Elena Garro irradiaba un encanto cautivante.
Me acerqué a ella, creía, de manera voluntaria, decidida a observar la vida de la gran escritora que representaba para mí Elena Garro.
Pero Elena, en esa época, no tenía nada de muerta.
Me encontré, sin quererlo, con un ser fascinante, un personaje novelesco: la protagonista de un libro de aventuras.
Desde ese mediodía, me convertí en una asidua visitante a su casa en Las Lomas, al lado de Juan de la Cabada, Juanito , como lo llamaba nuestra anfitriona.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/30/opinion/a05a1cul
