Por Everardo R. Bohórquez y Cuevas

(pagina3.mx).-Grandes ciudades, muchas de ellas capitales de varias naciones, están sufriendo ya desde hace mucho, el flagelo de su propia autodestrucción, pues la inmensa e imparable cantidad de industrias y vehículos, está conduciendo a la lenta pero segura muerte de los seres humanos que ahí habitan y que se  cuentan por millones, mismos que tarde o temprano perecerán, tras sufrir muchas enfermedades que acabarán con sus existencias.

Las medidas mexicanas adoptadas son insuficientes para terminar con la contaminación ambiental que ha paralizado la actividad de esos grandes núcleos humanos, como es el caso de la otrora Región más Transparente del Aíre, ya hoy conocida por las siglas CDMX, que aún a pesar de las nuevas reformas constitucionales, seguirá siendo el centro de la política y del desarrollo económico de los mexicanos.

En días recientes, se tuvieron que tomar, “a bote pronto”, medidas que buscaron inútilmente parar la contaminación del medio ambiente, no solo de la propia Ciudad de México, sino también de varios de los municipios conurbados que forman parte del Estado de México, entidad que rodea casi en un  90 por ciento al área física metropolitana, ya que el otro 10 por ciento es territorio del estado de Morelos.

Como fórmula mágica para la solución del problema, es que a partir del venidero martes 5 de abril, dejen de circular diariamente muchos miles de vehículos con terminaciones de placa como los lunes 5 y 6; los martes 7 y 8; los miércoles 4 y 5; los jueves 1 y 82, y los viernes 9 y 0, así como los vehículos que ostentan permisos para circular.

Esas restricciones incluyen a los automóviles nuevos y semi nuevos que ya habían obtenido una de las calcomanías llamadas Doble “00” y “0”, no importándole a la autoridad que ya les haya cobrado a y bastante, a los propietarios de los vehículos, una cierta cantidad por derechos de uso vehicular, pero ese cobro se lo van a pasar por el arco del triunfo –y discúlpeseme esta vulgar expresión—pero esa es la realidad.

Los que de ninguna manera se salvan, son los autos procedentes de las diferentes entidades de la república, que al tiempo se han convertido en jugoso negocio de los “cumplidos agentes de tránsito” citadinos. Una mina que con estas medidas aumentará sus vetas de explotación ilegal y criminal.

A fines del año pasado, la autoridad de la Ciudad de México, encabezada por el ínclito doctor en Derecho, Miguel Ángel Mancera, en una medida futurista y populachera rumbo a la contienda presidencial del 2018, autorizó que una gran cantidad incontable de autos viejos, carcachas y otros que ya están para la basura o para el deshuesadero, todos ellos super contaminantes, se les otorgará la calcamonía del “0”, absurda medida que de la noche a la mañana hizo que el de por si caótico tráfico, aumentara la circulación hasta el infinito.

¿De quién o quiénes habrá sido tan jugoso negocio, ya que autos en buen estado no pasaban la prueba anticontaminante, mucho menos varios cientos de miles de carcachas?.

Así, de la noche a la mañana empezaron a circular en la CDMX, millones de cacharros inservibles y que aumentaron desmesuradamente el parque vehicular en circulación, mientras que el señor Mancera se hacía publicar en los medios –inserciones pagadas con fondos públicos, claro está— portando arreos de boxeador y calzando unos guantes que seguramente le quedaban grandes, igual le pasa con el gobierno de la urbe capìtalina.

Ahora y con lujo de publicidad, se busca paliar la contaminación, parando todos los días cierta cantidad de autos de acuerdo a la terminación de placa, pero además esa medida se hace extensiva ya que los sábados dejarán también de circular los vehículos de acuerdo a los mismos parámetros restricitivos.

Hasta el Presidente Enrique Peña Nieto y el gabinete federal ha tenido que “subirse al ring” y entrarle al toro de la contaminación vehicular, pero sólo ha servido para reuniones que han producido pingües ganancias a los medios de comunicación ya sea escritos, radiofónicos o televisivos, ya que está demostrado que la contaminación no se acabará con decretos ni ostentosas reuniones oficiales.

En fin, que el asunto de la muerte contaminante que acecha a millones de mexicanos, no solo se circunscribe a la CDM y área conurbada, sino que otras grandes ciudades del país como Guadalajara, Monterrey y Puebla, están comprendidos en la misma estela de destrucción y muerte.

“MAL DE MUCHOS, CONSUELO DE …”

El fenómeno por desgracia no es mexicano –y conste que ya somos en otros muchos aspectos bastante desgraciados—sino grandes potencias como China, Estados Unidos y urbes europeas como Lóndres, París, Atenas y varias más, son asolados por el mismo mal de la contaminación, producto de la desmedida explosión de la industria automotriz e industrial, principalmente. Lo mismo sucede en Asia y Australia, solo por no dejar de mencionar esos casos.

Beijing –la antigua Pekín—es una de las ciudades más afectadas por el desmedido parque vehicular, ya que sus habitantes, padecen males respiratorios, como es el caso de los propios chinos y de los extranjeros que ahí trabajan o estudian, como es el caso de una joven estudiante mexicana que acaba de obtener una beca para aprender mandarín, quién les platica a sus familiares que aun con lo desbarajustes que pasan en México, respeto a lo que ocurre en Beijing, nos llevan con mucho la delantera.

Recordemos que hace pocos años Londres y París, sufrieron los efectos de la desmedida circulación vehicular, pero un caso que nos debe mover a reflexión es que Atenas, capital de Grecia, cayó en el colapso cuando se paralizó no solo por el exceso de autos circulantes, sino que a ello se unieron incendios que devastaron gran parte del área ateniense.

Asimismo, por lo años setenta, la ciudad de Los Ángeles, en la California estadounidense, la contaminación ocasionó múltiples muertes por el exceso de gases de combustión, tanto así que también aquella ciudad debió de paralizarse, aunque eso sí, ello sirvió para que se adoptarán medidas drásticas que se han ido adecuando a los tiempos, lo que por desgracia no sucede en nuestro país.

En fin, amigo lector –si es que alguno hubiere—cuando oigamos hablar de que los IMECAS están incontrolables, no se preocupe que haya estallado una revuelta de alguna etnia de las muchas que pueblan nuestro territorio, sino es que los índices de contaminación se dispararon y con ello, enfermedades y quizá hasta la muerte envuelta en el humo de los escapes de los millones de autos que hoy circulan en nuestro país, sin que haya ninguna autoridad que pueda con el problema.

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