1912 y que concluyó su carrera en 1937 en la Escuela Nacional de Arquitectura, institución con 105 años de existencia. Sin embargo, en Oaxaca la historia tiene la mitad de esos años, apenas 55, pues la primera egresada fue la arquitecta Aurora de la Huerta Pérez, quien presentó su examen profesional en agosto de 1975, cuando defendió su tesis “Museo de Arte Popular”.

Para las arquitectas, todas ellas integrantes del Colegio Libre e Independiente de Arquitectos de Oaxaca, su ingreso a esta carrera se realizó sin mayor contratiempo ni asombro para nadie. En su memoria están sus celebres maestras: Dora Cecilia Aceves, Adriana Ricárdez, María Elena Báez, Andrea Amador y Rosalba de la Huerta, sus antecesoras inmediatas.

En entrevista Verónica Díaz Carballido, Gloria Lambarria Gopar, Concepción González y Ramírez, María de la Luz León Morales, Heidi Pérez Islas, Fabiola Gutiérrez Mendoza y Claudia Guadalupe Ruiz Pérez, hablaron de su desarrollo profesional y de cómo su ser mujer permea su desarrollo.

 Escuela y trabajo

Lambarria Gopar es la única que egresó de la Universidad Regional del Sureste  (URSE) en 1988; actualmente está por obtener el grado de doctora en Protección del Patrimonio Cultural y Desarrollo Turístico Sostenible.

Su deseo de juventud era ser pintora, pero su abuela le dijo que no, que esa no era una profesión para señoritas, por lo que su segunda opción fue Diseño Industrial, pero como no quiso vivir fuera de Oaxaca, la Arquitectura le pareció la carrera más afín.

Su vida profesional inició en un despacho que montó con su esposo, también arquitecto, donde hicieron trabajos de diseño gráfico para la difusión institucional de programas, hasta que aparecieron los primeros diseñadores gráficos. Además, durante algún tiempo se desempeñó en la construcción de obra privada, y un buen día encontró lo que hasta hoy es su labor: la de maestra de tiempo completo de la Escuela de Arquitectura de la URSE, donde también es investigadora. Desde ahí siguió estudiando y desvelándose, algo que queda en la memoria de su cuerpo desde que era estudiante.

Verónica Díaz Carballido egresó de la Facultad de Arquitectura 5 de Mayo, también de la UABJO, en 1993. A ella le apasiona la construcción, en la que está inmersa desde que era estudiante en el despacho de su maestro Luciano Audelo, de quien, dice, aprendió a darse a respetar con los trabajadores con los que ha estado en cientos de obras, desde casas habitación hasta carreteras, no sólo en Oaxaca, sino también en gran cantidad de entidades del país.

Recuerda que la primera vez que estuvo en una obra la mandaron a tomar lista a los trabajadores, quienes irreverentes le empezaron a gritar “secretaria”. Su jefe la llamó para pedirle que se diera a respetar y así lo hizo: “señores no soy secretaria, soy arquitecta y soy su jefa”.

Fabiola Gutiérrez Mendoza también egresó de la Facultad de Arquitectura 5 de Mayo en 1995: ella cuenta que su principal problema ha sido compaginar la vida profesional con la familia, porque se casó tan pronto terminó la escuela.

Las jornadas laborales eran intensas, sin horario de salida, lo que le puso ante la disyuntiva de dejar su trabajo ante las exigencias de su pareja y la crianza de su pequeña hija. “Pero pensé en lo difícil que había sido estudiar y todo el esfuerzo que había hecho”, por lo que optó entonces por crear su propia empresa constructora.

Heidi Pérez Islas, quien egresó en el 2000, también enfrentó muchas dificultades por su condición de género, todas las cuales supo sortear, pues sus proyectos arquitectónicos están presentes en una enorme cantidad de obras, tanto privadas como públicas, y actualmente se especializa en el campo legal de la arquitectura.

Concepción González y Ramírez concluyó sus estudios en 2004, también en la 5 de Mayo. Es maestra en la Escuela de Arquitectura de Ciudad Universitaria de la UABJO y en el Instituto Tecnológico de Oaxaca, actividad docente que compagina con su trabajo en la Secretaría de Salud. Aunque ha tenido otros ofrecimientos de trabajo, sostiene que no puede restar tiempo a su familia, y menos aún a su pequeño hijo de dos años.

María de la Luz León Morales egresó en 2006 de la Escuela de Arquitectura CU, en medio de un conflicto político social que afectó toda la industria en Oaxaca, pero aún así se aventuró como empresaria de acabados de cantera y decoración inmobiliaria. Entre sus obras recientes destaca la remodelación de un hotel al sur de la ciudad, y al igual que otras de sus compañeras, pasó las duras y las maduras con el personal de construcción.

Claudia Guadalupe Ruiz Pérez es la más joven de todas: egresó en 2008, y su mayor problema fue encontrar un buen trabajo sin que ello le implicara otra clase de “favores” para sus jefes y otras personas. También se encuentra inmersa en la construcción privada, y más recientemente comparte su tiempo trabajando en la Secretaría de las Infraestructuras del gobierno estatal.

Aunque todas han estado al frente de una obra en algún momento de sus vidas, tanto Gloria Lambarria Gopar como María de la Luz León Morales optaron por la academia, al menos cinco son dueñas de sus propias empresas constructoras y dos combinan la construcción con una empresa inmobiliaria.

 Mamá canguro

Dos de las entrevistadas tuvieron hijos mientras estudiaban. Para la arquitecta Lambarria Gopar la red familiar fue fundamental, y la arquitecta Pérez Islas tuvo que dejar la escuela al menos temporalmente. Cuando volvió su hija asistió a clases durante tres meses y hoy está próxima a concluir la carrera de arquitectura siguiendo el ejemplo de su madre.

La arquitectura es una profesión difícil, exige mucho tiempo frente al escritorio y en la obra para que las cosas se hagan bien, lo que implica menos disponibilidad para “atender” a la familia, más aún cuando estás estudiando, como refiere Pérez Islas al recordar dos hechos que le parecieron terribles. El primero ocurrió cuando, siendo estudiante, disponía solo de las noches para sus trabajos universitarios, y en una de ellas su niña despertó mientras ella preparaba su tarea de Expresión Arquitectónica, por lo que le dio unos plumones para que se entretuviera, pero la niña se pintó piernas con ellos brazos, cara, y no pudo quitarle las manchas de tinta,  por lo que al día siguiente las maestras le reprocharan su descuido.

El segundo sucedió cuando, ya siendo profesional, debía entregar un trabajo porque estaban en el cierre de año y de eso dependía que le pagaran a la empresa para la que trabajaba, pero su hijo enfermó de neumonía. El médico del IMSS molesto por la condición del niño, la cuestionó: ¿Señora, por qué trabaja? Ella se sorprendió ante la pregunta y nada pudo decir frente a la siguiente pregunta del galeno ¿No la mantiene su marido? ¿Qué le falta, un refrigerador, una lavadora…?

Aunado a las dificultades que enfrentan para cumplir con sus roles de género, algunas han enfrentado acoso sexual, otro de los obstáculos más comunes que llevan a las mujeres a trabajar por su cuenta y no en empresas o instituciones, donde los jefes hombres creen tener el derecho de tocarlas o de hacerles proposiciones de tipo sexual.

El acoso sexual, que no es reconocido por todas, puso a estas mujeres frente a una realidad que hasta entonces les era ajena, pero que supieron sortear con carácter. “Suponen que no vamos a defendernos”, confía una de ellas.

Arq. Veroìnica Diìaz

Entre andamios y albañiles

Es usual que los subalternos de estas arquitectas sean hombres; sin embargo, también han tenido albañilas, pintoras, plomeras  y chalanas, aunque pocas veces. “Rodas son buenísimas para los acabados, los detalles y sobre todo son muy limpias en su trabajo”, coinciden Verónica Díaz Carballido y Heidi Pérez Islas.

De una u otra manera, las arquitectas han enfrentado momentos difíciles con el personal. Todas consideran que el carácter es básico para aplacar los ánimos de los trabajadores, que todavía encuentran difícil tener enfrente a una mujer, a una profesionista, que además les da órdenes de trabajo.

El machismo es un asunto común entre los trabajadores de la construcción, reconocen las arquitectas. A María de la Luz León Morales no solo le pasaron los botes de cemento en la cara en su primer día en una obra, en lo que sin duda fue un claro acto intimidatorio; después se confió y le robaron sus herramientas de trabajo, pero con el tiempo aprendió a no dejarse de nadie.

Heidi Pérez Islas relata que ella acostumbraba hablarles suavecito y muy decentemente, hasta que se encontró con un pintor que sólo la miraba tras recibir la orden y no respondía, y al final hacía poco caso de sus recomendaciones. La actitud del pintor puso en riesgo el pago de más de dos mil 500 metros cuadrados de obra, así que al día siguiente llegó, se llenó de coraje –dice ella- vio al hombre y le dijo que hiciera las cosas como ella le había indicado y que si no le gustaba que se fuera a la…

Verónica Díaz Carballido también aprendió sobre la marcha y, tras la burla de los albañiles que la llamaban secretaria, recibió la orden de correr a todos aquellos que no le hicieran caso o que faltaran a trabajar, y así lo hizo, pero en una ocasión su jefe le comentó que para la próxima los corriera hasta después del colado.

Cero mil amores

Como mujeres, las arquitectas refieren que ponen en práctica un sentido que no tiene que ver con la lealtad, sino con el respeto. Y es que, aseguran, los maestros de obra son muy “ojo alegres”, por lo que es muy común que se enganchen pronto con mujeres, muchas de ellas sus proveedoras de comida.

Sin embargo, coinciden en que ellas exigen respeto. Todo lo que quieran hacer, que lo hagan en otro lugar, les dicen, “pues muchas veces es la misma cuadrilla con la hemos trabajado por años; conocemos a sus esposas, vemos crecer a sus hijos e hijas, entonces no nos parece que hagan eso que sí les permite sus jefes hombres, pues estos muchas veces ni siquiera ven anormal que lleven mujeres”. Pero lo mejor, aseguran las entrevistadas, es que los albañiles les hacen caso y aprenden a respetar su lugar de trabajo.

 El techo de cristal

En algunos casos su condición de mujeres, profesionistas y madres contribuye a que no acepten determinados trabajos en instituciones públicas, por lo cual, según consideran, es una de las razones de que pocas mujeres hayan accedido a puestos directivos, y aunque sí ha habido nombramientos en instituciones del gobierno municipal, no ha sido el caso dentro del gobierno estatal.

Un cargo de esa naturaleza, explica Pérez Islas, implica estar de tiempo completo y enfrentar las críticas morbosas sobre las razones de un ascenso de esa naturaleza, como ha ocurrido con las pocas mujeres que han accedido a esos puestos.

En ese sentido, tanto Gloria Lambarria como Concepción González y Ramírez destacan las posibilidades que ofrece la docencia: su trabajo está sujeto a horarios establecidos, hay posibilidades de ascenso y de crecimiento intelectual, y cuentan con más posibilidades de atender a la familia.

Un acabado diferente

En la construcción, especialmente en la de viviendas, las arquitectas coinciden en que los clientes, hombres y mujeres, quedan satisfechos y comentan que “se nota que fue una mujer quien dirigió la obra”, porque los espacios tienen dimensiones menos ajustadas, “nosotras pensamos en cosas que los hombres no conciben”, dicen.

Además, están seguras de que las mujeres también ofrecen un resultado más humanitario, como sostiene Claudia Guadalupe Ruiz Pérez, o como señala Fabiola Gutiérrez Mendoza: “hay que ponerse en los zapatos de quien va ocupar esa vivienda”.

Por otra parte, es sintomático que estas profesionistas se resistan a concursar por obras públicas, pues el gobierno no paga a tiempo y a veces ni paga, o exige el diezmo o el moche.

 Arquitecta mixe

Las dimensiones sociales de la arquitectura permean en Oaxaca. El pasado mes de junio, Marisol Ambrosio Martínez presentó su examen profesional con la tesis “Centro de Difusión Cultural y Estudios Antropológicos de la Nación Mixe”. Por primera vez en la historia de esta carrera universitaria en México, una estudiante presentó su trabajo profesional tanto en castellano como en su lengua materna, el mixe. Originaria de Tamazulapam del Espíritu Santo, Marisol Ambrosio refiere en su tesis los temas de la cosmovisión de la etnia mixe y las técnicas de producción de adobe para la construcción.