Qué pena de infancia, relegado el tiempo de los niños solo a la jornada escolar y a un sinfín de estímulos a través de extraescolares y vivencias dirigidas.
Todo destinado a tener niños que no paren nunca.
De golpe, me vino a la cabeza que he sacrificado la infancia de mi hija», explica en conversación telefónica.
Día de números, día de asignaturas, día de resultados.
Porque mi hija ha obtenido un buen resultado, pero lo ha pagado con su esfuerzo y con su propia infancia.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/20/actualidad/1466424654_095954.html
