Emmanuel González-Ortega
OAXACA, (#página3.mx).- Recientemente se ha publicado el reporte: ‘Porqué los cultivos GM (genéticamente modificados) fallaron en cumplir sus promesas. 20 años de fracaso.’ El reporte realizado por la organización ecologista internacional Greenpeace evidencia entre otros, los daños al medio ambiente y engaños comerciales escondidos en los productos de la tecno-ciencia transgénica; también desmonta mitos –generados a golpe de millones de dólares en mercadotecnia por las mismas corporaciones semilleras- sobre los cultivos transgénicos, que han desarrollado y mantenido hasta la actualidad una parte importante del sistema industrial de producción agroalimentario que se ha impuesto en muchos países.
Casi el 85% de los cultivos transgénicos se siembran sólo en cuatro países de América (Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá), que representa únicamente el 3% de la superficie de uso agrícola a nivel mundial, y aunque se han prometido cultivos con propiedades ‘maravillosas’, casi el 100 de los cultivos transgénicos actualmente disponibles contienen sólo dos rasgos: la resistencia a insectos, la tolerancia a herbicidas, o la combinación de ambos.

Expliquemos brevemente algunas de las mentiras vendidas por las transnacionales y que el reporte de Greenpeace desvela.

Mito 1: Los transgénicos pueden alimentar al mundo.

Realidad: Los cultivos transgénicos (entre otros, soya maíz, canola, tomate) nunca fueron diseñados para eliminar el hambre en el mundo. Un creciente número de publicaciones científicas arbitradas están demostrando que los rendimientos de los cultivos transgénicos no son significativamente diferentes a los alcanzados con los cultivos convencionales. De hecho, el reporte más reciente fue publicado por una agencia del gobierno español (uno de los pocos países europeos que aún no prohíbe la siembra de transgénicos en su territorio). En dicho reporte se evidencia que las variedades de maíz transgénico analizado no producen mayores rendimientos en la cosecha en comparación con variedades no transgénicas. Explican que los ataques de insectos que dañan la cosecha y merma los rendimientos pueden ser manejados a través de varias estrategias alternativas a la utilización de cultivos transgénicos y van más allá, cuestionan el seguir utilizando la tecnología transgénica por los altos costos y nulo aumento de la producción.
Después de 20 años de tecnología transgénica, el hambre en el mundo no ha disminuido significativamente, además de que la hambruna no está relacionada con la cantidad de alimentos que se producen en el mundo, pero con la distribución de estos.

Mito 2: Los cultivos transgénicos son económicamente viables para los agricultores.

Realidad: Desde los principios de la biotecnología agrícola el precio de las semillas transgénicas ha sido mayor que el precio de las semillas convencionales. El paquete tecnológico que acompaña a las semillas transgénicos (herbicidas, fertilizantes) más la ‘cuota tecnológica’, han encarecido el precio de las semillas transgénicas hasta en 200%, como en el caso de la soya transgénica. Un caso claro y dramático que demuestra la falacia de la economía transgénica la explicamos aquí hace un tiempo: el caso de los suicidios de campesinos algodoneros en regiones de la India, directamente relacionados con el precio de las semillas transgénicas pero en trágica combinación con las condiciones ambientales y agroecológicas que se han impuesto en la India con la llegada del algodón transgénico (http://pagina3.mx/2015/07/la-muerte-y-el-neocolonialismo-se-visten-de-algodon-en-la-india/ ).

En México, la domesticación del maíz, y la generación continua de la gran cantidad de variedades de maíz ha sido realizada por las ancestrales prácticas indígenas y campesinas, una de estas, el intercambio (gratuito) de semillas entre campesinos ha sido uno de los ejes generadores de tal diversidad. La incursión masiva de maíz transgénico (con la inevitable presencia del capital) evidentemente frenaría o eliminaría la evolución y adaptación de este cultivo, contaminaría con transgenes las variedades nativas de maíz, impondría amenazas legales a campesinos y productores por los derechos de propiedad de las semillas transgénicas (propiedad de las empresas), y nos despojaría de este bien común de las y los mexicanos. Adicionalmente, ante las condiciones del campo y de la economía en México, resulta evidente que las actividades agrícolas usando semillas transgénicas serían inviables si el acceso a granos dependiera totalmente del mercado transgénico. Incluso en regiones de producción agrícola altamente tecnificada (por ejemplo Sinaloa) los productores que se están informando, descartan cada vez más que vayan a usar semillas transgénicas de maíz por su elevado precio, el alto precio de los insumos (por ejemplo, fertilizantes), porque no aumentan los rendimientos, y en el contexto de los bajos precios del maíz no asegurarían el retorno de la inversión realizada (http://www.jornada.unam.mx/2015/11/21/cam-maiz.html )

Mito 3: Los cultivos transgénicos simplifican el combate a plagas animales o vegetales.

Realidad: Los cultivos transgénicos y los paquetes tecnológicos que los acompañan han provocado un mayor uso de herbicidas e insecticidas, han aparecido plagas resistentes a los cultivos transgénicos que producen insecticidas y han emergido malezas resistentes a los herbicidas. La biotecnología transgénica actual sólo ha introducido masivamente al mercado dos tipos de cultivos transgénicos: los tolerantes a herbicidas (principalmente a glifosato) y los resistentes a insectos (producen una proteína insecticida).
Las compañías semilleras transnacionales obtienen grandes ganancias monetarias a partir de la venta de los herbicidas y agroquímicos que requieren los cultivos transgénicos, desde hace años y principalmente en Estados Unidos y Argentina se han utilizado cantidades enormes de herbicidas que tienen efectos colaterales a nivel ecológico, y de salud animal y humana. La presencia de malezas resistentes a dichos herbicidas se ha visto reflejada en los rendimientos obtenidos pero también en la oportunidad para las compañías de diseñar e imponer nuevos herbicidas con mayor poder tóxico. Por otro lado, los insectos plaga resistentes a las proteínas producidas por los cultivos transgénicos han tenido efecto en los rendimientos de los cultivos.

Mito 4: Es posible mantener los cultivos transgénicos apartados de la cadena alimentaria humana.
Realidad: Aunque actualmente los cultivos transgénicos se siembran en pocos países, estos exportan parte de dichos commodities a diversas partes del mundo. El de México y Estados Unidos es un caso bastante claro: de acuerdo a la información del Departamento de Agricultura norteamericano, Estados Unidos es el mayor productor mundial de maíz, sin embargo, más del 90 por ciento del maíz que se cultiva es transgénico, y este país exporta aproximadamente el 15% de los excedentes de la producción pero no se separa el maíz convencional del transgénico. Desde hace años, México importa aproximadamente una tercera parte del maíz que se requiere y lo hace principalmente de los Estados Unidos. Una gran parte de nuestra cultura culinaria está basada en el maíz y este se consume masivamente y frecuentemente poco procesado. ¿Hay maíz transgénico importado en los alimentos? Hasta el momento no hay ningún estudio científico o reporte gubernamental (por parte de las instituciones de sanidad o de protección contra riesgos sanitarios) que descarte la presencia de maíz transgénico en los alimentos hechos con maíz y que consumimos cotidianamente.

En torno a la siembra de maíz transgénico en México, esta misma semana también han quedado evidenciadas las verdaderas intenciones de las semilleras. En una nota del diario ‘La Jornada’ se dio a conocer que en el contexto del juicio que mantiene suspendido el otorgamiento de permisos para la siembra de maíz transgénico en el territorio, Monsanto admitió que efectivamente las variedades de maíz nativo mexicano se contaminarían si se llega a sembrar maíz transgénico en México. Aunque ya hay evidencia científica crítica e independiente sobre la presencia de maíz transgénico en zonas no permitidas del campo mexicano, la confesión de Monsanto es uno de los argumentos principales que presenta la colectividad de activistas, científicos, ciudadanos y campesinos en el juicio contra las compañías semilleras y la siembra de maíz transgénico. Además, confiesan que su interés es explotar comercialmente su tecnología y no hay ninguna motivación ‘científica’ en la siembra de maíz transgénico en México (nota completa: http://www.jornada.unam.mx/2015/12/21/sociedad/036n1soc ).

A confesión de parte, relevo de pruebas ¿A qué espera el juez que lleva el juicio que prohibiría la siembra de maíz transgénico, asegurando el derecho de la población mexicana actual y futura a un medio ambiente sano, a la autodeterminación de los pueblos y a caminar hacia la soberanía alimentaria?

El informe de Greenpeace: http://www.greenpeace.org/international/Global/international/publications/agriculture/2015/Twenty%20Years%20of%20Failure.pdf