ANTONIO MUNDACA / elmuromx.org

 

 

Un día antes de la bochornosa  sesión de cabildo del 16 de mayo de 2017 donde se aprobó el paquete de obras del municipio de Tuxtepec, las Regidoras Marisa Obrajero, Guadalupe Santos y Marie Claire Chávez, fueron planchadas. Sus tres votos a favor de las propuestas del Presidente Fernando Bautista Dávila fueron la diferencia, no importaron las abstenciones de 4 regidores –uno de ellos también con voto pactado a favor un día antes- y la ausencia de otro. Sus tres votos a favor significaron estratégicamente, una victoria mediática y legal para el presidente municipal a costa del descrédito de los regidores tuxtepecanos señalados por el presidente como corruptos en medios locales, estatales y El Universal, con ellas incluidas en el lamentable paquete.

Sus tres votos fueron la diferencia entre haber reventado el foro después de ser señaladas  por pedir obras y dinero a Bautista Dávila a cambio de alzar la mano, y fueron el factor para la aprobación de 37 obras en las que se invertirán 46 millones 402 mil156 pesos con 54 centavos en colonias y agencias del municipio del norte de Oaxaca según el boletín oficial, la mayoría con una transparencia todavía cuestionada en los procesos de licitación,  asignación, plan  de desarrollo municipal, contratistas y demás claroscuros que incluyen posibles contratos ocultos y prestanombres.

El artífice de ese acuerdo político que desactivó en exprés la pugna entre concejales pedidores de dinero y un presidente que se presentó para los medios de comunicación y las redes sociales como el defensor de los pesos de los tuxtepecanos, fue el delegado del Partido del Trabajo (PT) en Oaxaca, Benjamín Robles Montoya, que estuvo en la ciudad cuenqueña un día antes (el 15 de mayo)  para arengar consignas por el saqueo que realizó el ex gobernador, Gabino Cué Monteagudo.

Pero también vino a poner orden en un feudo que representa el único capital político de garantías que Robles Montoya podría negociar en el proceso electoral venidero, y el único que Bautista Dávila tiene seguro si quiere buscar la reelección el próximo año: el PT, nuevamente como partido franquicia.

Regidoras a modo con la sospecha de que hay un lucrativo negocio de alzar la mano por disciplina, no por la gente, sino por los intereses del padrino y su partido, aún contra la propia dignidad, negando ante los medios el maiceo, ocultando el acuerdo por el precio que haya sido.

La operación curita a la profunda herida pública que dio Dávila a la credibilidad y honorabilidad de los regidores se dio en un escenario donde el  ex senador oaxaqueño, Benjamín Robles Montoya, y el presidente municipal tuxtepecano por ahora se necesitan y se alimentan de las lisonjas mutuas, queda esperar por cuánto tiempo, queda esperar si “la revolución de la gente “y “cuando los de abajo se mueven los de arriba se caen” vuelven a funcionar en dos políticos que llevan encima más pragmatismo que ideología, y hoy se han entregado a la mirrey gubernatura que encabeza Alejandro Murat, y todo lo que significa al momento de vender un discurso que pida el voto.

En esa reunión, Robles Montoya atizó en corto a las ovejas descarreadas a las que en el cruce de nombres, patrones y referentes de su historia política los empareja y explica su actuación en aquella sesión de cabildo donde jugaron a la política-ficción empujados por la conveniencia de todos a quienes les conviene un presidente Dávila de cinco años, empezando por ellas mismas.

Tres concejales que llegaron al cargo como propuestas de una planilla del PT que le dio la posibilidad a Fernando Bautista Dávila, de competir después de que le fuera negada de manera oficial la candidatura del Partido Revolucionario Institucional (PRI) –aunque a un año de esa elección todo apunte a una estrategia de bandera falsa, donde el mayor engañado fue Silvino Reyes- y estos Regidores fueron las posiciones negociadas:

Álvaro Bacelis Ugalde, propuesta de una fracción de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) como líder de la Unión de Bares de la ciudad, y que abandonó las filas del PRI para sumarse al davilismo y que un día antes de la sesión de cabildo, acordó con Dávila una cuota de silencio para aprobar el paquete de obras 2017 vía Benjamín Robles, y al final acabó absteniéndose de votar alegando, en corto, que el presidente municipal “no cumplió el acuerdo”, y en lo público afirmando, “el Presidente Municipal no tenía mi nombre, tú compañero concejal siempre estuviste atrás (refiriéndose al Síndico, Gabriel Reyes Bejines)”; para cerrar el fin de ese supuesto acuerdo con la acusación nuevamente de Dávila contra Bacelis de haber pedido obras a través de un contratista, y con el argumento presidencial de refrescarle la memoria a un Regidor de Desarrollo Urbano, que reveló en esa misma  sesión que “días antes hubo una reunión con dos compañeras (Guadalupe y Marie Claire), donde el munícipe negó que él había pedido dinero”. Las dos testigos callaron. Días después, Álvaro Bacelis, se separó públicamente del proyecto davilista.

La otra regidora negociada desde el pasado proceso electoral fue Guadalupe Santos Guerrero, cuyo vínculos con Robles Montoya se remontan  en el PT al 13 de abril de 2016 durante la presentación de Dávila como el candidato de ese partido a la presidencia, y que  abandonó públicamente al PRD y el proyecto del entonces candidato por ese partido, Francisco Niño Hernández, donde ella fungía como su operadora política. La moneda de cambio para esa traición fue la posición 10 entre los que aspiraban a regidores davilistas.

Aquella mañana de abril de 2016, el forjador de la disidencia de Lupita Santos, el recomendador, al menos así se presentaron ambos, fue el dirigente estatal del Barzón, José Luis Chávez Zavaleta, que llevó a la actual regidora a santiguarse con  Benjamín Robles. Chávez Zavaleta una semana antes, el 4 de abril había renunciado como consejero del PRD para incorporarse a la campaña a la gubernatura de Benjamín Robles en Tuxtepec,  a cambio tuvo la inclusión de su hija Marie Claire Chávez Martínez en la posición número 8 de la planilla del PT.

Bajo ese vínculo los destinos de Marie Claire y Guadalupe Santos quedaron sellados. Ambas testigos de esa supuesta reunión aludida por Álvaro Bacelis, callaron. Alzaron la mano  a favor intentando convencer y convencerse que su única preocupación en esa sesión de cabildo y los cuestionamientos de transparencia era saber dónde y quién ejecutaría las obras. Alzaron la mano a favor y no volvieron a mencionar que fueron exhibidas a nivel estatal y nacional por haber pedido dinero público.

Marisa Obrajero Almeida, que fue señalada en el mismo paquete de regidores que chantajearon con dinero a cambio de su voto, emanada su posición de la planilla de la coalición PAN-PRD, ofertada al electorado como ciudadana, fue candidata a la Diputación Local por el desaparecido Distrito XVIII en 2013 por Movimiento Ciudadano (MC), y de ahí su camaleónico proceder político, ofertada como ciudadana y con credenciales perredistas, asiste a donde le llamen y ha sido invitada o se ha invitado al proyecto de Robles Montoya, ya sea a través de eventos de la “UGOCP Margarito Montes Parra”, como el realizado el 22 de abril pasado o en las reuniones de trabajo que realiza el PT en el Papaloapan.

Pasó Marisa Obrajero de la denuncia enérgica del “a mí, dinero no me falta, soy una persona profesional que puedo desempeñar mi trabajo en cualquier lado y no pedir dinero, y el presidente miente y estoy muy molesta”,  a la foto de reconciliación sin disculpas a su persona, y al igual que las otras regidoras, al silencio. Quedó deslucida a tumbos y a discreción dejó de denunciar que integraba la comisión de obras y “nunca había sido notificada de ningún padrón de obras y contratistas”, a pedir amablemente que “ahora sí le avisen”.

Con la premisa partidista, Benjamín Robles pudo refrescarles las memoria y llamarlas a un redil que puede significar una regiduría de cinco años, o el olvido a sus incipientes carreras políticas, al menos en el PT, al menos lejos del cobijo de un padrino que pretende apoderarse de ese partido de izquierda en Oaxaca, cada vez más cercano al PRI y que ha subsistido desde su fundación, el 8 de diciembre de 1990, como un satélite de los frentes y las alianzas y refugio de forajidos.

El tono del acuerdo fue sencillo. Formarse en el pasillo de los serviles o irse por la libre.  La ruta que planteó Robles Montoya a los concejales heridos en sus egos y exhibidos sin pruebas en esa conferencia sin precedentes realizada por un presidente municipal, fue emprender un desencuentro contra el edil cuenqueño Fernando Bautista Dávila o negociar la dignidad a cambio del proyecto 2018, que significa la posible postulación –nuevamente- como concejales, la sospecha siempre nítida del sobre amarillo o convertirse en puritanos de la mortaja, el maiceo, la concertación a cambio de algo, siempre misterioso, siempre en espacios cerrados, a conveniencias de grupo, porque hasta en las administraciones que se venden como las más transparentes, existe la tentación del dinero público.