Horacio Corro Espinosa

Son varios funcionarios públicos que han sido detenidos y encarcelados en nuestro país, por corrupción principalmente. Pero esa cantidad es mínima en comparación al número de rateros y tramposos que han ocupado cargos públicos para enriquecerse a costillas del pueblo.

Durante la campaña de José López Portillo a la presidencia de la república en 1976, las paredes de México se llenaron de tres colores, más la frase de campaña: “La solución somos todos”.

Dentro de su periodo de gobierno apareció una obra de teatro que se hizo famosa por su título: “La corrupción somos todos”. Desde luego que era en alusión a aquel eslogan de campaña política.

Curiosamente, quien iba a combatir la corrupción en México, fue donde más se promovió, incluso, dentro de ese periodo gubernamental (1976-1982), fue de los más denunciados por irregularidades, aunque años después, la actual administración, la de Peña Nieto, lo rebasó.

Después de los escándalos por las propiedades de la familia de Peña Nieto y otros hombres de su gabinete, se inventan el Sistema Nacional Anticorrupción, con el cual, se pretende combatir el problema codicioso de funcionarios, empresas y personas que tienen relación económica con el gobierno.

Y ya saben ustedes cómo somos los mexicanos al vernos rodeados de tantos corruptos. No falta quien usa su ingenio para acuñar un montón de frases que en el fondo de ellas reflejan la podredumbre política.

Por ejemplo, si caes en un problema vial y tú le dices al elemento que no te infraccione, seguramente te va a responder: “ayúdame a ayudarte”, por si no te ve ganas para sacar tu cartera para que te caigas con una lana.

Si en alguna oficina de gobierno te retrasan algún trámite, a la secretaria o al encargado de tal ventanilla le puedes decir que si te resuelve el asunto en el menor tiempo posible, te vas a “poner guapo”, aunque seas el más horroroso del ejido.

Otra frasecita muy usada después de que convences a los elementos de tránsito para que no te quiten tus papeles, es esa que usan para, según, no verse tan cuchis: “Lo dejo a su criterio”.

El “¿cómo nos arreglamos?” Es otra forma para que el policía o el agente de tránsito perdone la multa.

En realidad el pueblo no es tonto, se da cuenta cuándo el representante del pueblo nos roba, por eso a veces dice: “No importa que robe, pero que salpique”.

Desde luego que es una forma muy corriente para justificar a los políticos y funcionarios rateros, pero así lo dice el pueblo como forma de venganza o de desquite al saber que de ellos nunca van a recibir ni un quinto.

Uno de los privilegios que busca el político es al decir la siguiente frase: “No quiero que me den, sino que me pongan donde hay”. En realidad, la mayoría de los servidores públicos es lo que busca: enriquecerse de manera fácil y rápido.

Hace años, México tuvo un político famoso y muy rico, él era Carlos Hank González, exgobernador del Estado de México, y fue también regente del D.F. Se le recuerda por una frase: “Un político pobre, es un pobre político”.

Éste señor creo muchas empresas que fueron contratadas por el gobierno cuando él era funcionario público. Lo que dijo Hank, hoy se usa cotidianamente en la distribución de cargos de elección popular, pues para lograr ser candidato a diputado o a presidente municipal o a senador, se necesita tener mucho dinero, y si no lo tienes, nunca podrás llegar a ser un representante social, y menos, vas a poder ayudar al pueblo.

Hay que tomar en cuenta que toda esa gente, diputados o presidentes, su servicio al pueblo no tiene límites, por eso le metieron tantos millones a su campaña, para ganar y para estar a tus órdenes, a tu servicio. A ellos no les importa esas acusaciones de que están en su “año de Hidalgo”, o de “Carranza”, o de etcétera.

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