El papa Francisco se dirige este domingo a los asistentes al rezo del Angelus en la Plaza de San Pedro.
Tal vez solo se tratase de los desvaríos de un cura de pueblo ascendido demasiado rápido al complejo mundo del Vaticano.
Y buena es Roma —y ya no digamos la Roma vaticana— para no sacar provecho de un asunto así.
Cuando, a finales de octubre de 2015, el sacerdote Vallejo Balda fue detenido por la gendarmería del Vaticano ya llevaba varias semanas preso de sus propios miedos.
La fiebre del oro no fue nada comparada con el ansia de cada congregación por ver a su fundador elevado a los altares.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/13/actualidad/1457868255_144172.html
