Momentos después de la tragedia, el 3 de marzo de 2016.

Eduardo CONTRERAS / Corresponsal

TUXTEPEC, Oax., (pagina3.mx).- Alrededor de las 15:00 de la tarde del 03 de marzo de 2016 un fuerte estruendo perturbó las actividades de las personas que todavía laboraban en diversas oficinas y comercios en los alrededores de la Catedral de San Juan Bautista Tuxtepec.

Algunos no tomaron importancia, otros fueron a ver. ¡Se cayó “La Barca”!, decían voces de personas que no sabían en realidad la desgracia mayor que había ocurrido; no fue la Barca, fueron cuatro vidas humanas.

Una densa capa de polvo empañó no solo el interior de la “Casa de Dios” también cubrió de tinieblas a todo el municipio entero, un suceso que enlutó a la población, pero que también removió los más puros sentimientos y actos del ser humano; la hermandad, la solidaridad y el amor al prójimo.

Poco a poco, responsables de la construcción, cuerpos de rescate y también algunos curiosos que más tarde se convirtieron en voluntarios, en “héroes sin capa”, comenzaron a hacer presencia para trasladar a los trabajadores que quedaron encima de los escombros hacia unidades hospitalarias, o para remover las tablas y varillas que mantenían aprehendidos, hasta ese momento, a un número desconocido de trabajadores.

También llegaron arribistas, políticos que en breve comenzarían campaña, y autoridades que demostraron incompetencia y desorganización, que no sabían cómo responderle a su pueblo en caso de incidentes y desgracias cómo la de aquel día, desgracia que avisó y demostró que Tuxtepec no está preparado.

Más tarde, a través de los diversos medios de comunicación locales comenzó a circular la lista de los  31 trabajadores que ese día habían sido citados para participar en los trabajos del colado de la cúpula de “La Barca”.

Pero los rescatados no eran todos, hacían falta cuatro: Roberto Joaquín Cabrera, de Macín Grande; Roberto Campos Lara, de Cuitláhuac, Veracruz; Randy Dionicio Roque y su padre, Gabriel Dionicio Esteban, ambos de la comunidad El Esfuerzo.

Filas conformadas por cientos de manos, ciudadanos con el espíritu de ayudar comenzaron con los trabajos de remoción de escombros con la esperanza de encontrar y “salvar” a los cuatro albañiles que continuaban desaparecidos, la hermandad era enorme, pero cada minuto que pasaba complicaba más las labores de rescate y minimizaban las esperanzas de encontrar con vida a los trabajadores.

Entrada la tarde noche, todos quedaron en silencio, un silencio fúnebre.

Habían encontrado el primer cuerpo sin vida, una vida que cobró la omisión, la desatención y negligencia cometida por los responsables de la construcción, autoridades y la cabeza de la iglesia local. En el transcurso de la noche y madrugada rescataron los otros tres cuerpos inertes.

Por la noche, comercios y empresas locales también se sumaron, donaron materiales que eran requeridos para los trabajos de remoción de escombro. En los días posteriores ciudadanos organizados otorgaron apoyos alimentarios para las y los deudos y trabajadores que quedaron incapacitados por el incidente.

También recibieron palabras de “aliento” desde el mismo Vaticano quien lamentó lo ocurrido, y al final, del principal impulsor de este manchado proyecto, el Arzobispo José Antonio Hernández Hurtado.

Después del suceso, de manera oficiosa la hoy Fiscalía General de Justicia del Estado de Oaxaca (FGJEO) comenzó un expediente de investigación donde la casa de Dios se convirtió en la escena del crimen y sus representantes en la tierra y otros responsables de la obra fueron citados para declarar ante la justicia.

Tuvo que transcurrir un año y siete meses de la tragedia, para que al fin el Poder Judicial de Oaxaca, la mañana del jueves 26 de octubre del año 2017, diera inicio a la audiencia de Comunicación de Imputación del caso, donde citó al imputado Wulfrano B. G. por el probable delito de homicidio culposo, por la muerte de Roberto, Randy, Roque y Roberto aquel negro 3 de marzo. Sin embargo, la audiencia se difirió porque las víctimas directas no fueron citadas de la manera correspondiente.

Poco a poco el juicio sobre el caso “La Barca”, llevado por el Juez Carlos Rodríguez, mostró indicios de que pronto terminaría, luego de que una a una, dos de las víctimas indirectas decidieran desistir del asunto y eximieran al imputado tras recibir 600 mil pesos por parte de la Diócesis de Tuxtepec.

Dos años más tarde, sólo uno de las víctimas, Ricardo D. R., continúa firme en su exigencia de justicia, en su idea de marcar el camino para que la sociedad entienda que tienen derecho a exigir justicia.

Este sábado, junto a su madre y sobrinos, visitaron las tumbas donde descansan su hermano Randy y Gabriel, su padre, pero nadie más se acordó, ni siquiera la Iglesia los llamó o invitó a celebrar una santa misa en conmemoración de las víctimas de aquel negro 3 de marzo del 2017 en Tuxtepec.