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AL GRANO: Otro herbicida usado masivamente en la biotecnología agrícola es relacionado con cáncer

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Emmanuel González-Ortega

¿Cual sería el efecto en el cuerpo humano al combinar una sustancia probablemente cancerígena con una sustancia posiblemente cancerígena?

La pregunta no es ociosa. Expliquemos el porqué. Hace menos de tres meses un grupo de científicos que colaboran con la Organización Mundial de la Salud (OMS) declararon al herbicida mayormente usado a nivel mundial, el glifosato, como probablemente cancerígeno. Este compuesto acompaña de manera casi inseparable a los cultivos transgénicos (soya, maíz, algodón) disponibles comercialmente en muchos países del mundo, México incluido. Debe mencionarse que actualmente hay plantas consideradas como ‘malezas’ que son resistentes al glifosato y que crecen sin control en los monocultivos, por lo que en la agricultura industrial se utilizan otros herbicidas.

El grupo de científicos de la OMS lo volvió a hacer: hace una semana clasificaron a otro herbicida, el  2,4-D ácido diclorofenoxiacético (lo llamaremos simplemente 2,4-D) como posiblemente cancerígeno. El 2,4-D fue uno de los primeros herbicidas sintetizados en la década de los 1940s y se usa actualmente -y cada vez más- en la agricultura intensiva.

La historia del 2,4-D no es demasiado grata. El compuesto llegó a ser uno de los ingredientes principales del llamado Agente Naranja, un herbicida utilizado por las fuerzas armadas de los Estados Unidos entre los años 1961 a 1971 durante la guerra de Vietnam con el objetivo de defoliar los árboles de la selva (para visibilizar al enemigo) y para eliminar la producción de alimentos de la resistencia vietnamita. Durante la guerra en Vietnam se usaron más de 43 millones de litros de Agente Naranja y como se puede uno imaginar, los efectos en la población fueron desde dolores crónicos de cabeza, discapacidad mental hasta malformaciones congénitas o cáncer. Muchos de los efectos tóxicos provocados por el 2,4-D siguen presentes en la población de Vietnam de hoy día.

Actualmente, el 2,4-D es vendido principalmente por la empresa Dow Chemical, que en 2014 registró un valor de mercado de 7300 millones de dólares. Ante la reclasificación de este químico, la compañía ha comentado que no es la única que vende el compuesto y que tanto el gobierno de los Estados Unidos como otras agencias reguladoras de otros países han certificado la inocuidad del herbicida. Claro, estas clasificaciones se generaron antes del estudio de la OMS, pero la misma compañía actualmente ofrece el herbicida ‘Enlist Duo’ (http://www.enlist.com/en/how-it-works/enlist-duo-herbicide) que combina el efecto herbicida (¡y por supuesto, el efecto tóxico!) del glifosato y del 2,4-D.  La división agrícola de Dow ha generado una variedad de maíz transgénico que es resistente a los dos herbicidas, por lo que se puede prever que al menos en Estados Unidos las ventas de glifosato y 2,4-D se mantendrán altas: la adicción a los agro tóxicos va en aumento a costa de los potenciales daños a la salud de la población.

La Organización Mundial de la Salud está dando los pasos correctos en reclasificar la toxicidad de muchos compuestos ampliamente usados en agricultura, o en la industria química, pero no podemos permitirnos bajar la guardia y considerar que estas clasificaciones son las adecuadas: dados los usos diversos de los compuestos como el glifosato y el 2,4-D en diferentes contextos sociales, económicos y agrícolas, esos compuestos tendrán efectos sinérgicos y acumulativos en diferentes espectros de la población, como especulación, el caso de México: es el país con uno de los mayores niveles de consumo de maíz y este es poco procesado en un gran número de platillos. ¿Qué pasará si maíces rociados indiscriminadamente con estos agroquímicos llegan a nuestra mesa?

Debemos recordar que México importa aproximadamente 10 millones de toneladas de maíz cada año desde Estados Unidos, y que para fines de exportación, en los Estados Unidos no se separan las variedades transgénicas de maíz de las que no lo son. La pregunta que surge es si está entrando a México de manera masiva grano de maíz rociado con glifosato y con 2,4-D. Probablemente si.

Un dato adicional: En México entre los años 2011 y 2013 la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) aprobó el uso de variedades de maíz y soya tolerantes a los dos herbicidas considerados hoy a nivel internacional como probablemente cancerígeno (glifosato) y posiblemente cancerígeno (2,4-D).

¿Las Secretarías gubernamentales mexicanas responsables de la agricultura y la salud tomarán en cuenta los estudios de la OMS? ¿Realmente la COFEPRIS nos está protegiendo contra el riesgo que producen los agroquímicos? Saque usted sus conclusiones.

Más información:

http://www.iarc.fr/en/media-centre/pr/2015/pdfs/pr236_E.pdf

http://www.toxipedia.org/display/toxipedia/2,4-D

http://www.senasica.gob.mx

 

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