ANTONIO MUNDACA / elmuromx.org

TUXTEPEC, Oax., (página3.mx).- Pablo Estrada Tenorio es el asesor consumado -no reconocido- del gobierno de Fernando Bautista Dávila. Representa el pago de facturas de alto costo para construir un nuevo gobierno que llegó al poder sin él.

Pasó de ser el constructor del programa de 100 días de gobierno al operador político del Davilismo, el responsable invisible para la ciudadanía y reconocido a la fuerza por regidores y directores por la cercanía con el munícipe, por ser el organizador de un proyecto que da tumbos con una crisis tras otra en los primeros meses de la administración.

Es el asesor que controla el canto de las sirenas que oye un presidente municipal que a pesar de haber llegado con popularidad, parece que hoy navega solo y perdido, controlado por sombras que el munícipe se niega o no quiere ver, y tal vez no verá hasta que no haya nada qué salvar.

Pablo Estrada, el asesor.

Pablo Estrada Tenorio representa el intento de la innovación no consumada, porque es la innovación impuesta con base en el control y fuerza sin la persuasión del diálogo, representa la inteligencia mecánica en un pueblo romántico que ha sabido sobrevivir sin él y sus visiones de una modernidad imposible a dos gobiernos inmensamente corruptos como los de José Manuel Barrera Mojica y Antonio Sacre Rangel.

Es el asesor que mueve los hilos y le habla al presidente al oído, oculto de la Ley Orgánica Municipal, porque su cargo no rinde cuentas, no existe, no es.

Fue acercado al proyecto del actual munícipe por el Secretario Municipal Ramón Herrera, que desde hace varias semanas ha tomado una aparente distancia de la burbuja al interior de la oficina de Presidencia que encabeza Estrada Tenorio y el asesor que se ha ganado enemigos al interior que empiezan a filtrar el manejo de un gobierno que minimiza las crisis y que esperan verlo caer ahora, o cuando cobre el finiquito por la asesoría para la que fue contratado.

La burbuja de Presidencia que ahora los medios de comunicación tuxtepecanos señalan como responsable de un presunto espionaje, ataques cibernéticos, acoso laboral, control de prensa, tiene mucho de revancha profesional contra Pablo Estrada, es cierto, pero también refleja la incapacidad de acuerdos de quien parece entiende de origen que el poder de la prensa se ejerce desde videos con drones, declaracionitis, oficialismo, sobrepolitización, populismo innecesario y señalando la ignorancia del mundo exterior, y llegó a Tuxtepec proponiendo un principio de orden a la veracruzana, un principio de orden desde el gobierno que en Veracruz gestó un silencio sepulcral durante los sexenios de Fidel Herrera y Javier Duarte de Ochoa, los representantes simbólicos de la corrupción y el enriquecimiento ilícito en nuestro país.

Una burbuja que ahora se ramifica a la Dirección de Comunicación Social con Ibrahim Sánchez, que llega al cargo sin entender que un convenio de publicidad no es un convenio de impunidad o que la prensa y sus dinámicas en cualquier aldea o ciudad no funcionan como en los libros de Jürgen Klaric.

Una burbuja extendida liderada por Pablo Estrada Tenorio que controla las agendas, las visitas, las reuniones, las cercanías, los discursos, la imagen, las indulgencias. Se trata de control, engranaje y control de un presidente municipal que prometió las puertas abiertas y a dos meses de gobierno se acerca a la ciudadanía por redes sociales.

Pablo Estrada representa la innovación que se recibe como agravio al sentido de pertenencia que no se le entrega a los extraños en círculos políticos, porque Pablo Estrada aprendió en su formación que se trata de imponer. Representa el agravio al sentido de pertenencia a gremios que se niegan a que se les impongan otra visión, sobre todo si esta tiene como bandera un nuevo modelo de subordinación en una tierra donde el periodismo históricamente ha sido financiado como si se tratara de una dictadura, y no hay más dictaduras que inventar.

Para entender la naturaleza de Pablo Estrada Tenorio hay que remontarse al origen. Pablo Estrada Tenorio comenzó su andanza en televisoras comerciales, reportero, conductor, asistente de productor, productor y por muchos años funcionario público en un medio de comunicación de carácter oficial, cuyo trabajo final es el maquillaje político del sistema que paga: Radio Televisión de Veracruz.

Pablo Estrada fue director de televisión en un sistema de noticias que no hace periodismo, hace propaganda. Es un empresario de medios de comunicación que no hace periodismo sino comunicación política. Pablo Estrada Tenorio antes que un reportero de a pie, ha sido un funcionario público que sabe el monto del botín que representa el poder económico y político.

Fue el apéndice desde su puesto en RTV que maquilló con imágenes en muchas ocasiones las ruinas de Fidel Herrera, era su trabajo, era la opción de supervivencia en la competitiva ciudad de Xalapa donde los convenios cuestan millones de pesos, y la manipulación de medios se oferta a destajo.

Fue un soldado del PRI como ahora es un General del Davilismo que sabe que la lealtad al jefe máximo rinde frutos dulces, aunque estos impliquen dejar en otros el sabor amargo del despido laboral injustificado, o deje acoso laboral incluido porque cuando se ejerce el poder con cierta tiranía, siempre hay enemigos imaginarios. Es un soldado del PRI que sabe que para los gobiernos de cualquier aldea los subordinados no deben criticar -aunque sea en privado y a título personal-, y se vale grabar la opinión sin consentimiento, violar la privacidad con espionajes, con grabadoras rústicas, echarle la culpa a cualquiera, dejar pasar.

Pablo Estrada Tenorio creció profesionalmente en un sistema que premia a los caudillos y donde la prensa está al servicio de los bandos y debe subordinarse o perder.

Fue Director de Televisión en RTV del Fidelato y fue vocal titular de la Comisión de Imagen y Comunicación Política del PRI hace diez años, que tenía como Presidente de la Comisión de Fiscalización y Presupuesto al que se convertiría en el peor gobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa.

Pablo Estrada Tenorio es señalado por compañeros de la prensa como el responsable directo o indirecto del despido de la ex directora de Comunicación Luisa Adriana Cunjamá Hernández. No habrá repartición de culpas. No habrá culpables, no puede haberlos si la burbuja está blindada por la impunidad, pero ¿cuál es su cargo? ¿cuáles son sus funciones?, ¿por qué no se transparentan sus facturas?, ¿por qué no se transparentan las facturas de todos los medios incluidas las de Punto y coma?, ¿es cierto que sus servicios son pagados en un apartado secreto de la Dirección de Administración Municipal junto al de otros proveedores de imagen institucional?, ¿por qué no se ha presentado el plan de 100 días públicamente, para lo que fue contratado originalmente y fue la propaganda principal antes de ser gobierno y Sacre era el enemigo público?

Es el asesor que no existe pero todos en el Davilismo saben que está ahí, construyendo un nuevo gobierno que ganó las elecciones sin él.

Lo responsabilizan al interior del municipio del mal manejo de crisis de un plan de gobierno de 100 días que mediáticamente se derrumba. Los documentos mostrados por la ex Directora de Comunicación Social donde exhibe la firma de Pablo Estrada en documentos avalados por la administración, despejan las dudas de quien es el arquitecto del Davilismo incipiente, desmiente la versión del munícipe que dijo que solo tiene un asesor, exhibe un doble discurso en un gobierno que usa de eslogan “Siempre con la gente”. Amplifica una serie de malas decisiones que no sabemos si es responsabilidad de Pablo Estrada Tenorio pero que las encarna por su protagonismo innecesario, crisis, tras crisis, en un gobierno municipal que tiene como objetivo vedado la reelección.

Es señalado -sin pruebas- del espionaje, y es señalado -con pruebas- que es asesor municipal, es cierto. Ha creado su mito personal, ha unido a un gremio con diferencias que parecían irreconciliables porque ha tocado a una de los suyos, porque ha puesto en el escenario una realidad que despoja lo políticamente correcto: para negociar o para obtener fines económicos o políticos cualquiera puede ser exhibido ¿y si no fue él?, ¿y si los enemigos imaginarios al interior son enemigos reales? tampoco ya es garantía.

Pablo Estrada fue un soldado del Fidelato y del Duartismo, es el extraño que actúa como si viniera de un “mundo civilizado” llamado Veracruz y que asesora con facultades plenipotenciarias al gobierno de un municipio “caóticamente subdesarrollado”, Pablo Estrada es el asesor que cree por origen y formación que los medios de comunicación tienen como papel o responsabilidad compartir con el poder político una misma historia: la de los vencedores.

Es el que cree que ante él o ante el presidente, ante el diputado, ante el regidor, o ante el “cliente”, la prensa debe subordinarse o perder.

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