Emmanuel González-Ortega

Desde 1979 en todo el mundo se reconoce al día 16 de octubre como el Día Mundial de la Alimentación. Esta fecha fue instaurada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y este año la consigna propuesta para conmemorar la fecha es: ‘Romper el ciclo de la pobreza rural’. Sin embargo, al contrastar los hechos reales y de acuerdo a los reportes recientes de la economía y del estado actual de la sociedad rural mexicana, dicha consigna parece ser más una estrategia de marketing que una campaña dirigida a cambiar la realidad del campo en México y también en gran parte del mundo.

Desde hace años ha habido una transición alimentaria –desde la producción hasta la comercialización- que ha derivado en un mayor consumo de grasas y azúcares en los alimentos. Las políticas de libre mercado mundial han afectado el comportamiento de los sistemas agroalimentarios, alterando la cantidad, tipo, costo y deseabilidad de los alimentos disponibles para el consumo. A su vez, estas alteraciones han provocado aumentos drásticos en los casos de obesidad en la población y de enfermedades crónicas relacionadas con la dieta. En resumen, ahora se tiene un acceso nunca antes visto a comida industrializada de relativamente bajo costo, pero de nula calidad nutricional y causante de obesidad y diabetes. Esta situación se materializa drásticamente en México, que ocupa los primeros lugares mundiales en obesidad de la población.

 

Hasta el año pasado en México, 18.2 por ciento de la población se encontraba en pobreza alimentaria y ninguna cruzada contra el hambre u otro programa de gobierno enfocado a mejorar la agricultura campesina o la economía de la población rural ha logrado siquiera frenar el aumento de enfermedades, o la tendencia al despojo, empobrecimiento y abandono que vive actualmente el campo en México; por el contrario, las agendas económica y política del país presentan un panorama aún más oscuro para la producción de alimentos, la preservación de la vida campesina y otros muchos aspectos relacionados con la soberanía nacional. La última muestra de tal agenda es la firma por parte de México y de otros 11 países del Acuerdo Trans Pacífico de Asociación Económica (en adelante, TPP por sus siglas en inglés).

 

El TPP es el acuerdo económico más grande realizado en la historia, involucra a 792 millones de personas, y aproximadamente el 40 por ciento de la economía mundial, pero ha sido negociado secretamente por los gobiernos (http://pagina3.mx/2015/05/acuerdo-transpacifico-de-asociacion-economica-tpp-el-gobierno-de-mexico-metido-hasta-las-cejas-a-espaldas-de-la-poblacion/). Es, a grandes rasgos, una reestructuración del Tratado de Libre Comercio (TLC) implementado en 1994 entre Estados Unidos, México y Canadá para que sigan beneficiándose las multinacionales a costa de la población.

 

A nivel de producción y consumo de alimentos, el TPP implica riesgos mayores, tales como la anulación o prohibición del etiquetado de alimentos elaborados con cultivos transgénicos, la eliminación de pruebas de inocuidad o de seguridad alimentaria a los alimentos elaborados en un país firmante del acuerdo TPP, la posibilidad para las corporaciones de demandar a gobiernos que incurran en acciones contrarias a su interés, o que las compañías tengan el derecho de vender a un país exclusivamente un producto por un periodo de 10 años. Un efecto extremadamente duro del TLC fue el desplazamiento de aproximadamente tres millones de campesinos ya sea al extranjero –principalmente a Estados Unidos- o a las ciudades para emplearse como mano de obra en condiciones de precariedad y con el consiguiente efecto deficitario en la producción de alimentos en el campo mexicano. El Acuerdo Trans Pacífico potenciará la tendencia aniquiladora de la vida campesina.

 

Sin embargo, organizaciones civiles están realizando propuestas radicales totalmente contrarias a los acuerdos económicos internacionales que históricamente han despojado a la población. En el marco del Día Mundial de la Alimentación, el movimiento internacional Vía Campesina llama a un día de acción global por la soberanía alimentaria y en contra de las transnacionales. Desde una visión holística, se propone a la agroecología como la alternativa para reparar el entorno rural devastado por la agricultura industrializada capitalista. El uso de esta herramienta en comunidades campesinas e indígenas ha probado ser muy útil para promover la justicia social, generar conocimiento local, alimentar y preservar la identidad de los pueblos y adicionalmente fortalecer la viabilidad económica de áreas rurales. Accionar este tipo de iniciativas en México implica un reto particularmente grande por las condiciones actuales del sistema agroalimentario. Un dato clave es por ejemplo que el 91 por ciento de los incentivos para la comercialización de maíz está acaparado por 9 empresas incluyendo a las dos principales harineras mexicanas, estas ocupan el primero y segundo lugar en recursos económicos acaparados para comprar maíz.

 

No sobra recordar que las comunidades campesinas e indígenas en México no están solas ante las adversa situación económica y social en el campo, ni en la ardua labor de producir alimentos para la gente de comunidades urbanas. Actualmente está creciendo la conciencia en espectros amplios de la sociedad sobre la importancia de la actividad campesina. Los pequeños productores ejercen cotidianamente el derecho de decidir qué y cuanto se cultiva, qué se come, dónde se distribuye, principios de la soberanía alimentaria anticapitalista, económica y ecológicamente sostenible. Hay ecos de estas iniciativas que suenan cada vez más en Brasil, Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, Filipinas, Indonesia, India. México debe empezar a sonar más fuerte aún.

 

Más información:

http://viacampesina.org/es/index.php/acciones-y-eventos-mainmenu-26/no-a-las-transnacionales-mainmenu-80/2499-16-de-octubre-dia-de-accion-global-por-la-soberania-alimentaria-en-contra-las-corporaciones-transnacionales

 

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