Eduardo CONTRERAS / Corresponsal

TUXTEPEC, Oax., (#pagina3.mx).- Doña Rosita Hernández Figueroa lo perdió todo después de que el arroyo de la comunidad de Palo Gacho, en San Juan Bautista Tuxtepec, se desbordara y le robara su patrimonio. Poco a poco rescató algunas cosas del fango, pero ahora tendrá que comenzar de nuevo …a sus 76 años.

A una semana del desastre les llegó el consuelo, porque ya no dormirán en el cartón, ahora tendrán un colchón seco para descansar. “Dormíamos en cartones y ya se estaban mojando, le pusimos como cuatro cobijas para que no pasaran la humedad, pero en esta noche ya me pongo mi colchón y a dormir”, señaló con una sonrisa de alivio.

El arroyo, que tiene de vecino a escasos 10 metros, llegó a la mitad de su casa, la marca de agua lodosa todavía se refleja en la pared de su hogar, como un recordatorio de lo que la naturaleza puede hacer o deshacer.

Mientras, elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) ejecutaban el Plan DN-III-E; a quienes doña Rosita se refería como sus “niños”, de cariño, porque le ayudaron a limpiar y rescatar lo poco que la fuerte corriente le dejó.

Narró cómo pudo salvarse de esta eventualidad de la naturaleza.

“Nosotros salimos huyendo rumbo a la casa de los vecinos, de ahí nos aventaron unas reatas y nos sacaron a dos cuadras hacia arriba, luego nos subieron en una lanchita, pero la lanchita se volteó y quedé debajo de ella, me bucearon porque la corriente me estaba llevando y a mi hija la cargaron a pilonche”, recuerda.

“Hoy son tres días que ellos vienen (militares) para asearme la casa, porque se olía muy feo por el lodo que entró, lavaron como con 10 botellas de cloro y hasta se acabó, ya no tengo”, abundó.

Los primeros apoyos que recibió, narró, fueron dos colchones, uno para ella y otro para su hija de unos 40 años de edad, que sufre de una discapacidad permanente, no puede caminar.

De entre el fango pudo rescatar un par de armes (bases) para las camas y dos roperos, pero que debido a la humedad se encuentran prácticamente inservibles.

“Ya me dieron despensas, todo me han dado, mi frijolito y mi arroz, con eso me conformo, y que no me falte mi café porque soy muy cafetera”, comparte.

De ahora en adelante tendrá que comenzar de nuevo, los únicos ingresos con los que cuenta son el raquítico apoyo del programa 65 y Más. Por lo que seguirá con la elaboración de sus bordados para obtener dinero extra, y así tratar de continuar con la vida a la que ha estado acostumbrada.

 

Debajo de una de las camas recién instaladas logró sacar una manta que al desenvolverla permitió observar unos tres manteles y servilletas en proceso de elaboración, con hilos de diversos colores y una tela un tanto machada por las aguas del arroyo que en días pasados casi le arrebatan su vida.

“Voy a trabajar porque me gusta tener, me gusta disfrutar de la vida, mi marido me acostumbró así, él tenía refaccionarias, tenía cañales y carros de carga, pero todo eso se vendió para curarlo a él, tenía una hernia como de 10 kilos y también azúcar, y ya no se pudo salvar”, compartió parte de su historia. 

Al igual que cientos de habitantes del lugar, ahora doña Rosita vivirá con la preocupación en cada temporada de ciclones y huracanes, con conocimiento de hasta dónde la fuerza de la naturaleza puede llegar, pero también con la disposición de abandonar su hogar y reinstalarse en otro lugar en el primer momento que encuentre alguna oportunidad.