Jorge Alberto, un policía federal entrenado para asesinar hasta con un auto

El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos. – Miles Davis

Frida Guerrera

Hablar de la historia de vida de una mujer asesinada cada vez resulta más difícil, es prácticamente imposible no contar la misma historia con nombres diferentes, cada vez que acudo al llamado de algún familiar, hermana, madre, hija de una mujer víctima de feminicidio lo hago con el objetivo primeramente de escucharlas, de tomar con sumo cuidado el corazón que me entregan cada vez que las escucho, para entonces quitar la cifra y ponerles rostro.

Wendy Silva Dueñas, hermana menor de Juana, me buscó vía messenger el 8 de junio de 2017, en su mensaje prácticamente suplicaba que pusiera atención a su caso, cuando a la que le hacen el honor es a mí cuando con toda la esperanza me buscan para abrir las puertas de su dolor.

Por cuestiones de tiempo y trabajo me fue imposible acudir de inmediato a verla, finalmente el martes 18 de julio acudí a Amecameca, Estado de México.
Me recibió Josefina Dueñas, madre de Juana y Wendy, una mujer de 52 años que amablemente nos abrió la puerta, la casa es como las muchas de quienes hemos visitado: humilde, una casa que alberga el dolor, la impotencia, las dudas que nunca se resuelven, ¿por qué Juana, por qué ella, por qué la asesinó, por qué no hice nada antes por evitarlo?

Josefina nos hace pasar, una cama a la izquierda de la sala funge como recámara de uno de los hijos mayores, quien tras una mala racha regresó a casa de su madre esperando que las cosas mejoren para poder rentar un lugar propio. La cocina y el comedor prácticamente se hacen uno, Josefina amablemente, pero con la necesidad casi urgente de hablar, nos invita a tomar asiento, unos minutos después llega Wendy, quien con una sonrisa en la cara me da un abrazo y agradece nuestro estar en su hogar.
Juana Silva Dueñas nació el 8 de noviembre de 1993 en la Ciudad de México, fue la segunda hija de cinco, los cuales fueron abandonados por el padre de estos, Josefina entonces tuvo que trabajar para sacarlos adelante.

Una familia humilde que con muchas dificultades trataron de encontrar cada uno su camino.

Juana intentó iniciar su vida. A los 16 años tuvo a su primer hijo, las cosas con el padre de su hijo no funcionaron por lo que Juana se dedicó a trabajar para sacarlo adelante.

No tenía una vida llena de lujos, pero vivía tranquila y siempre tratando de sobrevivir en un mundo donde ser mujer y madre soltera siempre a pesar de estar en pleno siglo veintiuno sigue siendo mal visto.

Josefina recuerda a su hija alegre, pero reservada, tenía los ojos almendrados, era bonita, sabía arreglarse y verse muy bien, estaba saliendo avante, siempre trabajando, arreglada, y sacando adelante a su hijo.
Juana, cinco años atrás comienza una relación con Jorge Alberto Lara López, policía federal. Ambos ya habían tenido relaciones anteriores, los dos tenían 28 años y deseaban crear una familia, esa fue la impresión de Juana cuando se fue a vivir con Jorge.

Juana ya tenía a su hijo mayor quien en ese entonces tenía once años, así inició lo que Juana pensó sería una buena relación, estaba enamorada de Jorge y entonces se embarazó, nació la pequeña Johanna, todo parecía ir bien para ella; sin embargo, el infierno ni siquiera sus hermanas y su madre lo imaginaban.
“Sí, me daba cuenta de que Jorge era muy controlador, cuando venía a la casa tenía que decirle cada paso que daba. Él, como policía federal era comisionado constantemente a otros estado de la República.

Juana siempre se arreglaba y se veía muy bonita, pero cuando él no estaba en Ixtapaluca -que era donde vivían-, mi hija no se arreglaba, su cabello sedoso y suelto bien arreglado era cambiado por un chongo, su maquillaje siempre ideal era sustituido por la cara lavada, sus blusas pegadas y sus pantalones ajustados eran cambiados por playeras enormes y pants flojos para que no se viera nada.

Además, Juana tenía que mandarle una foto de ese día a Jorge para que viera lo mal arreglada que estaba, el control de él sobre ella era constante”, narran Josefina y Wendy.

A los cuatro años de iniciada la relación Jorge y Juana deciden casarse, el 5 de noviembre de 2016.

Luciendo un hermoso vestido, con un dejo de tristeza en la mirada, Juana le da el sí a Jorge.

“No sabemos por qué decidió casarse, mi hermana era muy reservada con sus problemas, a pesar de lo controlada que estaba y que le preguntamos por qué, ella solo se limitó a decirnos que era lo mejor”, recuerda Wendy.

“Por la tristeza que se le veía en los ojos, no se veía ya una mujer enamorada, tal vez lo que se vislumbraba era que estaba amenazada, lo que no entiendo es por qué no me decía nada”, se reprocha Josefina.
Los celos y el control de Jorge a Juana no pararon con la boda, al contrario crecieron.

En ese entonces -20 de diciembre de 2016-, Juana le envía un mensaje a Jorge que se encontraba comisionado en Michoacán. Después, finalmente empieza a dejar entrever a su familia que Jorge era violento.

“Tú crees má, Jorge me dijo que si un día me cacha en algo (celos enfermizos), me levanta, me mata y me hace cachitos o me quema viva”, recuerda Josefina, quien ante la confesión solo se quedó callada, pero preocupada.
Ese 20 de diciembre, cansada, Juana le hace saber a Jorge -quien por ser policía federal se sentía intocable-: “Deja de amenazarme, si me vas a levantar, hazlo, TE DESCONOZCO, olvídate de que tienes hija, una cosa es que seas policía y otra que te pases, en este momento voy a ver dónde levanto una denuncia por todas las amenazas de muerte que me has hecho”; hasta ahí supieron Wendy y Josefina, después ella no dijo más.

El 24 de diciembre de ese año Juana pasó la Navidad con su familia, “estaba contenta, no nos volvió a mencionar nada de Jorge, pero ya estaba buscando un cuartito, para irse a rentar y dejarlo, toda esa violencia le hacía daño a Johanna, y a la misma Juana, ya estaba decidida a dejarlo”, rememora Wendy.

El 29 de diciembre Jorge regresa de su comisión, la familia de Juana sabía que cuando Jorge estaba en casa ella apagaba el celular por instrucciones de él, no le gustaba que tuviera contacto con ellas, por lo que al marcarle ese día supieron que Jorge ya había regresado.

La madrugada del dos de enero de 2016, sobre la carretera a la altura de Chalco, Estado de México, después de una discusión Juana decide bajarse de la camioneta de Jorge, repentinamente Jorge Alberto Lara López, decidió concretar sus amenazas, cuando al ver que Juana se iba, echó la camioneta en reversa, proyectando a Juana, de inmediato sin la más mínima compasión volvió a meter reversa y pasó la camioneta por encima de Juana, eso revela el peritaje de las autoridades mexiquenses.

Un accidente plagado de irregularidades

Juana murió de inmediato después de que fuera atropellada por Jorge Alberto, esto a la 01:30 horas de la madrugada; la familia de Juana se enteró hasta pasadas las cuatro de la mañana, Jorge Alberto no llamó a la ambulancia o a las autoridades, llamó a su familia.

Acto seguido se metió debajo de la camioneta, la familia de este le tomó fotografías, cuando la ambulancia llegó él estaba debajo sin más lesiones que unos rasguños en la cara que al momento de discutir Juana le propinó.

Johanna, la pequeña de cuatro años de la pareja, tenía algunas raspaduras en las piernas y su brazo, el sujeto dio la primera versión, “nos quisieron asaltar, llevándose a la niña, mi esposa y yo nos pusimos frente a la camioneta para impedirlo y nos atropellaron a ambos”.

Segunda versión: “cuando arranque no la vi y le pegué por la espalda”.

Y los cuestionamientos, las dudas de la familia de Juana ¿por qué la niña tenía lastimada la pierna si estaba arriba según Jorge?, ¿por qué solo Juana terminó policontundida y él no?, ¿por qué primero dijo que los asaltarían y después que no la vio al meter la reversa?… Por qué me dijo cuando entré a verlo después de que lo detuvieron, perdóneme suegra ¡YO LA MATÉ!
Jorge Alberto fue detenido y vinculado a proceso como presunto responsable del feminicidio de Juana, la familia de la joven de 33 años no ha vuelto a ver a la pequeña Johanna desde el día 3 de enero de 2017, la madre de Jorge Alberto le condicionó a Josefina le otorgará el perdón a Jorge y ella le daría a la niña, Wendy le pidió que no lo hiciera, la familia de Jorge quiere aprovechar el amor que sienten por Johanna para dejar de lado la necesidad de justicia por Juana…
La madre y las hermanas de Juana, quieren y buscan justicia, ya le han pagado a un abogado privado que hasta el momento no ha hecho mucho por defender a sus clientes, el dinero no alcanza, Wendy trabaja y estudia y no basta para pagar un abogado, el abogado de oficio tampoco dice nada del caso, solo saben que ahora Jorge está alegando que fue un accidente.
Nuevamente las autoridades del Estado de México se muestran incapaces para solucionar lo que está en sus manos.

La corrupción también ha alcanzado este caso.

Wendy sabe que la familia de Jorge está pagando conciencias para que cambien la versión de los hechos, Jorge se sigue sintiendo omnipotente porque era policía federal…

Nuevamente la esperanza de encontrar justicia es asesinada por las autoridades que matan toda intención de encontrar un poco de sosiego al interminable dolor de enfrentar el feminicidio de quien solo buscó ser feliz con quien meses después de casarse la asesinó.

Julio 2017

Quieres contar una historia de feminicidio, búscame, ayúdame a visualizarlas.

@FridaGuerrera

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