Inundaciones en San Mateo del Mar.

Diana MANZO / Corresponsal

San Mateo del Mar, Oax., (#pagina3.mx).- Pareciera que fue ayer, pero ya se cumple un mes del terremoto del 7 de septiembre, cuando la tierra tembló fuertemente y provocó que del suelo brotara agua e invadiera cientos de viviendas en San Mateo del Mar, pueblo ikoots ubicado en el Istmo de Tehuantepec, el cual también ha sufrido la afectación que han dejado las lluvias en la última semana, el nivel de la laguna Quirio aumentó y ahora se ha conectado con el océano Pacífico.

Las viviendas inundadas son aproximadamente unas 500 en la cabecera municipal, Ruby y su familia viven en la segunda sección, sus pequeñas casas que son de palma quedaron inservibles junto con sus pertenencias y hornos de comixcal que usaban para elaborar sus tortillas y pescados al horno para luego venderlas como forma de vida.

Además de las casas cubiertas por el agua del mar y de la lluvia, muchas otras se hundieron con la fuerza del temblor de la tierra, inclusive a los diez centímetros es posible encontrar agua con tan solo realizar una excavación con una pala o pico.

“Al mar se le respeta, porque es nuestra casa ” expresó Ruby, quien pertenece a la comunidad de la diversidad sexual y junto con sus vecinos ha emprendido una cocina comunitaria para dar alimentos a los niños, adultos y mayores damnificados.

Según los datos oficiales de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), encargada del censo en esta zona, más de mil viviendas están colapsadas, 944 presentan daño parcial habitable, 588 daño parcial no habitable, 231 serán perdida total y dos personas perdieron la vida al colapsarse sus viviendas.

Esta localidad de origen huave se rige por el sistema normativo interno (usos y costumbres), en la cabecera municipal habitan cerca de 4 mil habitantes, unos 2 mil están afectados incluyendo a Ruby y su familia, mientras que sus diez colonias que son sus agencias municipales también.

Aquí el 90 por ciento se dedica a la pesca y mujeres en la elaboración de totopos, Rafael Carbajal es pescador, pero no ha ido a la pesca, teme que otro nuevo terremoto llegue, por el momento no entrará porque el miedo lo abraza aún.

“Prefiero no salir y estar con mi familia, mi esposa y mis dos hijos tienen miedo a las constantes replicas, la noche del terremoto no estaba con ellos, me agarró en una playa, había ido a pescar, fue muy horrible, sentimos el fin del mundo, todo se movió y un ligero viento nos aviso que algo había ocurrido, no recuerdo como salimos, estábamos a un kilómetro, mi casa de block y techo de palma se hundió aproximadamente 30 centímetros, he comenzado a limpiarlo para volver a construirlo”.

Algunas familias piensan en la reubicación en una zona más alta de la comunidad, otras no, la decisión es complicada, como dice Ruby “el mar nos da de comer y aquí estaremos hasta que Dios nos lleve”.

La mayoría de los damnificados vive en la calle, montaron sus pocas lonas que han conseguido como sombra para el sol y la lluvia, además los hombres se organizan como vecinos vigilantes ante la inseguridad que también es otra de sus tantas preocupaciones.

“De noche nos turnamos, entre replicas y cuidarnos de los asaltos no pegamos el ojo, ha sido difícil esta situación, estamos sin casa y en la calle, a un mes nos duele esta situación, de las autoridades solo recibimos apoyos a cuenta gotas y la mayoría es de gente que no conocemos pero que les damos lastima, porque aquí están, vienen de lejos y nos dan comida”, expresó Ruby.

Como en otras comunidades, la sociedad civil es la que ha brindado el apoyo solidario a las familias, por ejemplo la cocina comunitaria que Ruby y sus vecinos encabezan es abastecida con víveres donados por pobladores de Jalapa del Marqués, las autoridades federales y de Oaxaca arribaron cinco días después y hasta el momento solo llevan el 30 por ciento de avances.

“Aquí nos hemos organizado nosotros, no estamos esperando que la autoridad nos de alimentos, la gente solidaria se acerca, no es mucha, porque la mayoría se queda en las entradas dando sus apoyos, en las colonias y son pocas las que llegan, pero a ellas les agradecemos que hoy tenemos nuestra cocina comunitaria”, señaló.

Los conflictos políticos e internos mantienen a San Mateo del Mar sin presidente municipal y los que han reaccionado ante esta emergencia han sido las figuras comunitarias como alcaldes, topiles, jefes de manzana y policías comunitarias.

A la entrada de San Mateo las mujeres encabezan las filas cuando llegan los apoyos y otras portando sus trajes típicos (enaguas y huipiles) están sentadas a la orilla de la carretera esperando que un camión se detenga y les de víveres, es tanta la necesidad porque no hay empleo.

Los pescadores aún no están preparados para entrar al mar, algunos si lo han hecho por que no hay de otra, Rafael prefiere esperar, mientras tanto comen el atún y la sardina enlatada y también beben la leche que le han regalado así como reciben comida de las cocinas comunitarias incluyendo la que habilitó la Secretaria de Marina Armada de México.

Roselia Gutiérrez Luis, es la primera topil jefa de la primera sección de San Mateo del Mar explicó que la reconstrucción será lenta en la comunidad debido a que las casas no se han podido derribar porque están llenas de agua e imposibilita la entrada de maquinaria, por lo que hasta el momento el avance es de un 30 por ciento.

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Reconoció que la figura comunitaria es la que ha emprendido el apoyo en esta localidad a falta del presidente municipal, por lo que es urgente que los apoyos lleguen sobre todo en lonas y cubiertas de plástico para aquellas personas que perdieron sus casas y para resguardo de pertenencias.

“En un principio la situación estuvo critica, a los 4 días después del terremoto el gobierno llegó aquí, por fortuna hemos ido avanzando, tenemos pozos de agua que se han habilitado, sanitarios móviles, cocina comunitaria y la ayuda solidaria ha sido magnifica para que poco a poco se vaya mejorando en San Mateo del Mar”, señaló.

Ruby no había vuelto a pisar su casa, después de 29 días la fue a ver, camino entre las aguas del mar y de la laguna, entre las negras del desagüe también, todo se ha mezclado y exclamó: “Ya vez, no quedó nada, el bastidor de la hamaca de mi padre esta desecho, mi horno no sirve, no tengo casa, pero no puedo ponerme a llorar, mejor no quiero acordarme, solo te digo lo que los abuelos dicen, al mar hay que tenerle respeto”.