Pedro MATÍAS

OAXACA, (página3.mx).- Si un hombre me pega, le corto los güevos, por eso no me casé, confiesa Zoila. Mejor me saqué un hijo antes que aguantar a un hombre así.

Ser mujer fue su cruz. Y ser la mayor de cinco hermanas la obligó a dejar su vida para dedicársela a ellas ante el abandono de su padre. El metate, el comal, el maíz y el molino han sido sus fieles escuderos durante 45 años.

Zoila, una espigada mujer de 55 años, piel morena, pelo largo entrenzado, pestañas onduladas y pobladas cejas no sabe de tintes, manicures, labiales o de películas. Ella solo sabe que tiene que juntar dinero para pagar en la caja de ahorro, para la leña y para medio vivir.

Tampoco sabe sobre los derechos de la mujer, de la equidad y género, pero sí tiene claro que la mujer no nació para servir al hombre y, menos, permitir que las golpeen.

Zoila es flaca pero maciza, fuerte, tlayuda, no se permite ser frágil. Es alegre y malhablada. Algunos especialistas dirían que es bipolar, pero no, sus cambios de ánimo, particularmente en las fiestas o duelos, tienen una razón: su necesidad de amor.

A los 10 años tuvo que dejar la escuela para dedicarse al metate y darle estudios a sus hermanas. Una es enfermera, otra secretaria y la pequeña educadora. Una de plano no estudió “por caliente”, se fue con el macho, dice.

Es el sepelio de tía Socorro. Todavía huele a nardos, incienso, chocolate. Ella despide un olor a mezcal al hablar y recordar que tía Socorro fue como su madre. Le enseñó a ganarse la vida en el mercado 20 de Noviembre. El dolor que trae está a punto de escupirlo. No puede contener las lágrimas, sus recuerdos se agolpan, pero no se quiebra. Se enseñó a ser fuerte.

Tía Socorro ya no está entre nosotros. Está en un tétrico féretro antes de partir al panteón. De pronto, su boca se queda sin abrir los labios, luego los aprieta y antes de pronunciar palabra decide dar un sorbo de mezcal. Fue la letra de la canción Ángel mío, la que la hizo quebrarse. Al propagarse las nostálgicas notas de esta fúnebre melodía, el llanto fluyó.

Te vas ángel mío, ya vas a partir, dejando mi alma herida y un corazón a sufrir, te vas y me dejas un inmenso dolor, recuerdo inolvidable me ha quedado de tu amor… Zoila busca la punta de su rebozo para limpiar la evidencia de su dolor. Procedo a abrazarla.

“Cómo ve tía Rosita, yo le prometí a tía Socorro que se aliviara y que en su cumpleaños le haríamos una buena cuelga. Yo le pongo la banda, pero primero mande a la chingada la enfermedad”.

“No me hizo caso y mírela, ya se va y yo me quedo sola. Se fue mi compañía”, dice mientras las lágrimas surcan su rostro al tiempo que se ufana: pero aquí le traje la banda de música para despedirla.

“Hey Juana, ven, trae un mezcal pa tía Rosita y p’al Pedro. Cómo ve. Tía Natalia me dijo: quieres un güiski, le dije, ni que fuera yo catrina. A poco no, manito. El Pedro es a toda madre, nunca nos dejó a mi tía ni a nosotros aunque somos pelados. Él es más de Esquipulas. ¿Te acuerdas cuando íbamos a juntar leña para el bracero o juntar flores para vender y poner nuestro Altar de Muertos? Y suelta la risa.

“Me acuerdo que veníamos de la loma con los tercios de leña y la Maribel se fue a una poza. Tiré la leña y me metí para que no se ahogara. Lo único que le pasó es que una espina se le metió en la nalga”.

Luego hace una pausa. Perrrrmitame tía Rosita. Ahorita vengo, voy a miar. Su transparencia y su genuina personalidad generó risas.

Instantes después regresa con una botella de mezcal. Come, le dicen, al tiempo que le ponen un espeso y humeante chichilo, una pieza de pollo y tortillas blanditas que en esta ocasión Zoila no preparó. La comida le sabía amarga.

Luego cambia la conversación. ¿A qué hora estás en tu casa?, me pregunta. Voy a ir a verte porque quiero que me acompañes. Cómo ves que el Juan anda de caliente y ya se va a casar.

Juan es su único hijo, su razón de ser. Zoila desde niña dijo:

 “Yo me voy a sacar un hijo. Yo no quiero un hombre que me golpee o me dé mala vida. Con mi padre tuve. A mí, si un hijo de la chingada me pega, le corto los güevos. Están muy recién pendejos esos que se creen dueños de una. Prefiero mandar a la chingada a esos hijos de su recuarenta mil madres, dijera tío Chemo” y suelta la carcajada una vez más.

Ya le dije al Juan: ¿Quieres mujer?, ahora ponte a trabajar, que te sude el culo para que veas cuánto cuesta ganarse la tortilla. También le advirtió: ¿quieres mujer?, te vas a poner en paz, no nada más es preñar a la mujer, ni vas a maltratarla porque te parto tu madre. Te vas a chingar a tu madre.

De las risas pasa a la sobriedad y hasta el llanto. Sí manito, lo voy a casar. Es mi único hijo y yo soy su padre y madre, entonces, quiero que me acompañes a tomarnos unos mezcales y echarnos unos jarabes.

La plática es interrumpida abruptamente. Hay que despedirse del cuerpo. Ya repican las campanas que anuncian la misa de cuerpo presente. Pronto el ambiente se vuelve tétrico y el llanto se torna colectivo.

“Muere el sol en los montes, con la luz que agoniza, pues la vida en su prisa nos conduce a morir, voy a dejar las cosas que amé, la tierra ideal que me vio nacer…” Zoila abraza con tanta fuerza un ramo de flores y despide a tía Socorro diciendo: Aquí veo por sus hijos, no se preocupe y de paso me echo más mezcales a su nombre.

Simone de Beauvoir fue una escritora, profesora y filósofa francesa defensora de los derechos humanos y feminista.