El de los tiempos en que Dios era omnipotente y el señor don Porfirio presidente, diría Renato Leduc.
Revivió entre las llamas de la violencia y la miseria de la hambruna en puerta el añejo reclamo de la reacción que demanda la repatriación de los restos de don Porfirio.
¡Ay mis hijos!, grita la Llorona del vuelco finisecular que levantó la putrefacta Torre del Bicentenario a las puertas del alcázar de Chapultepec.
Imposible acallar la respuesta de los cadetes de hoy día que responden al pase de lista: ¡murió por la patria!
Pero no hicieron falta tres décadas de dictadura, con sus periódicos simulacros electorales, para que Díaz mostrara el rostro de la tiranía.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/20/opinion/015o1pol