Víctor Leonel Juan Martínez

Oaxaca.- Un comercial de Coca-Cola, filmado en Totontepec, Mixe, circuló recientemente en las redes sociales. Rápidamente generó un alud de críticas por el sentido discriminatorio y neocolonialista que contenía. Pasada la estridencia causada por los reclamos airados y justos, también es necesario reflexionar sobre otros elementos en torno a ese comercial de la multinacional.

  1. 1. Se destaca en las críticas que esa empresa de “las aguas negras del imperialismo yankee” (Rius, dixit) denigra a los indígenas, es una nueva fase de la neocolonización (racista, neocolonialista, excluyente, repugnante, discriminatorio, son algunos de los apelativos que se le endilgaron). Pero, difícilmente se podría esperar otra cosa de una empresa que, se ha dicho y mostrado hasta el cansancio, es uno de los rostros más evidentes del neoliberalismo. Su concepción está tan arraigada que les impide apreciar esa posición en éste y tantos otros comerciales con ese tinte; por eso su señalamiento de que no era su intención ofender.

Más preocupante es que un gobierno (del que se espera reconozca y conozca la diversidad cultural) use esa estructura racista en sus promocionales, como el empleado por la Secretaría de Turismo para “promocionar” la guelaguetza, por ejemplo.

  1. 2. Sin embargo, en el mar de descalificaciones habría que tener cuidado. Muchas reproducen el esquema paternalista y discriminatorio que endilgan al comercial. Su mensaje parece “pobres indígenas, los embaucaron”, “pobrecitos, Coca Cola los engañó, pero aquí estamos para defenderlos”; “los sorprendieron en su buena fe, seguro ni permiso pidieron”; “van por el agua, están cambiando espejitos por recursos naturales”.

Es el mismo esquema del comercial: reconoce que un porcentaje importante (86%, sin precisar la fuente), de indígenas “se han sentido rechazados por hablar su lengua” y luego viene la criticada estructura paternalista y discriminatoria que se critica. Con el pretexto de la indignación y el rechazo, esa estructura se repite en muchas de las opiniones vertidas.

  1. 3. Es pertinente entonces señalar que Totontepec, como informara también por redes sociales el Síndico Municipal, Arcángel Villegas, otorgó el permiso para la realización del comercial: “La empresa a través de su área de comercialización, solicitó la autorización a la autoridad municipal para la realización del video, explicando la intención del mensaje, en el cual no vimos nada malo y consideramos que con ese video se daría a conocer la existencia de nuestra comunidad. La forma y edición final no es responsabilidad nuestra sino de la empresa.La empresa a través de su área de comercialización, solicitó la autorización a la autoridad municipal para la realización del video, explicando la intención del mensaje, en el cual no vimos nada malo y consideramos que con ese video se daría a conocer la existencia de nuestra comunidad. La forma y edición final no es responsabilidad nuestra sino de la empresa”. Aclara también que no hay compromiso sobre recursos naturales y que el comportamiento del equipo de filmación fue cordial y respetuoso.

Es pues, el ejercicio de la autonomía para decidir; incluso si fue una decisión errónea como señalan las críticas, las autoridades municipales corrieron ese riesgo en una decisión tomada libremente.

El comercial –que fue retirado de circulación ante la polémica— transmitía también imágenes de la riqueza de la biodiversidad de Totontepec con lo cual se mostró la disposición a cumplir con el acuerdo y objetivo de la comunidad: que se conociera su existencia. Lo que no obsta para seguir alertas ante las políticas depredadoras de los recursos naturales de esas y otras empresas.

  1. 4. La respuesta de parte de la comunidad mixe con un anti-comercial es oportuna y permite el debate a partir de una reflexión sobre el tema. Pero es de señalar que si bien la falta de servicios de salud y agua potable son en gran medida producto de un proyecto económico neoliberal, del que Coca Cola es una agencia sobresaliente, el déficit es más bien responsabilidad de los gobiernos. Y el consumo del refresco, que causa severos daños a la salud, es parte de la colonización cultural en que, población indígena y no, hemos caído.

Oportuno es que lo recordásemos cada que destapemos una bebida, de la marca que fuere.

  1. 5. No es cosa menor, y es oportuno reconocerlo, que la multinacional acepte la existencia del “otro”. Excluidos y marginados del proyecto nacional; inexistentes para el neoliberalismo, que aparezca por primera vez una lengua indígena como la Ayüük en un comercial – trátese de la empresa que sea—, permite apreciar una apertura de este sector.

¿Mero cálculo comercial? Tal vez sí; con habilidad sus publicistas buscan acrecentar su presencia en otros nichos de mercado. Tal vez no, si consideramos que el consumo de esa bebida sigue –y difícilmente disminuirá— reconozca o no la existencia de los pueblos indígenas.

Independientemente de ello, es de aquilatarse el valor de la resistencia de los pueblos indígenas, de la defensa de su lengua y cultura que ha permitido que, en un ambiente de tensiones permanentes, de saqueos continuos, de depredación de sus recursos naturales e intelectuales, se admita su existencia. Apenas algo justo, se podrá decir, pero era impensable hace algunos años atrás.La reacción generada, muestra las dificultades, reticencias, obstáculos que todavía es necesario vencer.

La escaramuza entre Coca Cola y los pueblos indígenas es apenas un capítulo de una enfrentamiento que tiene larga data. Que la otra parte, con su esencia homogeneizadora, reconozca la existencia de esa diversidad cultural –más allá de las formas— tendría que ser visto como un triunfo y que la lucha sigue rindiendo frutos.

Tö’kmuk n’ijtumtat: “Que todos nosotros existamos juntos como uno solo” (o “Permanezcamos unidos”, en la otra traducción). Pero sin duda, “para permanecer unidos debemos proteger nuestra dignidad, nuestra salud y nuestra cultura”, como claramente dice Josefa Díaz en el anticomercial.

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