ANTONIO MUNDACA

Con el nombramiento de Antonio “Tonche” Sacre Ebrahim como “Hijo Predilecto” de San Juan Bautista Tuxtepec, municipio del norte de Oaxaca, confirma su vuelta a las cavernas.

En la recta final del fallido trienio mal llamado del renacimiento -que debió llamarse en términos reales del oscurantismo-, el munícipe cuenqueño Antonio “Gordo” Sacre Rangel ungió a su padre como una estrella más de una pared inmortal muy cuestionada, por no decir que poderosamente olorosa a nepotismo hereditario y la legalización del “Mirreynismo ranchero”, que caracterizó una administración que fenece dando coletazos de cacique: frívolo, indolente, racista, vacío, montado en la yegua briosa de la corrupción, con la sensación de que para el junior y su casta no importa de dónde venga el dinero, la clave está en el poder de comprar lo que sea, incluido el título de “Hijo Predilecto” para el patriarca, que le enseñó a golpes de priismo que el dinero entrega impunidad para decir cosas desagradables, para tratar de la peor manera, para abusar de otros que no son como ellos, casi siempre los más desfavorecidos.

En el acto protocolario, la “familia presidencial” recibió el incienso de los serviles y se autodeclaró orgullosamente priista. No podía ser de otra manera.

Tonche” Sacre fue puesto en el altar sin consulta ciudadana, sin consenso popular, sin el júbilo de los tuxtepecanos, en lo oscuridad de la puerta trasera de un Salón de Presidentes, aplaudido por prensa vendida y esa casta que logra riquezas explotando a sus semejantes, y se gratifica descaradamente entre ellos con dinero público.

Los concejales presentes alzaron la mano como peones de hacienda Porfirista y pudieron celebrar sus limosnas porque están acostumbrados a tapar corruptelas y no exigirle a sus gobernantes -a menos que se trate de sobres amarillos o pesos de aguinaldo adelantado-, porque al final del día son de la misma calaña y pertenecen a ese viejo y apolillado régimen que puede darse aquellos caprichos.

Momentos en que se convierte en "Hijo Predilecto".
Momentos en que se convierte en “Hijo Predilecto”.

Con el nombramiento de Antonio Sacre Ebrahim como Hijo Predilecto, se abarata el honor de pasar a la historia, coincidieron indefinidamente muchos ciudadanos, que en fila dieron nombres de quienes han hecho más por Tuxtepec para tal distinción, hombres del pueblo que no sirvieron a la dictadura priista que por décadas saqueó Oaxaca, hombres del pueblo que no recogieron -como Antonio “Tonche” Sacre- las maletas de ex gobernadores como Pedro Vázquez Colmenares, que siendo Director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) de la Secretaría de Gobernación fue acusado de activar en su estado la represión contra activistas sociales acusándolos de guerrillas.

Hombres tuxtepecanos que a diferencia de Antonio “Tonche” Sacre no fueron instrumentos de ex gobernadores como el General Eliseo Jiménez Ruiz que gobernó Oaxaca con mano de hierro de 1977 a 1980 (casi el mismo periodo que “Tonche” Sacre fuera presidente municipal de Tuxtepec) y que en estas tierras resolviera conflictos agrarios con metralla.

Hombres del pueblo que a diferencia de “Tonche” Sacre no fueron comparsas con sueldo de ex gobernadores como Heladio Ramírez López que entregó la administración política, social y económica del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) a la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, para darle uso clientelar.

El nombramiento de Antonio ”Tonche” Sacre Ebrahim se reduce a un favor político y sin merecimientos populares, se ofende a la comunidad que ahora se burla con rabia incierta que para ser “Hijo Predilecto” tienes que tener un hijo edil que sea broncudo y borracho, se ofende a la comunidad que nunca fue representada por sus regidores porque estos políticos y políticas de mala calaña llegaron igual que el presidente municipal, a ser comparsa a cambio de billetazos.

Antonio Sacre Rangel entronizado como munícipe desde el 1 de enero de 2014 dedicó su trienio a su padre que le dio consejos de “cómo gobernar”, después de eso siguieron todos los síntomas de un junior sin inhibiciones, un junior separado de los demás por sus riquezas y privilegios que casi por orden natural y divino perpetuó a su manera, con un cabildo sumiso, deseoso de las migajas en billetes que les fue dando un presidente municipal que siempre supo “a quién se le va la cochina al monte”, “el único que ronca es él (si)” o que lo legal importa poco porque “ la Ley se aplica en su momento” no cuando se debe.

Con el nombramiento de “Tonche” Sacre se culmina la voluntad de un presidente municipal que se concede la vanidad de hacer de su padre el héroe que no fue, y de paso revela el origen de su nepotismo, la manera violenta e ignorante de cómo ejerció el poder durante tres años, y cómo el trienio dedicado a su padre con “gratitud eterna” sirvió para que al igual él, incrementara su riqueza con hoteles en Huatulco. Revela que siguió acertado el consejo de Tonche Sacre, al que le dedicó su trabajo como presidente ejerciendo el poder como capataz o mayordomo de cantina.

El nombramiento de su padre como “Hijo Predilecto” a petición de sus lamebotas-regidores es el colofón de una historia de atropellos que caracterizaron el gobierno 2014-2016. En las calles, los comunes, los de a pie, ajenos a la frivolidad, se enteraron con indignación por medios de comunicación cooptados, de los discursos de quienes apuestan a la desmemoria, discursos zalameros de quienes premian el latifundio cuando la ciudad se encuentra sitiada a sangre, a polvo y a fuego por la delincuencia organizada.

Los logros de Sacre Ebrahim enumerados, quedaron reducidos a “conciliador”, “administrador de la pobreza”, “gestor del desarrollo industrial” y en los más seniles “fuerza de naturaleza (sic)”, de ese tamaño. Y si hubieran sido suficiente los logros de “Tonche” Sacre para que su fotografía cuelgue como “Hijo Predilecto” en el salón central del ayuntamiento tuxtepecano queda para el “orgullo de su nepotismo” –entiéndase su hijo Antonio “el Gordo” Sacre- una frase del sociólogo francés Jean-Francois Revel que lo pulveriza: “Nos queda por determinar cómo es que el hombre tiránico nace del hombre democrático”.

Antonio “Tonche” Sacre fue elevado entre amigos de vieja alcurnia al altar de los jurásicos. Se revivió para su inmortalidad la máxima del recuerdo del ex presidente de República José López Portillo que hizo del nepotismo una forma de gobierno -y que curiosamente fue durante su sexenio que Antonio “Tonche” Sacre fuera presidente municipal tuxtepecano- el mismo prócer que prometió que “administraría la abundancia” y hoy es recordado -sin ser Hijo Predilecto de pared alguna- por la frase envilecida: “La corrupción somos todos”.


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