Desde la represión brutal de las manifestaciones ciudadanas contra el disparatado proyecto inmobiliario del parque Geli —verdadero pulmón verde de Estambul— la deriva autoritaria de Erdogan se ha acentuado de forma alarmante.
Los cortafuegos a la autocracia existentes en los sistemas democráticos son vistos por ellos como una injerencia inadmisible en sus propios asuntos.
Turquía ostenta hoy el triste récord mundial de periodistas presos y casi dos millares de intelectuales, profesores y artistas son objeto de querella por “insultar al presidente”.
El noble gesto humanitario de Angela Merkel se ha vuelto contra ella.
Nadie podría prever hace un año tal escenario y no se vislumbra una salida del mismo a menos que Rusia y Turquía aparquen sus agendas políticas y aúnen sus fuerzas con Occidente para derrotar a la organización del Estado Islámico.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/14/opinion/1457974083_329364.html
