Emmanuel González-Ortega

Un gran porcentaje de productos alimentarios producidos en México de manera industrial están elaborados con maíz transgénico y contienen un herbicida altamente tóxico: el glifosato.

El estudio recientemente publicado en la revista internacional “Agroecology and Sustainable Food Systems” fue elaborado por investigadores de las universidades Nacional Autónoma de México (UNAM), Autónoma Metropolitana, de México y de la Universidad de la República de Uruguay.  Dicho estudio analizó la presencia de maíz transgénico en productos elaborados industrialmente. Esta investigación es la primera a nivel mundial que analiza la presencia de transgenes en el alimento fundamental para la población de un país (México en este caso) y al mismo que ese país sea el centro de origen y diversificación del cultivo. Acá aplica la ya famosa consigna: ¡Sin maíz no hay país!

El estudio se publica en un momento crucial para México en muchos aspectos que de manera directa o indirecta inciden en la producción y abastecimiento de maíz; tales aspectos son el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica entre Canadá, Estados Unidos y México; las recientes aprobaciones de las Leyes de Biodiversidad y de Desarrollo Forestal Sustentable;  y muy importante, el proceso de demanda colectiva que exige la prohibición a la siembra de maíz transgénico en México.

La población mexicana consume una gran cantidad de alimentos derivados del maíz (un promedio per capita de 0.5 kg diariamente), por lo que el estudio analizó la presencia de transgenes en casi 370 diferentes muestras de alimentos, agrupadas en categorías que representan los alimentos elaborados de manera industrial con maíz: tortillas, tostadas, harinas, botanas y cereales (para desayunar). En resumen, productos que se encuentran disponibles tanto en grandes áreas de consumo, como puntos de venta minorista, y son masivamente consumidos en el país.

De forma inesperada y alarmante, se encontró que el 82% del total de las muestras analizadas contenía algún ingrediente transgénico. Al analizar la presencia de secuencias transgénicas, se encontró que 90% de las tortillas analizadas (el alimento de maíz más consumido en México) contenía ingredientes transgénicos y más del 83% de todas las harinas analizadas contenían maíz transgénico. El 50% de los cereales de desayuno analizados contienen transgenes.

Se determinó la cantidad de ingredientes transgénicos presente en un grupo de alimentos (107 muestras diferentes). Se encontró que en 46 de ellos el contenido de transgenes era mayor al 5%, lo cual desde el punto de vista de consumo crónico (tal y como lo son los alimentos de maíz en México) podría ser muy grave para la salud de la población.

El estudio monitoreó la presencia de seis diferentes tipos de maíz transgénico: maíz modificado para producir insecticida (toxina Bt), y maíz modificado para tolerar los herbicidas glifosato y glufosinato de amonio. Los nombres (eventos) de tales maíces transgénicos son: Bt11, Bt176, Mon810 (maíz resistente a insectos);  NK603, GA21 (maíz tolerante al herbicida glifosato), y TC1507 (maíz transgénico resistente a insectos y tolerante a glufosinato de amonio). El evento transgénico de maíz mayormente encontrado en el estudio fue el maíz NK603 (60% del total de alimentos analizados). Casi 70% de las tortillas analizadas resultaron positivas para este tipo de maíz transgénico, el cual ha sido estudiado en cuanto a los riesgos potenciales a la salud, y que en ocasiones previas hemos comentado (http://pagina3.mx/2017/01/al-grano-sera-nutritivo-el-maiz-transgenico-que-produce-cadaverina-y-putrescina/).

Este estudio también comparó la cantidad de tortillas producidas industrialmente que contenían transgénicos con tortillas producidas artesanalmente (producción local en pequeña escala y supuestamente con maíces nativos). Se encontró que estadísticamente, las tortillas elaboradas artesanalmente tienen menos secuencias transgénicas, lo cual se puede deber a la adición de harina de maíz elaborada industrialmente durante el proceso de elaboración de las tortillas artesanales.

El glifosato es el herbicidas más usado a nivel mundial y su aplicación en la producción agrícola ha aumentado exponencialmente desde la implementación de los cultivos transgénicos (maíz, soya, algodón, entre otros). Recientemente el glifosato fue clasificado por la Organización Mundial de la Salud de la ONU como probablemente cancerígeno para humanos, se han documentado científicamente daños provocados por este herbicida (http://pagina3.mx/2016/05/pesticidas-y-ninez-el-futuro-nos-esta-alcanzando/ ) e incluso países de Europa han prohibido su uso. El estudio de la UNAM analizó la presencia de glifosato en un grupo de harinas, tostadas, cereales y tortillas (producidas industrialmente y artesanales) y se encontró que una tercera parte del total de las muestras analizadas (n=36) contenían trazas de glifosato, específicamente las muestras de botanas, harinas y tostadas. De manera relevante, ninguna de las muestras de tortillas artesanales tenían glifosato. Este resultado indica claramente que la agricultura y producción campesina cuida el medio ambiente, y la salud de los consumidores, mientras que la agricultura industrial utiliza sustancias tóxicas que dañan la salud de la población.

Hoy 16 de octubre se celebra en todo el mundo el día mundial de la alimentación. ¿Ante estos datos hay motivos de celebración? En el contexto general, los resultados del estudio indican que en México no existe la soberanía alimentaria, se depende en gran medida de insumos agrícolas producidos industrialmente para la alimentación de la población que en gran medida vive en las mega ciudades (más del 77% de la población de México vive en alguna ciudad), es decir, actualmente la mayoría de la gente no tiene la posibilidad de producir sus propios alimentos.

Adicionalmente, el estudio devela la violación de un grupo de derechos: el derecho a la alimentación sana y culturalmente apta, el derecho a la información (¿Las empresas o autoridades consultaron o informaron a la población sobre los alimentos que se producen o se comercializan?); el derecho a la salud (¿las autoridades están enteradas o han hecho estudios en la población mexicana sobre los potenciales daños a la salud por el consumo crónico de transgénicos y glifosato en los alimentos?); derecho a un medio ambiente sano y sostenible.

¿Qué es la soberanía alimentaria? Es el derecho de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas agrícolas, alimentarias y agrarias, que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus circunstancias exclusivas.

Organizaciones internacionales como La Vía Campesina han lanzado una propuesta de reforma agraria, que pone a la Soberanía Alimentaria como eje principal. La propuesta implica la recuperación y defensa de los territorios, la participación activa de las mujeres y los jóvenes, la implementación de prácticas agroecológicas (sin transgenes ni agrotóxicos), entre muchas otras iniciativas (https://viacampesina.org/es/wp-content/uploads/sites/3/2017/10/Publication-of-Agrarian-Reform-ES.compressed.pdf).

Fenómenos tales como el calentamiento global, la disminución drástica de especies polinizadoras, la contaminación masiva del suelo, el aire, el agua con agroquímicos y la presencia de transgenes y glifosato en los alimentos son reflejos de un sistema mundial de producción agrícola industrial fallido, por lo que es urgente plantear otros modelos de producción de alimentos.

Más información:

http://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/21683565.2017.1372841