Pedro Matías

OAXACA, Oax., (página3.mx).- A su 77 años, el artista plástico Francisco Toledo rechaza compararse con los tres grandes exponentes del muralismo mexicano David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y José Clemente Orozco, porque a ellos “le tocó un país que se estaba construyendo y a mi me tocó un país que se está destruyendo”.

Antes de inaugurar su exposición “Naa Pia´, Yo mismo” o su “autorretrato” Toledo dice: “Usted me compara con Diego Rivera o David Alfaro Siqueiros, pero no creo que sea buena la comparación porque ellos eran gentes de partido, con convicciones, con una ideología y yo francamente no tengo ni partido, ni convicciones ni ideología”.

Entonces, “mis protestas no me llevan a ningún lado a mí personalmente, no voy a ser diputado, no quiero tener un puesto”.

Además, “Siqueiros y Rivera, pues a ellos el Partido Comunista los apoyaba, viajaban a la URSS (ex Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas), estaban ligados a un partido internacional y yo con ProOax (Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Oaxaca) ¿a dónde voy?”.

Considera que la lucha que ha emprendido contra los gobernantes, su defensa por el patrimonio, los recursos naturales, el territorio y el maíz nativo, su activismo, el ser promotor cultural y el artista, “no se cuantifican estas cosas, haces lo que puedes, hay que ser constantes y aquellos señores eran constantes”.

La realidad es que a 50 años de carrera artística, Francisco Toledo inaugura una exposición que aborda un tema recurrente en su obra: el autorretrato, donde muestra sus distintos rostros, desde niño, su adolescencia y sus recientes periodos en la vida.

La exposición Naa Pia´, Yo mismo, integrada por 120 piezas y la curaduría de Trine Ellitsgaard fue inaugurada este sábado 6 de mayo a las 12 horas en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) antes de que se presente en Los Ángeles, Estados Unidos en octubre próximo.

Cabe destacar que desde hace más de una década que el artista plástico no dedica una serie a la pintura, ahora que está próximo a cumplir 77 años, pero también 50 como pintor, en varias épocas ha realizado autorretratos, ha pintado su juventud y su madurez, por ello decidió pintar retratos de la vejez.

En esta muestra destacan las pinturas de Toledo antes del juicio final, en otras se ve al fundador del IAGO en diversas representaciones; como un niño negro, como insecto o un esclavo.

En más de siete décadas de la vida de Francisco Toledo, la tierra ha dado la vuelta sobre sí misma cerca de 28 mil 105 días, esto le dio pie al artista para dibujar su retrato en un trompo que gira sin parar.

El ganador del Premio Ciencias y Artes platicó que en el fondo en el autorretrato no busca hacer una obra idéntica a él, más bien cuida el color, la textura y la composición.

Indicó que él recurre al autorretrato porque es él el modelo más cercano que tiene, “soy yo el que puede estar quieto, o puede estar frente al espejo, sin moverme, sin perder intimidad en el trabajo porque no hay otra persona a la cual estás dibujando”.

A Francisco Toledo le gusta ver autorretratos y tiene referencias como aquel autorretrato de Rembrandt de viejo. De dicha obra dijo que es increíblemente bella y él fue especialmente a ver la pieza a Colonia, Alemania.

Sobre si cuesta trabajo pintar la vejez el artista señaló que no, que sólo los rasgos se acentúan y para él “hay algo que hace que sea más fácil de reconocerme, que el parecido pueda ser más verídico, ahora a diferencia de hace unos años, pero nunca la preocupación fue de que tenía que parecerme, de poner todas las arrugas, me quito y me pongo arrugas como quiero”.

Para esta serie utilizó hoja de oro, hoja de plata, también hay algunas piezas en cerámica y algunas obras en papel. Toda la pintura la elaboró en los últimos meses.

Cómo se ve Usted, ¿ha logrado lo que se ha propuesto o se ha transformado?, se le preguntó:

“No crea que sea un hombre que me haya propuesto en toda mi vida, ha salido como han salido las cosas. No sé cómo decir, no soy un hombre de voluntad, de decir voy a París y voy a triunfar, voy a Nueva York y voy a exponer en la mejor galería, han salido las cosas, así, accidentalmente.

-¿A sus 77 años cambiaría algo de usted?

– Las canas, lo que generó risas. Uno llega como llega a esta edad y no hay nada qué hacer. Ojalá fuera uno más sabio, pero no aprende uno a través del tiempo, repite uno sus errores y, bueno, en la pintura, tengo, creo que es un mundo muy cerrado, no veo salidas. Sí hay repetición, hay poco de variantes y yo lo veo con sus límites.

¿Se siente satisfecho con su labor artística?

– No tengo voluntad, todo me ha llovido, bueno y malo.

¿Qué tanto ha sacrificado de su producción artística por su labor social?

Digamos que sí quisimos con ProOax cambiar una situación en Oaxaca pero no lo logramos, entonces, es tiempo perdido.

¿Qué tanto han cambiado los artistas para Oaxaca?

Antes, no había nada. Estaba la escuela de Bellas Artes con buenas personas pero no muy hechos para la enseñanza y no había museos, ni galerías, ni bibliotecas ni dónde aprender, sin embargo, ha cambiado a partir de que se abre el IAGO, el Museo de Arte Contemporáneo, el Centro Fotográfico Álvarez Bravo, Santo Domingo, el Centro de las Artes de San Agustín, San Pablo y ahora hay pintores que viven de la pintura, antes nadie vivía de la pintura, no habían un comercio y ahora sí lo hay.

¿Hay algo que le falte hacer?

– Me gustaría ver que las instituciones (culturales que creó) continúen, es un deseo y que sean sólidas para que cuando yo no esté sigan haciendo la labor que han venido haciendo. A lo mejor hay que hacer algo para organizarlo mejor con la Federación, más cerca, ya mover la cultura cuesta y no estando yo de dónde vamos a sacar. Por eso estamos ligados al INBA y a instituciones, porque hay que prepararse para dejar lo que se ha ido formando para que siga trabajando por muchos años.

¿Qué le duele a Toledo?

– Hoy, los dientes, dice entre risas. Y serio afirma: “Lo que nos duele a todos, la injusticia, el miedo por la inseguridad, lo que les pasa a los periodistas cuando no se alinean. Bueno son preocupaciones no dolores, corrige.

Respecto a la exposición que llevará a los Estados Unidos en octubre próximo, no le preocupa la política de Donald Trump porque “yo he sido migrante desde siempre, nací en un lugar, crecí en otro, estudié en otro, empecé mi carrera en otro lugar, luego me fui a otro lugar, no es nada nuevo. Y ahí en Los Ángeles es una galería con la que trabajo desde hace muchos años, donde podré mostrar y quizá vender.

AUTORRETRATO: MINA DE SIGNIFICADOS

Para el escritor Guillermo Santos, Naa Pia´, Yo mismo: ‘‘Se trata de una acontecimiento digno de mención, pues es como si (Toledo) volviera sobre sus pasos, como si diera con ello una nueva mirada al conjunto de una obra que ha estado en continua experimentación’’.

“La imagen de Toledo naciendo de una voluptuosa fémina tiene una acentuación esmerada: el artista vuelve a comenzar una y otra vez, sus fuerzas se renuevan con cada exposición, por ello no es inusual que nazca ya mayor, como uno de esos relatos que Toledo suele rememorar en torno al Istmo”.

En el texto de sala, Santos agregó que Francisco Toledo “ha hecho de su propia imagen una mina de significados”.

Y es que Francisco Toledo suele no colocar nombres a sus autorretratos. A veces, simplemente, enumera cada pintura: Autorretrato I, XXIII, XII, IV, como si se tratara de regiones o fragmentos de un territorio apenas explorado o conocido. Junto al espectador, el artista parece ir descubriendo facetas de sí mismo que aún no había hallado.

No hemos agotado la pregunta por la identidad, que se renueva con cada ser humano. Y es ésta una de las cuestiones por las cuales los autorretratos no dejan de tener vigencia. En esa veta de profundo cuestionamiento, de asombro ante el hecho de “estar en el mundo”, también encontramos los que ha realizado.

A la pregunta del retratista italiano Tulio Pericolli de “¿Cuántos rostros puede memorizar un hombre?”, nosotros agregaríamos —al observar la serie Naa Pia´, Yo mismo—: “¿Cuántos rostros puede tener o poseer un hombre?” Acaso tantos como instantes o segundos contenga el tiempo de su vida.

Los 77 años de Toledo, los 28 mil 105 días en que la Tierra ha dado la vuelta sobre sí misma y que el autor ha atestiguado, le sirven para introducir un gesto que no carece de ironía: pintarse como un trompo, como un “juguete” del tiempo que no ha podido permanecer un instante “quieto”, puntualiza.

En el trabajo de Toledo hay formas de naturaleza simbólica que acaban por tener igual importancia que un rostro. Al pintor le interesa escribir, sin duda. Y lo hace a través de las escrituras de enorme riqueza visual y táctil que son las grecas zapotecas, los jeroglíficos egipcios, la escritura cuneiforme de los babilonios, alfabetos con los que el pintor suele “escribir” su propia historia, como dando a entender la antigüedad que subyace a cualquier experiencia humana.

El escritor menciona que el pintor se aproxima a su biografía, la construye a través de un retrato. Como una glosa, como un comentario a esa existencia, al rostro que se intenta representar, pronto los signos terminan por delinear perfiles y miradas.

Toledo “colabora” con la creación de su rostro, tal como diría Imre Kertész del escritor, que acaba por llevar “sus libros impresos en la cara”. Tal vez por eso, para apelar a esa manía circular  -la del artista que se transforma en su pintura-, Francisco Toledo suele dibujarse con espejos y pequeños marcos donde vuelve a aparecer.

La escritura toledana no mantiene el grado de la rectitud, de lo meramente racional: apela a un juego. Sus pinceladas se vuelven caprichosas, van en busca de un camino que pronto se enrosca sobre sí mismo; se hacen laberínticas.

Toledo, al estar retratándose, está al mismo tiempo creándose. Parece decirnos que nunca acabamos de llegar al mundo, de nacer: cada instante anterior se renueva en el ahora. Luchamos por mantenernos dentro de la vertiginosa sucesión temporal. El artista trata de captar cada capa, cada pliegue que se desgaja del tiempo y pasa a través de su cuerpo.

Cada uno de estos autorretratos se corresponde con un estado del alma y, aunque intenten reproducir la imagen una misma persona, difieren por sutilezas que, como diría Guy Davenport, lo son todo. No son necesariamente cartografía del cuerpo sino apreciaciones próximas al espíritu de su creador.

Las capas del tiempo, los accidentes, incluso la respiración y la fuerza física aplicada por el pintor sobre las telas y los papeles se encuentran “materializados” por el óleo.

Acaso las pinceladas se suceden con la misma fuerza que los pliegues de la piel, tal vez se formen con esa misma lentitud o sabiduría. Probablemente ciertas pinturas sean más fieles a la realidad que un retrato fotográfico en cuanto que se corresponden con los fragmentos, los desgastes y las erosiones del tiempo.

Javier García Galiano ha escrito que “Francisco Toledo sabe que forma parte del bestiario íntimo que ha ido concibiendo. Quizá por eso también ha ensayado el autorretrato obsesivamente. No parece creerse el centro de esa creación, sino un ser más entre otros”.

Toledo se reconoce en las fábulas. Y las fábulas, los relatos fantásticos y mitológicos que gusta leer y compartir -porque no hay lectura sin amistad y esto Toledo lo sabe- aparecen como parte de su propia historia, forman una unidad, una correspondencia.

A veces encontramos a Toledo obrando a favor del mundo de los cuentos y relatos infantiles que, por cierto, insta a traducir a lenguas autonómicas, tal como ha hecho con sus interpretaciones de Esopo. Así se van creando vasos comunicantes entre mundos que tienen mucho que decirse.

Hace varios años, más de una década, que Francisco Toledo no dedica una serie completa a la pintura. Se trata de una acontecimiento digno de mención, pues es como si volviera sobre sus pasos, como si diera con ello una nueva mirada al conjunto de una obra que ha estado en continua experimentación.

En síntesis, Francisco Toledo ha hecho de su propia imagen una mina de significados. La hoja de oro y plata que utiliza en esta serie apelan a ese descubrimiento de algo que se mantiene oculto bajo la pétrea superficie mineral, como una imagen luminosa que nunca termina de agotar su energía: ¿quién es Francisco Toledo?

 

Comentarios