Por Everardo R. Bohórquez y Cuevas

(pagina3.mx).- Aquellos esfuerzos de los fundadores del Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca (ICAEO),  en el siglo XIX, no se truncaron, puesto que dos de sus primos alumnos tanto en el tiempo como en la Academia, serían dos pilares de nuestra historia patria: Benito Pablo Juárez García y José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, que durante casi cincuenta años encabezaron políticamente los esfuerzos de México por ser la nación a la que ahora orgullosamente poseemos.

En seguimiento del ejemplo de aquellos dos ilustres Ex Alumnos del ICAEO, hubo muchos más educandos que en su actuar público y profesional, honraron las enseñanzas de sus maestros y dieron más prestigio con su viril ejemplo de civilidad y de honestidad personal, a la señorial Casa que los cobijó y les dio saber para el cultivo de la propia inteligencia y la cultura.

Sólo me alcanza el breve espacio para referirme a tres de ellos: Ernesto Carpy Manzano, nacido en Oaxaca, el 25 de junio de 1907 y murió en la capital de la República, el uno de marzo de 1963, hace ya cincuenta y dos años, dejando como patrimonio para sus hijas Patricia y Clara Isabel, una vida ejemplar como estudiante, como abogado, como universitario, luchando contra los molinos de viento de la política nacional, igual que “nuestro Señor Don Quijote”.

Carpy Manzano siendo estudiante de Derecho en el Instituto, encabezó con Ciriaco Pacheco Calvo y otros más, el movimiento disidente de 1927, contrariando la intención del régimen estatal que pretendió cobrar por la educación superior, rompiendo la tradición de más de un de un siglo, en que el plantel era absolutamente gratuito.

Esa lucha obligó a Ernesto a emigrar hacia la UNAM, para terminar su carrera de abogado en 1929, convirtiéndose en brillante orador en concursos de oratoria de El Universal, por lo que al estallar el movimiento estudiantil por la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, junto a Pacheco Calvo y Alejandro Gómez Arias, combatió haciendo grupo con los destacados vasconcelistas: Salvador Azuela, Herminio Ahumada, Andrés Pedrero, Chano Urueta, Juan Bustillo Oro, Alfonso Sánchez Tello y otros más, al costo de la vida de Germán de Campo el 23 de mayo.

Asimismo, participó brillantemente al lado de distinguidos universitarios como Adolfo López Mateos y Mauricio Magdaleno, entre muchos más, en la campaña presidencial de 1929, cuando el Maestro de América –aquel oaxaqueño distinguidísimo—José Vasconcelos Calderón, se lanzó contra la imposición callista de un presidente pelele, etapa en que se perdió el último rastro de dignidad política participativa del pueblo de México.

En diciembre de 1941, asume la dirección del ICAEO y permanece en el cargo durante dos años, en que funda la Orquesta Sinfónica del Instituto bajo la dirección del oaxaqueño Juan León Mariscal, con el concurso de Ricardo Vera Castro; tiempo al cabo del cual un régimen gubernamental obscuro y los gratuitos y mezquinos intereses de sus mínimos enemigos, lo obligaron a renunciar.

Tal y como lo describe Gonzalo Hernández Zanabria: “Le miro en su ataúd cubierto de flores…”, “… en el Panteón Francés de San Joaquín, en que Salvador Azuela, Humberto Muñozcano, Everardo Ramírez Bohórquez, su fiel secretario y nuestra voz quebrada, le despedían con uncioso afecto”. “Ernesto Carpy Manzano es hoy día un símbolo de rectitud intelectual, de valor civil, de voz alada y palabra viva”, señala Gonzalo.

GONZALO HERNÁNDEZ ZANABRIA

A pocos días de que cumpla ciento un años de existencia, el 19 de octubre de este 2015, la figura de este otro oaxaqueño extraordinario se agiganta, no sólo por su valía personal y profesional, sino por su extraordinario don de gentes, con el que se constituyó el lazo de unión permanente de los oaxaqueños a los que el destino nos llevó a vivir en la capital del país.

Cada 14 de febrero, durante cerca de cincuenta años, Hernández Zanabria organizó una reunión que denominó Comida del Día de la Amistad, en la que muchos oaxaqueños –por desgracia muchos ya desaparecidos- nos reuníamos para departir y cuyo tema de conversación era –sigue siendo—Oaxaca, nuestra matria. Ahí muchos nos reencontramos, otros nos conocimos y todos aprovechábamos la ocasión para refrendar nuestro paisanaje y aferrarnos con el recuerdo y la emoción a la tierra que guardan los huesos de nuestros ancestros.

Pero no sólo sus paisanos hemos gozado de la bonhomía de Gonzalo, sino todos aquellos que durante largos años trabaron contacto con el ahora ya centenario Ex Alumno del ICAEO, tanto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación y en aulas del Politécnico; es el último que queda de aquella sociedad de educandos que se formó hace unos sesenta años, entre los que contaron Manuel R. Palacios, Marcial Pérez Velázquez, Filadelfo Cruz Aguillón, Salvador Mendoza, Sadot Ramírez Ortíz, sólo por citar a una muy mínima parte de aquella fraternidad estudiantil extramuros.

Hoy, rodeado de los suyos y de los miles de amigos que acopiaría a lo largo de más de cien años de vida fecunda, espera tranquilo y con la escarcela llena de amistad y de amor hacia sus semejantes, este próximo 19 de este octubre, para brindar por sus múltiples amigos y sus excompañeros del Instituto ahora presentes en su recuerdo, por esa su existencia fecunda. Enhorabuena que lo tenemos aún.

EVERARDO RAMÍREZ BOHÓRQUEZ

Fue amigo de Ernesto y su fiel escudero, desde los lejanos tiempos  del ICAEO, en donde era Secretario General, situación que le permitió profundizar y hermanar su pensamiento con aquel extraordinario cervantista que era Carpy, a quien entendió perfectamente en la esencia de actuar como el Héroe inmortal del Manco de Lepanto, cuando pregonaba en páginas imborrables del habla castellana: el que “… despreció el oro, pero no la honra…”. En esa norma doctrinaria conductual se hermanarían Carpy Manzano, Hernández Zanabria y el propio Everardo.

Por decisión propia, el que fuera Cronista oaxaqueño, jamás se fue a vivir a otro lado que no fuera la Nueva Antequera, misma decisión que hace ya casi 483 años animó a los castellanos que vinieron desde la vieja España para fundar nuestra hermosa ciudad, a la que adoptaron como su lugar permanente de residencia y en la que “… se quedaron a vivir para morir en ella…”. A esta señorial e histórica parte del territorio mexicano, cuna de grandes hombres y mujeres, dedicó Everardo con mayor ahínco su vida, desde aquel viernes 22 de enero de 1988, cuando el Cabildo citadino, presidido por Ildefonso Zorrilla Cuevas, lo designó como Cronista de la Ciudad de Oaxaca de Juárez.

Y con la dignidad de un sabio hijodalgo oaxaqueño, Ramírez Bohórquez pidió al Cabildo capitalino en marzo de 2001, que lo relevara de su ilustre cargo honorario –jamás cobró ningún centavo por servir a su Oaxaca natal, ni recibió ningún tipo de apoyo económico para desempeñar su función- como el Segundo Cronista de la capital oaxaqueña, para que se le relevara  de ese encargo por motivos de edad.

Mediante un gesto que reconoció aquella valía, el cuerpo edilicio y el Alcalde Carlos Melgoza, don Everardo fue nombrado Cronista Emérito de Oaxaca capital, cargo con el que falleció en la misma ciudad en que yace desde el 23 de enero de 2006.

Carpy Manzano, Hernández Zanabria y Ramírez Bohórquez son tres Ex Alumnos del Instituto, con cuya vida de trabajo, honestidad, lucha e inteligencia, honraron siempre a su Alma Mater.

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