Una actividad a la que dedican mucho tiempo los médicos es la mecanografía. Sí, todavía son ampliamente utilizadas esas máquinas que existen desde el siglo antepasado. No la usan tanto los médicos “adscritos” pero los internos o residentes. Más los primeros que los segundos. Tanto así que podría pensarse que con el título de médico les podrían otorgar un diploma de mecanógrafos. Se puede ver a muchos internos caminar por los pasillos cargando sus “Olivetti lettera” o sus “Olympia” como aquellas chiquillas que cursaban el taller de “secretariado” en las escuelas de educación secundaria de hace algunos años. Algunos adquieren cierta destreza y muchos no pasan de teclear “de a dedo”, utilizando únicamente los índices.

Se prefiere redactar así las diversas órdenes, notas médicas, indicaciones e incluso recetas para que sean más legibles dada su trascendencia. No olvidemos que existen demasiadas quejas sobre la infame caligrafía de muchos médicos. Por cierto que he escuchado un mito que pretende explicar su origen. Se supone que el estudiante de medicina se ve forzado a transcribir en forma manuscrita textos de gran amplitud ante la imposibilidad de adquirir tantos y tan costosos libros de las materias que estudian y que a la larga, de tanto hacerlo, “se les descompone la letra”. Seguramente esto empezó a perder el sentido con el auge primero de las copias fotostáticas y ha terminado por quedar meramente en lo anecdótico tras el advenimiento de los formatos digitales en los que se puede ahora obtener gran cantidad de material didáctico. Recientemente algunos internos, sobre todo, intentan realizar sus notas e indicaciones utilizando medios más modernos, pero a pesar de que andar por ahí cargando a cuestas con una computadora portátil no es mucho más complicado que hacerlo con la otra clase de máquina, llevar consigo una impresora sí puede serlo. La mayoría de las computadoras e impresoras que existen en el hospital no están a disposición de quienes más las podrían aprovechar y hay muchas que se encuentran en sitios donde su uso es variable entre nulo y casi nulo. En ocasiones me he planteado la utilidad que tendría una red de computadoras que funcionara como en algunas clínicas. Pero ni siquiera hay un departamento de informática, aunque existió alguna vez.

Una conexión propia del hospital a internet creo que sólo la hay en el “área de gobierno”, esto es, la zona que ocupan la dirección del hospital y otras oficinas administrativas. Por otra parte sucede algo que para mí es inconcebible. Para empezar este es un espacio público, y es una perogrullada decir que es lo opuesto a uno privado donde uno puede disponer de él plenamente. Sin embargo si en este hospital uno tiene un espacio físico fijo en donde desempeñar su trabajo, como una pequeña oficina, es posible contratar un servicio privado de televisión de paga e internet. ¿Quién y por qué lo autoriza? No me importa que lo pague un trabajador o un grupo de ellos. Por otra parte sería escandaloso encontrarse con que el costo lo cubre el propio hospital. Simplemente es inadmisible, cualquiera de las dos situaciones, porque para empezar ese es un lugar donde acuden a trabajar, no a distraerse y relajarse viendo películas o deportes y además para desempeñar su trabajo no requieren en absoluto de contar con acceso a internet y si así fuera el hospital debería proveer dicho acceso tomando todas las medidas para impedir su mal uso.

Y no, no me molesta que no me compartan la clave de acceso de su conexión wi –fi. Si lo que se desea es escuchar música es posible autorizar la utilización de algunos aparatos para tal fin, en algunos lugares, ¡pero sin elevar el volumen demasiado, por favor! No que muchas veces eso parece día de tianguis en Tangamandapio, de tanto escándalo, hasta el exceso en el mal gusto de colocar luces audio – rítmicas. ¡Por favor, es un hospital! Y muchas veces los pacientes están ahí, a un lado de la fiesta y el escándalo. Ah, pero eso sí, hay quienes se atreven a increpar a compañeros trabajadores por el uso de audífonos durante la jornada laboral. Como un consuelo, muy tonto si se quiere, al menos hay variedad de géneros y lo mismo se puede escuchar banda, rancheras, pop, rock, balada, en español y en inglés, “oldies” y hasta música clásica.

Pienso que el hospital podría condicionar la autorización para contratar estos servicios privados. La primera podría ser permitir el libre uso de los dispositivos instalados por el proveedor para crear pequeñas redes de área local que podrían enlazar, por ejemplo, áreas de trabajo social con admisión hospitalaria y los agentes de información. O el archivo clínico con los consultorios. Otra condición podría ser permitir que los médicos internos y residentes utilicen libremente la conexión a internet. Y si consideraran que hay demasiados inconvenientes en aceptar dichas condiciones pues entonces que no se autorice hacer lo que pretenden y ya.

Adrián Lobo.

COMPARTIR