Mientras tanto, el fondo del problema continúa intacto: se echa de menos un Partido Socialista unido, con un líder fuerte y una estrategia bien definida.
Haber fijado solemnemente para mayo la celebración del congreso socialista y tener que aplazarlo sine die ofrece la sensación de que entonces se dio un paso en falso, que ahora hay que arreglar con una medida provisional.
Ahora sí puede hacerlo pensando en los electores, sin los conflictos intestinos que lleva aparejado un calendario congresual en marcha.
Pedro Sánchez ha cumplido dignamente la labor de intentar la investidura como jefe del Gobierno, acentuando la moderación de la oferta programática con la que se presentó ante el Parlamento tras pactarla con Ciudadanos.
Que no se celebre el congreso previsto es una prueba de que ninguna de las partes en disputa cuenta con fuerza suficiente para imponerse.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/28/opinion/1459186609_524707.html
