Por Everardo R. Bohórquez y Cuevas

(pagina3.mx).- Mal empieza la semana al que ahorcan el lunes, o mejor dicho, mal empiezan el año para todos los mexicanos a los que casi nos desaparecen nuestro minimizado peso, pues ya desde fines de la semana pasada y principios de la presente, todos hemos encontrado que en los tianguis, dónde supuestamente verduras y frutas estarían más baratas,  los precios de esos alimentos se fueron a las nubes.

La humilde calabacita –no aquella la de Cenicienta que se convirtió en suntuosos carruaje, pero tal parece—se cotiza nada menos que a 25 devaluados pesos por kilo, es decir algo así como un dólar con 25 centavos estadounidenses por esta curcubitácea, así que si a usted le dan calabazas, cuando menos un kilote, ya la hizo económicamente aunque salga adolorido del corazón.

Ese derrumbe del peso les tiene sin cuidado a la autoridad presidencial y a las hacendarias, pues ellos están felices porque estoy seguro al igual que todos los mexicanos, que no conocen ni se manejan en tristes y devaluados pesos, sino que tienen sus ahorros y cuentas en el extranjero, ya sea en dólares (más de 18 pesos por cada billete verde) o en euros (alrededor de los 20 pesos por cada divisa europea). Total que a ellos les importa muy poco.

Y el peso mexicano frente al dólar, ha caído también a los más bajos niveles de su historia reciente, por lo que los especuladores fuertes le han tomado la medida al Banco de México, ya que cuando esta institución rectora del mercado cambiario pone diariamente a la venta unos 400 millones de dólares, nadie se los compra y así nuestro diminuto peso, se hunde cada vez más. Y no  podemos esperar que nuestro peso en agonía desaparezca definitivamente, ya que ni siquiera podríamos parodiar al que dijo: “el mérito es el naúfrago del alma, vivo se hunde, pero muerto…” y así nuestro peso es peso muerto y ya ni flota.

Aún recuerdo aquella noche del 31 de agosto de 1976, cuando ese día, uno antes del informe presidencial de Echeverría, el dólar se cotizaba a más de 16 pesos por cada billete verde, porque ese señor presidente le había dado por pelearse con los israelitas y sus capitales judíos que dominaban –aún lo hacen—Wall Street, pues son los que ponen los precios de cambio de todas y cada una de las monedas delos más de 160 países en los que se divide el mundo.

Y  de aquella época pal´ real, porque luego vendría el administrador de la abundancia JLP, quien se engolosinó con la riqueza petrolera mexicana y terminó llorando en su último informe presidencial por todo lo que no había podido hacer por los pobres de México –aunque sí hizo y mucho por enriquecer a sus cercanos familiares—por lo que no creo que hubiera lágrimas sinceras por ese infortunio. “Defenderé el peso como perro”, López Portillo dixit.

Más tarde vendría la firma del TLC por el Hombre de Agua Leguas, Nuevo León, quien se dio a la tarea de privatizar  todas las empresas paraestatales, empezando por la CONASUPO, organismo regulador del mercado interno, misma que desapareció como una condición para que Estados Unidos, Canadá y México, firmarán el nefasto Tratado de Libre Comercio que acabó con la riqueza del campo y de los pequeños y medianos empresarios mexicanos, abriendo la puerta a las trasnacionales que se apoderaron de todo lo que pudieron, empezando por las materias primas.

Salinas de Gortari condicionó la economía para que su sucesor, otro nefasto traidor de los muchos que ha tenido México, el tal Zedillo Ponce de León, regaló los ferrocarriles al capital estadounidense, recibiendo al final como premio, el ser contratado como “como mozo de estribo ferrocarrilero” eso si muy galoneado, de los grandes trusts ferroviarios de allende El Bravo.

Ahora con el señor Peña Nieto, el peso no sólo va en picada sino que se halla en caída libre, a pesar de los discursos pronunciados tanto por él como por su titular de Hacienda, el inepto señor Videgaray, cuyos resultados solo se han cristalizado en una “Casa Blanca” para el jefe de la Nación y en la propiedad del hacendario, en una de las zonas metropolitanas más exclusivas, presuntamente como resultado de los trastupijes que realizan con sus socios de los más que oscuros y sucios negocios en que comparten ganancias estratosféricas a costa de todos los mexicanos. Bueno, casi de todos, excepto…

Por ello, la filmación de la recaptura de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, en estos últimos días, mostrándonos con total desprecio a la inteligencia ciudadana, detalles que rayan en la desvergüenza y enlodan a las instituciones antes muy respetadas como el Ejército y la Marina nacionales, cuyos titulares confunden la disciplina ante el Jefe  Supremo de las Fuerzas Armadas con el ostracismo y el desprestigio, producto de un ciego sometimiento al capricho de quien no ha sabido gobernar a México, durante más de tres años desde que tomó posesión.

Y ahora nos quieren endilgar la patraña de una supuesta relación íntima entre el recapturado delincuente –si es en realidad quién dicen que es—y una artistilla de televisión, por cierto de Televisa, quien supuestamente sirvió de conducto para enchufar al capo con uno de los más discutidos ¿ídolos? hollywudenses, Sean Penn, quien bien a bien no se sabe qué papel jugó en una hipotética filmación de una película épica de la vida del epónimo delincuente.

Los diálogos entre la bella y el bandolero, son realmente un libreto de un churro del cine mexicano y no alcanzarían ni siquiera la categoría de aquellos celebres y clásicos del director cubano Juan Orol, cuyos bodrios alcanzaron el privilegio de ser cine de culto en París, aunque esa circunstancia era aborrecida por el cineasta.

El trato que se dan entre Guzmán Loera y la señora Del Castillo, son tan fuera de época, que me retrotraen a los relatos que hacía el gran periodista sobre los amores extramaritales de un personaje semificticio y semirreal, que relata las conversaciones entre el presidente en turno en la novela y su amasia, cuando esta nunca le pierde el respeto y siempre el llama: “mi señor”. Hay o no similitud entre las filtradas conversaciones entre la dama y el vagabundo, perdón entre la artista y el entonces y por dos veces prófugo de penales de ¿alta seguridad? federales.

¿Distractor o no de la debacle financiera actual? ¿Y dónde queda la baja del precio del petróleo mexicano?

Y luego la visita del Papa Francisco –de quién pensé que nunca vendría a nuestro país, si es que al fin llegara a darse—será también aprovechada por la maquinaria propagandística del régimen actual, para tratar de paliar el impacto brutal entre los mexicanos más pobres y los no tanto, aunque en realidad todos resultamos siéndolo, por los pé…simos manejos de nuestra economía.

Espero que al pontífice Bergoglio no se salga del protocolo y le dé por “sanjuanear” a los autores –¿se podría calificárseles de intelectuales?—de la crisis que estamos sufriendo  junto con la llamada cuesta de enero, ya que ambas nos traerán muchísimos sinsabores y penalidades.

Y ojalá cuando las amas de casa no vayan a comprar el mandado a los mercados, a los tianguis o los supermercados, no le pase lo mismo que hace mucho, cuando aquella devaluación de 8 pesos a 12.50, en la época de Ruíz Cortines, mi tía abuela materna le preguntó a la marchanta de las tortillas el porqué del súbito aumento del precio de “las blanditas” y de “las tlayudas”, aquella tortillera le contestó en su media “castilla”: “¡Ay seño, qué no sabe que subió la dólar”!.

¿Y dónde andará quedando la tragedia de Ayotzinapa, solo por mencionar ésta importantísima ocurrida en el presente régimen? ¿Y las demás?

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