Aspecto del concierto ofrecido en el tiradero municipal. Foto: Paulina Ríos.

Pedro MATÍAS

Zaachila, Oax. (#pagina3.mx).- Las historias descarnadas en el pestilente tiradero municipal fueron relegadas, aunque sea por unas horas, por los niños y niñas de la basura que decidieron cambiar la inmundicia por el arte al ofrecer un Concierto por la paz y la reconstrucción del tejido comunitario.

Es así como la magia de las partituras musicales de Gioachino Rossini, Antonio Vivaldi, Franz Joseph Haydn, Johann Strauss y Ludwig Van Beethoven transformaron lo que han calificado como el infierno en un ritual por la paz acompañada de una danza de zopilotes, buitres y demás aves de rapiña que sobrevuelan su botín, el basurero.

Aquí, entre la basura, han salido niños y niñas a los que la música les ha dado la oportunidad de cambiar su futuro.

Y ahora, estos 80 niños y niñas, incorporados en la Orquesta de Cámara, la Banda de Música y el Quinteto de Metales de la Escuela de Iniciación Musical “Santa Cecilia”, dan otra lección al realizar un Concierto por la paz y la reconstrucción del tejido comunitario ante mas de mil 400 personas que se dieron cita en inmediaciones del basurero.

A un mes de que habitantes de las agencias municipales de Zaachila -Vicente Guerrero y Emiliano Zapata junto con sus 33 colonias- se rebelaran contra los actos criminales de la organización priista Frente Popular 14 de Junio CNP, las barricadas, los bloqueos, el incendio de casas y vehículos, se transformó en una sinfonía por la paz.

La cita fue el domingo seis de agosto a las 16:00 horas en el improvisado teatro al aire libre cuyo escenario es el tiradero, dos canchas de futbol con pasto sintético, una de basquetbol y un área de juegos infantiles, así como un cerro de basura.

Ni el pestilentes ambiente, ni el olor a miedo, ni mucho menos la falta de recursos fue impedimento para realizar el concierto.

Hace 37 años, las laderas de los cerros de la zona oriente de la Villa de Zaachila eran secos en el estiaje y verdes en el verano. Fue en el año 1980 que marcó profundamente el entorno natural de esa zona porque se instaló el tiradero municipal en el cual comenzaron a verter sus desechos 17 municipios conurbados de la ciudad de Oaxaca que generan 700 toneladas diarias, en la actualidad.

Con los desechos también llegaron los pobladores, quienes por vivir alrededor de la basura, muchos también los consideraron o los imaginaron desechables, despreciables, manipulables, corruptibles.

En torno al tiradero se tejieron historias de corrupción y violencia que contaminaron ambientes, hogares, conciencias, jóvenes y adultos, instituciones, organizaciones y autoridades.

Y es que, recuerdan los alrededor de 30 mil habitantes, “depositar volteos de vísceras de animales nauseabundas junto con la basura o compactar la tierra de los rellenos con el agua residual de fosas sépticas, son la expresión de los altos niveles de contaminación física y ética, aquí y en los centros de decisión; son la manifestación de nuestra sociedad enferma que quiere ocultar sus miserias humanas y hacer que otros las soporten”.

“El crimen se hizo realidad contra la naturaleza, las personas y las colonias. Se tejió con los ciudadanos, las organizaciones y las autoridades mismas. Por ello ahora el crimen cobra facturas ecológicas, humanas, sociales, institucionales y espirituales.

Habitantes de las Agencias Vicente Guerrero y Emiliano Zapata, Colonias Unidas y el Consorcio de Organismos Civiles Zaachila Oriente revelan que “todo ha quedado en evidencia con el conflicto que hemos vivido. El crimen anidó muy hondo en la sociedad, pero más hondo ha sido el clamor de nuestra dignidad humana que vive en estas laderas y valles”.

“Vivimos un parto muy doloroso de algo nuevo, vivimos un parteaguas de la casa común. Son dignos descendientes de los ancestros zapotecas los hermanos de la cabecera municipal y somos dignos nosotros, descendientes de otros pueblos y culturas también milenarias; hacemos los trabajos cotidianos que sostienen y protegen la vida diaria: empleadas domesticas, choferes, albañiles, estudiantes, limpiadores de parabrisas, vendedores ambulantes de la calle, empleados de tiendas u oficinas, hacemos tortillas o separamos y reciclamos desechos”, puntualizaron.

¿Es indigno limpiar la vida diaria? ¿Son desechables nuestras labores? Somos humanos como todos, con valores y miserias. Tenemos esperanza de una vida digna para todos. Un mundo incluyente y digno es posible para todos, reforzaron.

Entonces, “hacer un concierto sobre los desechos compactados del tiradero, es cantarle a la vida, a la dignidad humana, a la esperanza que nos sostiene y queremos compartirla con quienes pretendan un sociedad incluyente, pacífica, justa y digna para todos. Es afirmar la vida por sobre la corrupción, la impunidad o el crimen. Los muros de la exclusión están también dentro de nosotros y entre nosotros”.

Como testigos de que los valores humanos y artísticos se construyen estuvieron presentes integrantes de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, la Red Nacional de los Derechos Humanos: “Todos los derechos para Todos”, Servicios y Asesoría para la Paz y Organismos Civiles locales.

El proyecto musical conformado por la Banda de Música, la Orquesta de Cámara de Cuerdas y la Orquesta Sinfónica, inició en el año 2011 como una alternativa de recreación y esparcimiento para las y los niños de esta zona que viven en situación de vulnerabilidad, confió el director de la Escuela de Música, Camerino López Manzano.

Ahora, “debido a los hechos de violencia ocurridos recientemente en esta agencia, lo que queremos es que la gente también vea la parte artística y humana que tenemos y aprecie el talento de nuestros habitantes”.

“La finalidad de esta Escuela de Iniciación es ofrecer a las niñas y niños una opción distinta a lo que viven ellos en las calles para que puedan mantenerse alejados de la violencia o vicios”, puntualizó.

Actualmente participan 80 niños de entre 7 a 15 años; algunos son de la agencia Vicente Guerrero y otros de colonias aledañas. Todos reciben clases de solfeo e instrumentos de lunes a viernes.

El director y fundador de la Organización “Amigos de Pimpollo”, Bonifacio Luis Hernández, fue directo al afirmar que “la idea general es mostrar lo positivo que tiene esta zona del basurero que ha sido catalogado y estigmatizado por la sociedad luego del conflicto que se suscitó por la organización 14 de junio”.

El padre de la Parroquia de San Bartolo Coyotepec, José Rentería, calificó este concierto como “una experiencia muy bella artísticamente pero muy noble humanamente porque pensar que en un lugar tan simbólico como el tiradero, porque lo primero que llegó fue la basura, los desechos y después llegó la gente y en ese lugar que generó mucha corrupción, impunidad y crimen, ahora se esté desarrollando un concierto de música muy variado con un esfuerzo muy notable de muchas personas y niños con un mensaje de paz y que los hombre podremos ser hermanos”.

A un mes de los hechos violentos, dijo que se logró romper el estigma de la violencia porque estuvieron presentes alrededor de mil 400 gentes y eso habla de los deseos de muchas personas de construir una cosa distinta.

Lo mas importante es que se supero el miedo porque había expectativas que no iba a haber participación y hubo una asistencia de mil 400 personas.

Mientras repartía tamales a los asistentes, el Agente municipal de Vicente Guerrero, Francisco Valencia, manifestó que con el concierto “le queremos decir al pueblo de Oaxaca y al gobierno que tenemos gente talentosa que quiere una agencia y 33 colonias en paz”.

 

Y es que “está latente el síntoma de miedo, pero estamos generando conciencia en la misma población de que somos gente de paz y por ello le pedimos al gobierno que haga justicia y se den estas condiciones para la reconstrucción del tejido comunitario”.

El presidente de la colonia Impulso, Apolinar Trujillo Almaraz, reconoció que “anteriormente se tenia ese miedo con esas personas de la delincuencia organizada, pero aquí somos 33 colonias con dos agencias que van a seguir luchando por su vida y queremos que el gobierno voltee a vernos que somos gente de paz, no somos como aquella gente que matada, hace daños, secuestros, robaba y violaba a mujeres. Que el gobierno se de cuenta que somos gente de lucha y demostrar que somos gente de paz”.

Hizo hincapié que “hace un mes era el infierno. Ahora ya tenemos tranquilidad, ya esas gentes ya no están. Ellos mismos buscaron ese problema, hemos aguantado, pero la gente se cansó y cuando pasó ese desastre tratamos de defender la colonia y ahora aquí estamos organizados”.

CONCIERTO EN EL BASURERO

“No basta con hablar de paz, uno debe creer en ella. Y no es suficiente con creer, hay que trabajar para conseguirla”, Eleanor Roosevelt. Con este pensamiento inició el concierto en el tiradero municipal.

Ahí estuvieron también, aunque sea con sus reflexiones, Antoine de Saint-Exupery y Mahatma Gandhi.

Los niños vestían playeras o camisas blancas con un pantalón oscuro, mientras que las niñas portaban orgullosas blusas típicas de Oaxaca con bordados multicolores con sus  oboes, cornos, clarinetes, trompetas y trombones, interpretaron las obras de artistas locales como el oaxaqueño Amador Pérez Torres con su danzón Circulando o la Negra Tomasa del cubano Guillermo Rodríguez Rife, así como Llorando se fue de Kaoma, hasta And I Love Her de los Beatles, un día de noviembre, de Fredi Pacheco Zaragoza, Romanza y Firs You de Ennio Morricone.

Así como obras de Gioachino Rosinni, Franz Joseph Haydn, Johann Strauss, Ludwig Van Beethoven, con su Himno a la alegría que fue cantado por los presentes y en el lenguaje de señas por la pastoral de sordos de la parroquia de San Bartolomé Apóstol.

Luego vino son calenda, sones y jarabes mixes y cerró el concierto el himno de los oaxaqueños el Dios nunca muere.

Antes de concluir se entregaron reconocimientos, entre ellos, un diploma post morten a la niña Cristina Yaneli Juárez Ortiz, clarinetista de la filarmónica y quien falleció de cáncer en el Hospital de la Niñez y logró mover el corazón de los directivos para dar conciertos a los infantes de cancerología. Al final se le guardó un minuto de silencio.

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