En sus 20 años como profesor ha observado que las niñas y los mayores tarahumaras son quienes padecen más el analfabetismo.
En poco tiempo rebasan a los niños mestizos.
En el corazón de la Sierra Tarahumara conviven los niños rarámuris con mestizos, aunque sus oportunidades no sean las mismas.
Cándida viste una colorida falda de flores, huaraches hechos de neumáticos y se tapa la cabeza con un paliacate morado.
Tiene siete años y sus ojos brillan cuando ven con curiosidad a un chabochi —una persona que no es tarahumara—.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/28/mexico/1459181411_052077.html
