No puede haber fronteras para el conocimiento, no puede haber fronteras cuando la vida de niños y niñas está en juego, no tienen sentido las fronteras cuando todos somos humanos.
Me encuentro en Etiopía, coordinando un centro pediátrico en Meki, una región rural de la Oromia.
Meheret y Bontu no pudieron superar el primer mes de vida, todo un reto en la Etiopía rural.
Nos han restringido internet pero no podrán parar nuestras manos ni nuestros ideales; ahora más que nunca debemos trabajar y estudiar.
Hace semanas que su abuela quería traer a su nieta al centro, pero no encontraba la manera de organizar y dejar al cuidado a las otras niñas.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/21/planeta_futuro/1469095129_934650.html
