Jorge Bergoglio es más hábil de lo que parece y su visita a México lo demuestra.
Francisco sabe que para provocar cambios de fondo en la Iglesia mexicana requiere más de una visita y, sobre todo, un liderazgo más personal y carismático con el pueblo.
Bien mirada, la no resignación es el siguiente paso de la indignación.
El último que intentó sacar a los fariseos y a los falsos sacerdotes del templo fue crucificado aún joven, como bien se sabe.
Juan Pablo II visitó al país en cinco ocasiones, y como resultado terminó generando un verdadero idilio con los creyentes.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/02/17/mexico/1455744666_390114.html
