El papa Francisco.

Por Everardo R. Bohórquez y Cuevas

(#página3.mx).- Luego de la sorpresiva renuncia de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, al trono de San Pedro el 11 de febrero de 2013, obligado por la mafia eclesial encabezada por el Secretario de Estado Vaticano, Giussepe Bertoni, que lo acorraló hasta nulificar su incipiente pontificado, el mundo católico se sorprendió con la designación del argentino Jorge Mario Bergoglio, quien adoptó el nombre de Francisco, convirtiéndose así en el primer Papa latinoamericano, el primero jesuita de origen y también el primero no europeo en muchos siglos de la existencia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana

El 13 de marzo de 2013, luego de un rápido cónclave luego de la súbita renuncia de Ratzinger al solio pontificio, Bergoglio fue electo como nuevo Papa, creándose una situación insólita al haber dos papas vivos, lo que no se ocurría desde hacía muchos siglos, aunque luego se sabría que el argentino estuvo a punto de resultar nuevo pontífice en el cónclave que eligió al sucesor de Karol Wojtyla (o Wojtiwa), Juan Pablo II.

Pero quién era ese ya no tan desconocido obispo de Buenos Aires en los últimos 15 años y que ya casi estaba en situación de retiro, pues poco tiempo antes había presentado su renuncia tras de haber cumplido 75 años de edad,  pensando retirarse al hogar de sacerdotes ancianos en Flores, un barrio porteño de la capital de Argentina, tras de haber pasado por las más duras etapas de la historia moderna de su nación que había sido gobernada por una criminal dictadura militar y por Carlos Menen, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhálde, Néstor Kirschner y Cristina Fernández de Kirchner.

Su padre Mario José, que había llegado como contador  originario de la provincia de Asti, Piamonte, Italia, cuya familia primero se estableció en Brasil y de ahí a Buenos Aíres,  y su madre Regina María Sivori , bonaerense e hija de padre argentino y madre italiana, se estabecieron el Barrio de Flores, al oeste de la capital federal, donde su abuela Rosa guío por el camino de la oración a Jorge Mario, quien la señala como “la persona de su vida” y quien le “marcó mucho en la fe”.

PROVINCIAL JESUITA DE ARGENTINA

Fue un estudiante de mediano aprovechamiento, aficionado al fútbol ya que desde siempre su equipo ha sido el San Lorenzo de Almagro y hasta tuvo dos “novias”, una, Amalia, una vecinita de 12 años –ambos eran de la misma edad–  y otra que más tarde conocería, pero luego ingresó al seminario metropolitano del clero diocesano a los 21 años de edad; posteriormente, a los 22 años ingreso al noviciado de la Compañía de Jesús en la provincia de Córdoba, de la  orden religiosa fundada en Roma en 1539, por Íñigo López de Ricarte, mejor conocido por Ignacio de Loyola.

Continuó su preparación en la Compañía como maestrillo –otra prueba jesuítica—dando clases de Arte, Literatura Española, Academias de Literatura, Oratoria y Psicología; luego de haber entrado en contacto con Jorge Luis Borges, se dio el gusto de presentarlo en el Colegio Inmaculada, tratando temas gauchescos.

Para entonces ya se sentían los efectos del Concilio convocado por el Papa Juan XXIII, Angelo Guissepe Roncalli, que traería nuevos vientos a una iglesia anquilosada y que vivía prácticamente en el oscurantismo, dando apertura a que la misa fuera dicha de frente al pueblo y en el idioma de cada nación, en fin, de una gran logro que se frustró cuando los nuevos papas se empeñaron en copar y eliminar esos avances, como Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

El Vaticano II traería una nueva forma de vida para la Compañía entonces al mando de Pedro Arrupe, sin duda uno de los más grandes generales de la congregación, durante 18 años, hasta que cayó en la garras de los personeros de Paulo VI, quien se encargó de nulificar los avances no sólo eclesiásticos, sino que luchó por desaparecer a la Societates Jesus, tal y como lo hiciera su antecesor Clemente XIV en 1773, por presiones de los reyes de España, Francia y Portugal. En 1814, luego de la caída de Napoleón, Pío VII restableció la Compañía.

Pero retomemos la carrera de Bergoglio, quien se ordenó de sacerdote jesuita el 13 de diciembre de 1969, cuatro días antes de cumplir 33 años con la asistencia de su madre, de su abuela y de una de sus maestras, así como de sus hermanos Óscar, Marta, Alberto y María Elena, para entonces su padre ya había fallecido. Ahí refrendó sus votos de pobreza, castidad y obediencia, aparte del cuarto voto, el de obediencial Papa.

En 1972 regresó del Colegio Máximo de Alcalá de Henares al Colegio Máximo de San Miguel y en forma por demás rápida, lo designaron Maestro de novicios y se integró al trabajo del entonces provincial O’farrell, quien dejaría en el cargo a Joaquín Ruíz Escribano, pero esto no llegó a suceder, pues éste último falleció en un accidente automovilístico, por lo que Bergoglio se convirtió el 31 de julio de 1973, en titular de la Provincia de Argentina, quedando bajo su autoridad el Colegio Máximo, el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), la Universidad del Salvador, colegios, casas de retiro y de ejercicios y retiros espirituales.

Como consecuencia de la transformación social propiciada por el Concilio, durante la visita de Arrupe, él y Bergoglio tuvieron que ser sacados del aeropuerto para evitar que fueran atacados con piedras en la Provincia de La Rioja, donde el obispo Enrique Angeli propiciaba el trabajo de sus sacerdotes en las comunidades de base que ayudaban a los campesinos a proteger sus tierras ante el embate de los poderosos terratenientes y ganaderos argentinos.

Esa opción por los pobres como política establecida por Arrupe, encasilló a Bergoglio, quien buscó una posición menos radical convirtiéndola en una búsqueda pastoral asistencialista, pues tuvo que paliar los efectos de la Teología de la Liberación y el movimiento de curas tercemundistas. Así el provincial argentino buscaba encontrar la solución a su desconfianza al CIAS, donde se hacia patente el dinamismo intelectual y político de los jesuitas, se recibía a dirigentes y sindicalistas y se organizaban exposiciones, siempre con la intención de influir en los diferentes niveles de la sociedad y la toma de decisiones.

YORIO Y JALICS SECUESTRADOS. CAPÍTULO NEFASTO PARA BERGOGLIO

Los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics fueron secuestrados en la época de la dictadura por la Armada argentina debido a su trabajo pastoral, pero aún se continúa diciendo que el entonces provincial Bergoglio no metió las manos por sus dependientes. A Yorio le había ofrecido que hiciera los últimos votos para incorporarse a la Compañía, pero el sacerdote consideraba que eso se debía a su éxito apostólico y cuando ya quiso realizarlos, se le pidió que esperara hasta mediados de 1975.

Jalics también por su labor pastoral hacia los pobres de alguna manera no gustaba a Bergoglio y cuando la Compañía oficializó la salida de ambos , el arzobispo Aramburu les quitó su licencia para celebrar misa y entonces quedaron en un laberinto de indefinición, así los sorprendi el 24 de marzo de 1973, cuando las Fuerzas Armadas dieron un golpe de estado, detuvieron a centenares de obreros, sindicalistas y políticos.

Entre los afectados estuvieron Yoris y Jalics quienes fueron sacados de su casa y llevados a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde fueron sucesivamente torturados, pero de alguna manera salvaron su vida, no así otros cuatro mil 500 o cinco detenidos-desaparecidos perdieron la vida. Bergoglio no presentó denuncia por el secuestro, sino juntó varios casos y luego de informar a la Nunciatura de la Santa Sede en Buenos Aíres, al arzobispado y al general de la compañía: “por disciplina preferimos hacerlas todas juntas vía  jerarquía eclesiástica”. Los detractores del ahora Papa, nunca han aclarado la libertad y la expulsión hacia Europa de Yorio y Jalics, por lo que cualquiera dice lo que le conviene.

Bergoglio mantenía contactos con un grupo de jóvenes dirigentes del peronismo de Guardia de Hierro –una especie de falange—relacionados con la Universidad del Salvador –algunos de ellos y sacerdotes  que practicaban la opción por los pobres, se integrarían más tarde  a Los Montoneros— ubicados en la misma institución de la que se desharía el provincial, aunque de alguna manera mantuvo su presencia en la USAL. El colmo fue cuando se le otorgó un “doctorado honoris causa”, al almirante Emilio Eduardo Massera, uno de los artífices del golpe militar.

Entre otros aspectos está el rescate de la biblioteca marxista en poder de la bioquímica Esther Ballestrino de Carega, quien fue jefa de Bergoglio quien como químico cuando obtuvo su primer trabajo antes de entrar al sacerdocio, además de que ella militante del PC, le indujo al actual pontífice, a la lectura de tesis marxistas. Durante la dictadura militar 1976-1983, Esther junto con las monjas francesas Alice Dumon y Lèonie Duquet, fueron secuestradas y arrojadas al mar durante uno de los llamados “vuelos de la muerte” e identificados sus cadáveres hasta 2005. A un llamado de Esther, Bergoglio acudió a casa de su exmentora y rescató escondiéndola, aquella biblioteca marxista.

El 8 de diciembre de 1979, a la edad de 42 años, terminó como provincial y a partir de ahí muchos jesuitas no le perdonaron los actos de su gestión que en la praxis terminó con las comunidades de base y se inclinó más hacia una línea pastoral que acompañara la fe del pueblo en su devoción y espiritualidad, aparte de que en materia de ordenaciones sacerdotales y planes de estudio, volvió a formas preconciliares.

Así llega 1980 en que el Papa Wojtyla  interviene a la Compañía acusando a Arrupe de haber convertido a sus miembros en “agitadores sociales”, al tiempo que quería destituirlo o incluso suprimir la orden.

Para 1986, luego de haber obtenido un doctorado en Teología, fue designado como procurador general por la Provincia, aunque su función se redujo a ser un llamado un simple “sacerdote de portería” y entonces el superior del Colegio Máximo, Ernesto López Rosas, le pidió a Bergoglio que desalojara el cuarto en la institución, al tiempo que lo dejó cesante como catedrático de clases de pastoral en la Facultad de Teología.

Zorzín, el nuevo provincial terminó por apartarlo en forma completa y definitiva enviándolo a hacer pastoral a la manzana jesuítica de Córdoba, lo que se consideró como un castigo o apartarlo de las casas y de las obras que Bergoglio frecuentaba y había hecho, respectivamente.

Sin embargo y en un viaje que el general de la Compañía, el alemán Kovenbach efectuó por la Argentina, el arzobispo de Buenos Aíres, Antonio Quarrancino y el Nuncio Ubaldo Calabresi, le mencionaron de una alta consideración sobre los servicios apostólicos de Bergoglio. Quarrancino está considerado como un retrogrado ya que fue uno de los primeros en acompañar la frustrada ley de autoamnistía que habían implementado los militares para no ser juzgados por sus crímenes.

Bergoglio se desprende del seno de la Compañía y se integra al arzobispado de Buenos Aíres, en donde el 27 de junio de 1992 fue consagrado obispo auxiliar, adoptando como lema episcopal Miserando Atque Eligiendo, “Lo vio con misericordia y lo eligió”. Para 1977, el arzobispo Quarrancino que padecía una enfermedad terminal y en silla de ruedas, le pediría a Wojtyla que designase a Jorge Mario Bergoglio como obispo coadjutor con derecho a sucesión irrevocable, en la diócesis de Buenos Aíres.

Luego vendría el cardenalato y prácticamente ya en situación de retiro por la edad del arzobispo metropolitano bonaerense, en febrero de 2013, Jorge Mario Bergoglio fue de los primeros en concurrir a Roma, a las reuniones previas al cónclave para elegir al Papa 266 de la historia y fiel a su costumbre se hospedó en Santa Marta, una hospedería para cardenales y obispos en tránsito, como lo hacía siempre y en dónde, aún siendo ya Papa Francisco, continúa residiendo.

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