Everardo R. Bohórquez y Cuevas

(pagina3.mx).- Sus escritos polifónicos son un monumento al sufrimiento ocasionado por las grandes tragedias propiciadas por acciones gubernamentales de marcado perfil machista, que han dejado en el olvido y en el abandono a las víctimas inocentes de tragedias como Chernobyl, la Invasión soviética en Afganistán, así desestimado la participación de las mujeres en la Segunda Guerra Mundial ante la invasión alemana en defensa la patria común rusa.

Esa es la percepción que se tiene de la obra literario-periodística de la bielorrusa Svetlana Alexievich, que cuenta con 67 años de edad y que la Academia Sueca tomó en consideración para otorgarle a esta perseguida político-machista, el Premio Nobel de Literatura 2015, rompiendo todos los pronósticos hechos –aunque si se le llegó a mencionar–, sobre quién recaería este supremo galardón de las letras mundiales.

Fue así que el pasado 8 de octubre, la filóloga Sara Danius, de 53 años,  anunció al mundo la designación de la periodista para el premio, agregando pocos días antes que la Academia Sueca no se manejaba con criterios de selección, como a qué país o continente se otorgan en todas las ocasiones las distinciones en materia de literatura. Hay que destacar que Danius es la primera mujer en la historia que está al frente de la Academia y es, también, la primera en anunciar a una colega de género como la ganadora.

Una virtud más de la periodista premiada es que jamás ha auto protagonizado su trabajo y ha dejado que sean las y los propios afectados por las tragedias, las que hagan oír su voz a través de sus entrevistas, sobre la historia que han vivido, como en el caso de la explosión de la planta atómica de Chernobil, que causó infinidad de muertes y de daños en aquellos momentos, y cuyos efectos negativos seguirán afectando a esa parte del mundo.

Nacida en Ucrania el 31 de mayo de 1948, Svetlana es hija de un bielorruso y soldado en retiro del Ejército Rojo y de una rusa, familia que se estableció en Bielorrusia y ahí estudió periodismo en la Universidad de Minsk, dándose a conocer en 1985, por su reportaje “La Guerra no tiene rostro de mujer”, mismo que rompió los clichés machistas sobre el heroísmo soviético.

Luego de la publicación de su trabajo sobre la Segunda Guerra Mundial y la participación de las mujeres, hechos que el estado soviético siempre ha ignorado ya que la versión oficial  atribuye exclusivamente a hombres el haber luchado contra la invasión alemana, por ello cuando Svetlana dio a conocer las entrevistas a las luchadoras sobrevivientes en 1985, su publicación que se dio junto con una obra de teatro escrita por ella sobre ese tema, solo  gracias a la apertura producida por la Perestroika en la época de Mijail Gorbachov.

Pero el simple relato de la participación de las mujeres al lado de los soldados soviéticos, provocó su despido inmediato del periódico donde trabajaba, al tiempo que fue acusada ante los tribunales como culpable de “…haber mancillado el Honor de la Guerra Patriótica”.

Asimismo, esa apertura del régimen soviético propició la desaparición de la URSS, propiciada con la ayuda de Estados Unidos y el Presidente Ronald Reagan, acción a la que se sumo rabiosamente el entonces cardenal polaco Karol Wojtyla, ya en su papel de Juan Pablo II.

Esa transformación de aquel sistema socialista, provocó el tremendo desconcierto entre los que formaron parte del régimen soviético, causando miles de suicidios, hechos sobre los que escribió Svetlana y que títuló “Embrujados –o Cautivados–por la muerte”, publicado en 1993.

Luego vendría la invasión ruso soviético a la República de Afganistán para combatir a los guerrilleros insurgentes muhaidines que se rebelaron contra el gobierno socialista afgano y que dio pie al suministro descarado de armas y apoyos financieros a esos guerrilleros, mediante la intervención de un grupo de gobiernos encabezados por Estados Unidos en alianza con Pakistán, Arabia Saudí, China, el Reino Unido y, por supuesto, Israel.  Esa guerra invasora y el consecuente enfrentamiento, se realizó de  1978 a 1982.

Por ese conflicto fueron enviados al frente miles de jóvenes reclutas y soldados del Ejército Soviético, muriendo muchos de ellos y Svetlana se ocupó de entrevistar a las madres de los soldados enviados a la muerte. Y sobre ese doloroso tema y los otros de los que ha escrito la periodista galardonada, ha dicho que “…solo trato de escuchar, de captar, de memorizar voces, voces… viven en mí, me persiguen…”. El testimonio de esas madres y deudos de los jóvenes muertos en Afganistán escritos, lleva por título “Los chicos de Latón”.

Ella afirma que “tuve que descender al infierno para conocer al ser humano”. Y Agrega “Sigo los pasos del tiempo soviético. Veo detrás un mar de sangre y una inmensa fosa común”. Añade que en mis libros el hombre pequeño habla de sí mismo, nadie le pregunta nada y desaparece sin dejar huella, llevándose sus secretos.

Su aparición en el mundo del teatro se dio como consecuencia de haber publicado su primera obra, cuya puesta en escena tuvo lugar en el legendario Teatro Taganka de Yuri Liubimov, con lo que se convirtió en todo un suceso y llegó a ser considerada como una de las más claras muestra de la apertura de la Unión Soviética, allá por 1985.

Uno de sus más significativos mentores es el escritor bielorruso Ales Adamovich, reconocido como su maestro por la propia periodista, quien ahora se convierte en la sexta escritora en lengua rusa en recibir el Premio Nobel de Literatura, después de Iván Bunin (1933), Boris Pasternak (1958), Mijail Sholojov (1965), Alexandr  Solzhenistin (1970) y Iosif Brodski (1987).

Su periodísmo marcadamente crítico, la ha llevado a expatriarse y vive actualmente en Alemania, pero ha estado desterrada en Italia, Francia y Suecia, en su condición de refugiada política, ya que está en la mira del régimen de su Bielorrusia natal, en el que gobierna desde 1994, Alexandr Lukashenko, sobre cuyo gobierno ha escrito su libro “Un tiempo de segunda mano”.

Es muy crítica con el gobierno ruso, aunque ha mostrado sus respetos por la ciencia y la literatura, pero “… no al mundo ruso de Stalin y Puttin”.

Es así como su obra es reconocida por la Academia Sueca en 2015, convirtiéndola en la décimo cuarta mujer en obtener el Premio Nobel de Literatura, siendo las trece anteriores Selma Ottilia Lovisa Lagerlof, Grazia Celedda, Singrid Undset, Pearl S. Buck, Gabriela Mistral, Nelly Scahs, Nadine Gordimer, Toni Morrison, Wislawa Szymborska, Efried Jelinek, Doris Lessing, Herta Müller y Alice Munro. 

Cuando Svetlana Alexievich visitó México para participar en el Encuentro de Escritores Cartas del Destierro, dentro del Festival de México en el Centro Histórico en 2003, declaró que “… la realidad me saca a la calle y ya no puedo callar…”. Acusada falsamente de pertenecer a la CIA, sus libros están proscritos en gran parte de las exrepúblicas soviéticas.

Hay pocos de sus siete libros transcritos al español en México, en donde con ciertos problemas se pueden conseguir “Voces de Chernobil” y “La Guerra no tiene rostro femenino”.

Con este galardón se reconoce al periodismo como un género literario que parte de la labor periodística, según lo expresa Sara Danius, Secretaria Permanente de la Academia Sueca desde junio de 2015, al tiempo que celebra se le haya otorgado ese Nobel a Svetlana Alexievich, porque lleva trabajando más de 40 años en un ciclo de obras literarias que ha llamado Las Voces de la Utopía.

Y los críticos son unánimes en señalar como una virtud, que la nueva Premio Nobel de Literatura se aleja de todo protagonismo y se convierte en el conducto para que se expresen las voces de los sin voz.

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