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Mujeres y política | Oaxaca, caldo de impunidad
Por Soledad Jarquín Edgar
13 de abril, 2015
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Soledad JARQUÍN EDGAR

OAXACA.- La semana pasada se cumplieron siete años del asesinato de Felícitas Martínez y Teresa Bautista, locutoras triquis asesinadas mientras viajaban de San Juan Copala a Oaxaca; también se cumplieron dos años del asesinato de Dafne Carreño Bengoechea, una joven de 21 años a manos de su ex novio y esta misma semana, el diario El Imparcial reportó cuatro asesinatos más de mujeres en Oaxaca. 

Siguiendo el recuento hemerográfico de Consorcio Oaxaca, la cifra fatídica de asesinatos contra mujeres cometidos en los últimos cuatro años, tres meses y días, es decir, el tiempo de la actual administración de gobierno, alcanzó un total de 369 hechos de violencia feminicida extrema cometidos contra mujeres.

Oaxaca es un caldo de impunidad. La violencia contra mujeres un hecho concreto, con víctimas que tienen nombre y apellido y familias que esperan justicia, poco o nada han recibido, apenas una que otra reunión, apenas una que otra palabra de aliento, pero de justicia nada.

Sin embargo, insisto, todo indica que poco o nada importa la violencia contra las mujeres. Eso es evidente. En Oaxaca es preciso resolver lo otro, el enredo político: el conflicto magisterial, los bloqueos incesantes y absurdos que no provocan ningún malestar a quienes “trabajan” al frente de la administración pública, no. Esta crisis, esta permanente parálisis, a veces por grupos y organismos sociales, sindicales, corporaciones policiacas o estudiantiles y la más reciente por transportista, particulares, empresarios, que gozan de los beneficios del poder, los que se otorgan a través de una concesión, esos fueron quienes tomaron la ciudad, la cercan en busca de un aumento a su tarifa y que la ciudadanía le haga como pueda. ¡A quién le importa la población!

El gobierno encabezado por Gabino Cué reporta pérdidas graves. Medir fuerzas con cuanto grupo u organismo se plante frente a él, le ha traído serias consecuencias. La repartición del pastel entre los partidos que coaligados prometieron el cambio no ha dejado buenas cuentas y sí muchas decepciones. Solo quienes se niegan a ver las cosas insisten en lo contrario y como sucedió desde el primer día de aquel diciembre de 2010, siguen responsabilizando de la situación a los que se fueron.

La sección 22 encabezó el año pasado y en lo que va de este la mayor parte de esas movilizaciones. Luego vino el paro de los policías que terminó con el despido de Alberto Esteva como Secretario de Seguridad Pública y a quien premiaron como “jefe” de asesores de Cué. Ahora son los transportistas. Nada nuevo bajo el sol, durante años usuarios y usuarias del transporte público local han denunciado el mal estado de los camiones, los malos tratos de los choferes, la delincuencia a bordo del transporte, el acoso sexual a mujeres. Se trata de una buena cantidad de camiones chatarra circulando por las calles de Oaxaca, a veces de tres en tres y en otras de diez en diez, cuadras enteras de camiones lentos y casi vacíos. Transporte obsoleto por contaminante y por el enorme tamaño para una ciudad de calles angostas. Del otro lado, nadie escucha nada. ¡A quién le importa la población!

Ni duda cabe. En materia de transporte público las cosas estaban con alfileres, al menos así parece las dejó el priista arrepentido y ahora candidato del PRD a una diputación, José Antonio Estefán Garfias, y así las tomó el panista Carlos Moreno Alcántara con quien, hoy por hoy, Cué exhibe un desacuerdo evidente: por un lado el mandatario oaxaqueño dice que no se autorizó el aumento, lo que lleva a la parálisis, a los bloqueos, pero los cotidianos habían reportado lo contrario desde la comparecencia del titular de la Secretaría de Vialidad y Transporte. Y como siempre fue un sí pero no o un no pero sí.

Como sea, esos son los hechos que le preocupan a Cué y al Gabinetazo. Sobre la violencia y los hechos que evidencia un acumulado de casos nunca antes visto, al menos no en las dos anteriores administraciones y no porque fueran mejores, nunca lo fueron, son todos igualitos, finalmente Murat, Ulises y Cué son hijos del mismo padre. La orfandad la vivimos quienes debemos sortear la vida en Oaxaca y quienes no dependemos de ningún extraño privilegio como una concesión para esperar la cuenta de mil 700 pesos al día, como declaró una de la empresarias transportistas, familias que poseen flotillas completas, o como los maestros que trabajen o no, reciben puntualmente su sueldo. Magisterio y transportistas totalmente mimetizados.

Nadie responde del lado oficial. No hay nadie al frente de las instituciones. Lo que lleva al tema central de este día. A los resultados que hoy vemos con horror y que no dejará nunca de causar dolor: el asesinato de mujeres y en general la violencia contra las mujeres.

De manera consecutiva el reporte  policiaco es fatídico: Rocío Blanca Graciela Flores, quien fuera simpatizante de la Asamblea de Pueblos Indígenas del Partido Unidad Popular, fue asesinada por un grupo de hombres quienes le dispararon mientras hacia ejercicio, en el municipio de San Sebastián Tecomaxtlahuaca, en la región de la Mixteca oaxaqueña.

Al siguiente día (viernes 10 de abril) este periódico reportó “Otros dos feminicidios”, la nota refiere este asesinato y Maribel Ponce López quien recibió de su o sus victimarios un total de 30 puñaladas además de ser estrangulada con el cable de una computadora, hechos ocurridos en Juchitán de Zaragoza, en la región del Istmo de Tehuantepec.

Por tercer día consecutivo, este sábado, la noticia periodística es tan terrible como las otras, se refiere al hallazgo del cuerpo de una mujer en terrenos pertenecientes a la Villa de Zaachila, municipio ubicado en la región de Valles Centrales. La víctima, cuyo nombre se desconocía, fue encontrada desnuda tirada a la orilla de la carretera 175. La edad estimada es de entre 18 y 20 años. El reporte médico forense, según la nota de El Imparcial, la joven murió por fractura y traumatismo craneoencefálico por golpes y fue atacada sexualmente.

Y, este domingo, otra nota lamentable. El cuerpo de una mujer de más de treinta años flotaba en la laguna de Playa Brasil, en el puerto de Salina Cruz, como las otras, en este caso los forenses reportaron huellas de violencia física.

Narro estos hechos, lamentables siempre, porque la saña es prueba evidente de la misoginia. Narro estos hechos porque los asesinatos de mujeres revelan la condición de inseguridad que se vive en Oaxaca, a pesar de que dicen que “no pasa nada”.

Esta misma semana, también recordamos el asesinato de Dafne Carreño Bengoechea, hechos ocurridos el 9 de abril de 2013. En entrevista con esta periodista, su madre Zoila Bengoechea reveló que aún no es sentenciado el asesino de su hija, Alejandro Enrique Rivera López, quien asestó siete puñaladas y otras heridas, además de ahorcarla cuando estaba muriendo. Alejandro Rivera López está detenido porque fue alcanzado por la policía pero de acuerdo con la madre de Dafne “vive dentro de la prisión pero tiene privilegios”, se refiere a los privilegios del dinero y la corrupción que imperan en las cárceles locales y federales.

También esta semana, recordamos el asesinato de Felícitas Martínez y Teresa Bautista, ocurridos en 2008, cuando entonces era gobernador Ulises Ruiz y quien a través de sus testaferros se encargó de decir que las jóvenes no eran locutoras, porque para algunos pertenecer a un sistema comunitario de comunicación no es ser periodista ni locutor. Pero Felícitas y Teresa eran locutoras de La Voz que Rompe el Silencio, radio comunitaria que transmitía desde San Juan Copala, una servicio que ambas prestaban a su pueblo. El tiempo llevó a muchas personas a tragarse sus palabras cuando se les otorgó el Premio Nacional de Periodismo en 2009, apenas a un año de su asesinato que como los anteriores y los recientes, siguen flotando en el caldo de la impunidad.

Y mientras Gabino Cué es exhibido por su ineficiencia, algunas funcionarias por se exhiben en fiestas, pachangas y comidas, sin que a pesar de las cifras, los conteos, los hechos concretos de cada día, de los últimos tres días, no hay hasta hoy, ningún pronunciamiento de las instituciones públicas de Oaxaca. Ni una disculpa por sus torpezas y sus omisiones perversas.

Hay silencio. Yo entiende ese silencio. No tienen nada que decir, excepto que no han hecho nada, absolutamente nada, ni para prevenir la violencia ni para visibilizar ese fenómeno ni como sucede en el legislativo, para armonizar las leyes, o en el Poder Judicial para evitar las torpezas de jueces y juezas vendidas al mejor postor. Como Alberto Ángeles Villalobos que concedió un amparo al asesino de Dafne, o la jueza de lo familiar, Elizabeth Roxana López Luna, quien fue exhibida esta semana de acusar a una mujer “de ser mala madre” y pretendió quitar la custodia de sus hijos para otorgarla al violento padre de los niños, quien había sido acusado por la víctima. Se presume un probable tráfico de influencia a través del abuelo de los niños, ex diputado federal del entonces partido Convergencia, José Luis Varela, de quien existen testigos reclamando airadamente a López Luna por no haber resuelto las cosas como previamente se habían acordado. ¿Es o no es corrupción?

Insisto, la violencia en Oaxaca viene de las instituciones, los otros son sus perpetradores.

@jarquinedgar

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