Adrián LOBO

Para que pueda disfrutar al máximo su estancia en tan exclusivo Resort, le damos las siguientes sugerencias.

– Siga las indicaciones que le den, limite la comunicación con el personal y a dejar bien claro lo qué le van a hacer y lo que se espera de usted. 

Especialmente si está ahí por una intervención quirúrgica. Por ningún motivo intente ser simpático ni trate de halagar a la enfermera que lo asiste, si desea expresar su gratitud, con decir “gracias” es suficiente. 

Más allá de ese punto todo es inútil e incluso seguramente nadie pensará que es usted una persona gentil y amable, claro que no. Lo más probable es que asuman que es un efecto secundario de los analgésicos lo que lo tiene así. Así que ni siquiera se tome la molestia de intentarlo. No llegará a ningún lado.

– Despídase de su ropa interior. 

En el momento en que va a ser admitido en algún servicio el personal seguramente ya se habrá encargado de despojarlo gentilmente de cuanto lleve encima. Por las buenas o por las malas. 

A cambio le será proporcionada una bata descolorida, generalmente luida y que no se corresponderá con su talla. ¡No se preocupe! Se enfrentará al dilema de qué parte va para atrás y cuál para adelante. 

Si se la pone como normalmente debería usarse, esto es con la abertura por delante, se dará cuenta que queda usted algo, digamos, expuesto, y sentirá frío. 

Ahora bien, de ponérsela con la abertura para atrás pues… quedará igualmente expuesto, pero el frío lo sentirá más en el polo opuesto. Pero relájese, no pasa nada. Colóquesela como le indiquen y si tiene frío pida una sábana extra.

– Guarde la calma y repose tranquilamente.

Una vez que lo admitieron y está usted ya sea en una cama o en una camilla, si tiene la suerte de que no lo dejen en una silla de ruedas, seguramente ya le habrán instalado su venoclisis. 

A partir de este momento el personal a cargo insistirá en jugar con usted a las estatuas de marfil; esto es, que se pondrá muy estricto en la determinación de mantenerlo tan inmóvil como sea posible. 

Cualquier enfermera se convertirá rápidamente en la personificación del monstruo “come-galletas” si usted insiste en estar moviéndose, procure hacer caso en quedarse quieto si no quiere terminar con una “sujeción gentil” que haga el trabajo.

La primera vez que escuché dicha expresión el paciente era yo mismo e imaginé ingenuamente que no era otra cosa más que ser sujetado por una linda enfermera, pero bien pronto me di cuenta que no es sino que a usted lo amarren a la cama o camilla en la que se encuentre. 

Dicha inmovilización, dicho sea de paso, cuenta con diversos grados en la parte de la sujeción, lo mismo que en la gentileza.

 Aunque usted no lo crea y como su mamá le decía, (la mamá de usted, aunque la de la enfermera también se lo decía a ella) “es por su bien”. 

Ya que de adoptar una posición inadecuada o como consecuencia de algún movimiento brusco su venoclisis puede resultar perjudicada y la primera persona a la que le dolerá será a usted, seguido de la enfermera, ya que odian tener que “retocar” una venoclisis después que la han instalado con éxito. Peor aún si hubiera la necesidad de retirarla e instalar otra.

Una de las pesadillas más recurrentes de las enfermeras es que un paciente que está a su cargo se caiga. 

Hay quienes llevan un registro del tiempo que ha pasado sin un suceso como ese, he escuchado a alguna comentar orgullosamente: “…no se me ha caído un paciente en doce años…”. Y es que es uno de los aspectos utilizados como indicador para medir la calidad de los cuidados de enfermería. 

Por lo cual al menor intento de parte suya por incorporarse le reconvendrá y le preguntará si desea algo y le pedirá que siga recostado argumentando que podría usted marearse y caer.

Atención, esta recomendación es para la parte inicial de su inolvidable estancia en el Resort más exclusivo de la ciudad, que es el Hospital (su lema es: “Tenemos el mejor ‘puritan’ de la ciudad”). 

Ya una vez que lo han diagnosticado e iniciado su tratamiento y han determinado que su mal está en remisión, lo exhortarán muy puntualmente a la hora en que a usted le apetezca menos a levantarse, bañarse o solamente caminar.

Adrián Lobo.