Chile efectuaba el fútbol total, convertidos sus futbolistas en moscas rojas que invadían el campo.
México era el suspenso colectivo, impropio de una selección que acumulaba 23 partidos consecutivos sin perder y había recuperado la autoestima.
El drama mexicano no parecía tener fin porque Chile insistía como si necesitara más goles para conseguir su objetivo.
Chile todo lo hacía bien y México todo lo hacía mal.
México miraba la hora más descontando minutos lentamente que pensando en nada positivo que no fuera frenar la sangría de goles.
Fuente: http://deportes.elpais.com/deportes/2016/06/19/actualidad/1466309534_847838.html
