Biguié… culto a los muertos zapotecas que se niega a morir

Diana Manzo/Corresponsal

JUCHITÁN, Oax.-, (pagina3.mx).- El viento que mueve las hojas y la luna que alumbra las noches de los zapotecas son símbolos naturales de que octubre est´z por irse, pero más aún son los olores que van apareciendo  al mezclar el fuego con el  sahumerio, es la celebración del Biguié o culto a los muertos en esta ciudad.

Los aromas que desprenden el cempasúchil y flor de terciopelo (Cresta de gallo), las frutas de mil colores y velas aromáticas son los signos de la llegada del Biguie´ que significa culto a los muertos y se representa por un retablo llamado Beedxé, que significa jaguar, animal totémico de los pueblos indígenas.

En otros hogares realizan un altar de nueve pisos que es una tradición mestizada, que se efectuó a la llegada de la conquista española con la incursión de la religión católica.

Asimismo al Biguié,  también algunos zapotecas le llaman Xandu´ (Día de muertos) y que  se divide en Xandu ya´o Xandu ´iropa , el primero se refiere cuando el difunto apenas cumple los cuatro meses y el segundo cuando ya tiene un año o más de haber muerto, posteriormente los familiares colocan únicamente una ofrenda pequeña por el resto del tiempo.

LA TRADICION INDIGENA

Para los Binigulaza (zapotecas), el Biguié es una tradición milenaria, es la relación entre los vivos y los muertos. El cronista juchiteco Tomás Chiñas Santiago narró que esta celebración es la alegría de los vivos de volver a ver a sus muertos, aquellos que ya partieron al cielo y a su regreso le dedican ofrendas.

[quote_left]“En todo el Istmo, según los pueblos y sus tradiciones, la celebración del Día de Muertos es mágico, los zapotecas elaboran el Biguié, el cual es una ofrenda ancestral y que hasta hoy en día se niega a morir”, resaltó.[/quote_left]

En un recorrido hecho por la Ciudad de Juchitán, principalmente en las secciones quinta, séptima y octava, la celebración del Biguié se efectúa el 30 de octubre y para la parte norte de Juchitán lo realizan el 31.

“A la llegada de los españoles a Juchitán se da una fusión de dos culturas; sin embargo, los Binigulasa (auténticos zapotecos) no acataron los días de celebración impuesta por los conquistadores que son el 1 y 2 de noviembre, ellos impusieron la fecha 30 y 31 de octubre”.

Chiñas Santiago expresó que Juchitán es una de las ciudades con mayor arraigo cultural de esta celebración. “Cuentan que cuando Juchitán vivió conflictos políticos y sociales, el pueblo se dividió en partido rojo y verde; los primeros celebran el día de muertos el  30  de octubre realizando su ofrenda con el biguié. Mientras que los de la parte norte de la Ciudad realizan altares el 31 para niños y adultos, es decir ellos adquirieron todas las enseñanzas del pueblo español.

El BIGUIÉ o BEEDXÉ

La fiesta de los Binigulaza en el culto  a los muertos es el Biguié  que significa Flores del Viento y el cual consiste en un retablo rústico, se elabora con rollo de palma, hojas frescas de guiedana (cordoncillo), flor de  cempazúchil, cresta de gallo, refirió Tomás Chiñas.

Abundó que el Biguieé va más allá de las tradiciones del Día de Muertos, es la esencia de recibir a un familiar en tu casa, convivir con él durante varios días y consentirlo con su comida favorita.

[pull_quote_center]“Al terminar el retablo se cuelgan panes de azúcar y se pone el nombre del difunto, en el piso se extiende un petate de palma donde se colocan otros ofrecimientos como cocos, alimentos, bebidas, fotografía del finado o finada, un vaso de agua, en el lugar se ilumina con cirios y veladoras de incienso de copal ( Gushu Bido), en la entrada  principal se ponen tallos de palma y caña para dar recibimiento a los muertos”, expuso.[/pull_quote_center]

Tomás Chiñas dijo que el Beedxé para los zapotecas es un centro sagrado, es el recinto donde se realiza el contacto con el muerto y el vivo. “Para los zapotecas, significa que es el núcleo de la tierra, es el universo mismo, por eso rinden culto a esto y mucho más”.

EL ALTAR

En otros pueblos del Istmo, los zapotecas y otras culturas  realizan el tradicional altar, el cual es adoptado tras la llegas de los españoles y fue impuesto por la religión católica. En Juchitán la parte norte lo realiza y lo celebra el 31 de Octubre.

Los binizá (zapotecas contemporáneos) han adoptado en su mayoría los altares, el cual son gradas con tablas o estructuras que son cubiertas de sabana blanca y papel picado, en la parte superior colocan una imagen católica y en el resto de las tablones, son colocados las frutas, flores, velas y todas las delicias que eran favoritas del difunto, la fotografía del difunto, vaso de agua y diversas bebidas.

LA VÍSPERA AL CULTO A LOS MUERTOS

El sacerdote Juan López Ruiz opinó que la Iglesia Católica celebra con pasión esta ofrenda dedicada a los muertos y que en la región del Istmo es muy peculiar la celebración, porque el Xandú significa compartir la luz de la vida.

Señaló que los rezos se hacen en víspera al culto a los muertos “comienzan por el día 24 y 25  de octubre y se llevan a cabo como alabanzas en espera del familiar difunto, es la forma de abrirle el camino con luz para una llegada plena”.

El cura mencionó que los rezos se hacen a cualquier hora del día,  al concluir  los familiares comparten bocados como muestra de agradecimiento a los acompañantes.

LA OFRENDA A LOS VIVOS

A muy temprana hora del 30 de octubre, se recorrió una de las secciones con mayor  tradición de Juchitán, que es la séptima sección, en la casa de Aberta Vicente Santiago, “Na Alberta Eusebio”.

Al llegar a este domicilio, una de sus hijas, Maura Martínez Vicente resaltó que es el primer Todosantos que realizan como familia para su madre, quien falleció el año pasado, el 14 de julio de 2013.

Contó que esta tradición es muy bonita y no debe perderse; sin embargo, dijo que es muy cara, la inversión es de aproximadamente 10 a 15 mil pesos, debido a que para los preparativos del velorio se comparten tamales, atole, café y mezcal con sus amigos y familiares, quienes los visitan las noches del 30 y 31 de octubre.

En otro de los hogares, el de Alicia de la Cruz Laureano, a ella sus familiares, esposo, hermanas e hijas le prepararon un altar de nueve pisos, como a ella le gustaba, con flores olorosas y abundante fruta así como sus platillos preferidos.

[pull_quote_center]“Mi mamá falleció hace un año, ella quería que le hiciéramos un altar, por eso le cumplimos, sabemos que esta con nosotros porque anoche la tabla del altar sonó como una palmada, eso significa que esta conviviendo y esta disfrutando de sus flores, bebidas , comida y frutas que le colocamos”, detalló  una de sus hijas.[/pull_quote_center]

La mañana del 30 y de este  31 de octubre, los familiares hombres y mujeres visitan la casa del difunto, los hombres comienzan a arreglar el altar o el beedxé’; por su parte las mujeres realizan los tamales de hoja de plátano, pollo y mole negro”.

A media mañana, las mujeres salen a visitar las ofrendas, llevan flores de cempasúchil,  dan su apoyo económico (limosna) y una veladora,  a cambio reciben dos tamales y un pan; mientras tanto los hombres también aportan su contribución económica, los invitan a cenar y permanecen en el velorio.

La música es imprescindible, no puede faltar en este tipo de celebraciones y se cantan o interpretan las canciones preferidas del difunto.

Finalmente, para el 3 de noviembre -a partir de las 3 o 4 de la tarde-,  el altar o biguié se levanta después de realizar un rosario, porque según cuentan los zapotecas, es a esta hora en que las almas retornan a su lugar de origen.

Mientras tanto, las frutas y los alimentos se comparten con los amigos y familiares como muestra de agradecimiento por su acompañamiento en este culto a los muertos.