Pepe Villamil

ANTONIO MUNDACA | elmuromx.org

TUXTEPEC, Oax.- La decisión de Fernando Bautista Dávila para sustituir a la periodista Luisa Adriana Cunjamá Hernández al frente de la Dirección de Comunicación Social con el político José Humberto Villamil Azamar, es una apuesta por las relaciones públicas que aminoren la correspondencia ríspida de las últimas semanas entre el gobierno municipal y la prensa tuxtepecana.

Es una apuesta al cabildeo entre fuerzas que se conocen, y sin saber exactamente las repercusiones de la relación- de quien en obviedad tiene aspiraciones políticas y un gremio que en una unidad sin precedentes locales ha presentado denuncias ante la Procuraduría General de la República (PGR) y ha obligado al ayuntamiento de Tuxtepec a hacer lo propio, para que se averigüe con seriedad los probables delitos de espionaje e intervención telefónica, crímenes informáticos y los intentos de censura con recursos públicos orquestados desde una burbuja que la mayoría piensa que sigue ahí, operando con recelo, cuidando el botín al que llaman  proyecto y las ganancias del dinero público.

Villamil Azamar tendrá que lidiar contra un movimiento que busca la unidad gremial y crear el precedente de la transparencia del dinero público a medios de comunicación e impedir que la línea editorial de la prensa dependa del humor del gobernante en turno o sus asesores, un movimiento que pretende que los recursos públicos sean aplicados para convenir acuerdos comerciales de publicidad y no para comprar silencio a discrecionalidad.

Villamil Azamar tendrá que lidiar con eso, teniendo la escuela del Evielismo, del priismo en general, que siempre ha usado la publicidad oficial como mecanismo de control, “apretando la mano que pide, la mano que soborna, la mano que recibe, la mano que golpea”.

José Humberto Villamil Azamar llega al cargo de Director de Comunicación Social con la finalidad de desarticular a la prensa crítica y empoderar a la prensa institucional que durante la movilización de periodistas guardó un silencio profundo temerosa de perder el subsidio que marca la subsistencia principal de sus medios por parte del ayuntamiento tuxtepecano.

Será el cabildero para mejorar la imagen de Fernando Dávila, un presidente municipal que se presentó en la reunión con reporteros el 12 de marzo como alguien “sin intermediarios”, como “ el único responsable de lo que pase en Tuxtepec”, y “metió las manos al fuego”, por tres funcionarios señalados como parte de esa burbuja que operó para desarticular la movilización de periodistas con ataques directos e indirectos contra la libertad de expresión, y donde José Humberto Villamil Meneses, ex secretario de Presidencia, ahora  Jefe de la Unidad receptora de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) -hijo del nuevo director de comunicación- aparecía entre los nombres de presunta corresponsabilidad según la denuncia personal de los 40 reporteros agremiados y que se lo hicieron saber al presidente municipal con detalles, uno por uno.

Villamil Azamar asume el cargo de Director de Comunicación social acostumbrado desde su posición como ex Coordinador de la Casa de Gestión del ex Senador Eviel Pérez Magaña a la financiación selectiva de medios de comunicación que apoyan a los funcionarios y sus políticas.

Sustituye oficialmente a la periodista Luisa Cunjamá Hernández,  previo acoso laboral,  previo intento del gobierno municipal de hacerla firmar una renuncia cuando se trató de un despido, previa humillación pública con audios y videos editados y publicados en cuentas de Facebook falsas de reporteros de Tuxtepec, que también habían sufrido ataques personales sistemáticos, previas acusaciones de espionaje al gobierno municipal por el gremio de la prensa, denunciadas con insistencia en secreto por temor a perder el sobre amarillo  también por parte de regidores, previa operación de condicionamiento de convenios de publicidad y oferta de dinero público bajo el agua a periodistas que creyeron desde la oficina de Presidencia tenían un precio, previo conflicto con los reporteros que fueron amedrentados con perder sus empleos por llamadas de asesores de Presidencia que intentaron frenar una movilización contra políticas de censura que amenazaban con institucionalizarse.

El encargado de la tarea de pacificación entre el conflicto prensa-ayuntamiento de Tuxtepec es el mismo al que el fin de semana previo a la protesta contra el espionaje y la censura  realizada el 13 de marzo, varios compañeros de prensa  atribuyeron en redes sociales el comentario “esto se arregla con dinero”. Es su fantasma, porque la mayoría de los agremiados como prensa lo ubican como “el pagador” de acuerdos publicitarios del PRI.

Ha sido la del presidente Dávila una decisión política que opta por un bombero de las Relaciones Públicas para destrabar una relación rijosa entre los medios de comunicación y el gobierno municipal, que obligó, al menos de manera pública a Fernando Dávila a tomar la decisión  de despedir -aunque haya optado por una renuncia por la vía institucional- al Secretario Técnico, Pablo Estrada, y al asesor de Presidencia Bartolo Estrada.

Y puso en la mesa la opción de tener en vigilancia las acciones como servidores públicos de al menos tres funcionarios más -incluido Pepe Villamil Jr-  que según las propias palabras del munícipe Dávila, fue de los que “se dejaron influenciar por quienes hicieron llamadas telefónicas y acuerdos a nombre del presidente municipal a sus espaldas”.

Una burbuja de “menores” que se dejó influenciar por quienes querían todo el poder del Davilismo incipiente, pasando por encima de al menos, otras cuatro ramificaciones de cortesanos de Presidencia, una burbuja donde el nuevo Director de Comunicación Social, José Humberto Villamil Azamar públicamente también ha sido parte.

El encargado de la tarea de pacificación entre el conflicto prensa-ayuntamiento es el mismo al que el fin de semana previo a la protesta contra el espionaje y la censura  realizada el 13 de marzo, varios compañeros de prensa atribuyeron en redes sociales el comentario “esto se arregla con dinero”.

Es su fantasma, porque la mayoría de los agremiados como prensa lo ubican como “el pagador” de acuerdos publicitarios del PRI, o el “publirrelacionista”, un tanto oculto,  incluso de la campaña de Silvino Reyes Téllez en el proceso electoral donde Fernando Dávila alcanzó la presidencia tuxtepecana.

José Humberto Villamil Azamar es presentado en el boletín oficial como “reconocido ciudadano tuxtepecano por su ética y profesionalismo y ha mantenido durante su carrera política una buena relación con los medios de comunicación local, regional y estatal”. El oficialismo, fiel a su carácter de lavador de las otras verdades, no menciona su trayectoria al servicio de la dinastía Eviel Pérez Magaña y su cercanía operativa con Rolando Pérez Magaña.

Tampoco menciona que durante un año fue Director de Deportes de la administración de Antonio Sacre Rangel en el 2014 y se vio involucrado en una presunta “gestión fantasma” sin aclarar, en la comunidad de Palo Gacho por parte del ex munícipe priista, al que el Davilismo usó como bandera contra la corrupción para llegar al poder.

Hechos que documentó El Piñero de la Cuenca, Oaxaca al día y Foro Político el 3 de noviembre de 2016 donde no se aclaró el destino de 7 millones 55 mil 220 pesos, para la construcción de un Complejo Deportivo sin que el nuevo Director de Comunicación Social fijara una postura desde entonces.

En este espacio, el 20 de noviembre de 2016 también se mencionó que Villamil Azamar “ha apuntalado sus aspiraciones o su supervivencia política en teoría al Partido del Trabajo (PT) con la invitación del munícipe electo Fernando Bautista Dávila para engrosar sus filas.” Y así parecía, el 17 de octubre de 2016, el presidente municipal le dedicó estas palabras cuando lo invitó a su proyecto, “Aquí hay espacio para ti, bienvenido al Partido del Trabajo (PT); aquí se te abren las puertas, aquí vas a tener las oportunidades que has buscado en otros lugares”.

Cinco meses después de la supuesta adhesión al PT, Villamil Azamar es funcionario público y aparece todavía afiliado al Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde el 1 de abril de 1991.

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