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Horacio Corro Espinosa

Un líder político, para ser líder, necesita tener credibilidad, coherencia, pensamiento claro, palabra, y actitud, de otra manera no tendrá calidad moral.

Un líder se guarda para sí mismo. No busca explotar su imagen de manera oportunista y convenenciera ni que le dé poder.

Muchos políticos se sienten líderes sólo porque salieron una o dos veces en tele, o en la prensa, o en el radio. Creen que esos medios los hace merecedores de llamarse líderes.

Por esas creencias, nuestro país está viviendo sin liderazgos. Cuando esos personajes, productos de la publicidad están arriba, se dejan llevar por la soberbia y la conveniencia personal.

Algo detestable es un político vanidoso. El político debe de ser intelectual, y a la vez humano, y eso se obtiene a través de los libros. No por tener publicado dos o tres libros, quiere decir que él los ha escrito.

El pueblo desprecia al político que habla de respeto pero se procura lujos. El pueblo cree, admira y apoya al político que se confunde entre ellos.

El 30 de este mes, el diputado local Samuel Gurrión Matías, presentó su renuncia irrevocable al Partido Revolucionario Institucional.

Este diputado, en el sexenio de Gabino Cué, se sintió el próximo gobernador, y hace unos pocos días se sentía Senador de la República. La jugada no le salió como quiso, y renunció a su instituto político.

En conferencia de prensa dijo: “Soy un hombre de principios, de valores, un hombre de fe”.
Dos cosas son las que siempre presume Gurrión: creer en Dios, y tener mucho dinero.

Por lo que dijo en la conferencia, no creo que sea un hombre de fe, y menos que conozca a Dios. Habrá que decir que el Diablo también conoce a Dios y se arrodilla frente a él.

Si el diputado conociera a Dios, no lucharía por ser reconocido y admirado por las cosas buenas que hace.

En una parte de la Biblia, dice que cuando des limosna, no hagas tocar trompetas delante de ti como hacen los hipócritas para ser alabados por los hombres. Quien actúa así, ya tiene su recompensa, es decir, su pago está aquí mismo, en la tierra, frente a los hombres.

A Samuel Gurrión no le importan las recompensas que le pueda dar Dios.

En ningún momento Dios prohíbe el dar, sino la actitud con la que se da. Desde luego que es bueno ayudar a la gente que más lo necesita, Dios lo aprueba. Pero si es hombre de fe, no tiene por qué andarlo divulgando por todas partes.

En otra parte de la Biblia dice: no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. En otras palabras: que sea en secreto lo que tú das.

Si es un hombre de fe el diputado Gurrión, entonces por qué publica todo lo que hace.

Hay dos maneras de hacer el bien. Una es dar y ayudar a los necesitados pero con el corazón de ser vistos. Esta actitud es como decir: no soy ladrón pero soy bueno. Y la otra, es dar de manera secreta. Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha.

Si es un hombre que cree en Dios, debe conocer la promesa que Dios tiene para él, cuando dice en el mismo libro: Y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará en público.

Si Gurrión Matías tuviera fe como un grano de mostaza, sabría que Dios lo tenía que recompensar en público, y esa recompensa podría ser la Senaduría. Dios no miente. Dios siempre cumple sus promesas.

Como parece que no cree en nada de las promesas de Dios, el diputado prefirió salir a buscar el deseo de su carne, con sus propias fuerzas.

En fin, el dijo también que se respetara su decisión. Ojalá hubiera respetado la palabra de Dios, que es en lo que más cree. Dice.

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