La afición que queda no pide catedrales con cuernos, sólo astados con trapío y bravura, en los que se anteponga la ética torera a la estética efectista.
Juzgue el lector:
La añeja expresión vuelta la burra al trigo indica hartazgo y fastidio frente a algo que se repite numerosas veces, sea una opinión, una acción o un error, sin que el responsable enmiende un ápice su discurso, desempeño o criterio, repitiéndolo sin el menor propó-sito de enmienda, ya por limitación, ya por soberbia.
Si en México no existieran hierros como Piedras Negras, José Julián Llaguno, Jaral de Peñas, La Joya, Santa María de Xalpa, Corlomé, El Junco, Cerro Viejo, San Marcos o Huichapan, por citar algunos de los comprometidos con la edad y el trapío de sus encierros, cabrían los bernaldos, de la Mofa, teofilitos y demás reses para faenitas de la ilusión.
Es el caso de la contumaz pero pretenciosa Feria de San Marcos, en Aguascalientes, que en su versión taurina 2016 mantiene el nivel de incompetencia de varios años atrás o, si se prefiere, de funciones predecibles, tanto por la mayoría de las ganaderías contratadas por la empresa y exigidas por las comodinas figuras, como por las poco imaginativas combinaciones de toreros y la presencia o ausencia injustificada de otros.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/03/opinion/a06o2esp
