Una de miles de madres que migran de sus países de origen junto con sus hijxs en busca de mejores condiciones de vida.

Diana MANZO / Corresponsal

IXTEPEC, Oax., (pagina3.mx).- Los planes han cambiado, afirman con miedo y preocupación las migrantes Helen Eveniza Fernández David, hondureña de 25 años de edad, y Yuni Carolina Meza de 31 años originaria de El Salvador, quienes por ahora han tomado la decisión de adoptar a México como su país por miedo a que las separen de sus hijos, y con ello su “sueño americano” parece frustrarse.

Ver a un niño encerrado en pequeñas jaulas y llorando porque a su madre se la lleva la policía migratoria de Estados Unidos les causa mucha tensión a las dos madres de origen centroamericano, quienes han decidido cambiar sus planes y por ahora solo seguirán su camino hacia los estados fronterizos de México con Estados Unidos.

Helen Evaniza viaja con su pareja Josué Bermúdez y sus dos pequeños de 7 y 4 años de edad, son garífunas afro de Honduras y han decidido que lo mejor será vivir en Monterrey. Hace un mes salieron de su país por la violencia y la falta de empleo, y ahora lo único que quieren es tener una vida con paz.

Hace una semana llegaron al refugio de migrantes fundado por el sacerdote Alejandro Solalinde Guerra que se ubica en este municipio y durante su trayecto fueron víctimas de la violencia, les asaltaron y les arrebataron su único patrimonio que les permitiría continuar su camino; ahora, esperan obtener un permiso de residencia para no ser detenidos por la policía migratoria de México.

Es el segundo intento que hacen Helen y sus hijos por llegar a Estados Unidos. La primera vez en Chihuahua fueron detenidos y posteriormente deportados, ahora el tema de la “separación de los hijos” la detiene a seguir, porque teme vivir esa violencia.

“No quiero que me separen de mis hijos, ellos han estado conmigo toda la vida, salimos de Honduras para tener vida, porque allá todo era violencia y no había empleo, y ahora con esta política migratoria de Estados Unidos tengo miedo porque no sé que voy hacer sin mis hijos, ellos son mi todo, los quiero mucho”, dijo.

Yuni Carolina Meza también es migrante, hace 30 días abandonó El Salvador junto con su hija de 10 años de edad, allá dejó a un hijo mayor, su anhelo es llegar a Texas para trabajar y mandar dinero para que su familia tenga una mejor vida.

Ella y su pequeña hija han caminado muchos kilómetros, traen los pies cansados y llenos de ámpulas, hace una semana llegó al albergue “Hermanos en el camino” y pensaba viajar esta semana para continuar su trayecto, pero al ver las noticias de la separación de los padres e hijos teme que le suceda lo mismo.

Yuni no tiene empleo, desde que llegó al refugio recorre la ciudad de Ixtepec en busca de trabajo para limpiar las casas y negocios, pero nadie la contrata porque “no tiene papeles”.

La desesperación a veces se apodera de ella, pero no se detiene, su lucha es su hija y por ella -asegura- avanzará hasta lograr un empleo seguro y digno.

“Nada me detiene, tengo un mes de que salí de mi país y en verdad ha sido muy duro y complicado, difícil porque muchas cosas han pasado en el camino, hemos sido víctimas de la violencia.

“En este refugio nos tratan bien, pero necesitamos seguir y avanzar, ahora con todo esto que le hacen a los migrantes de separarlos de sus hijos en Estados Unidos tengo miedo, pero espero que la gente no lo siga permitiendo, eso no está bien, Donald Trump debe proveer de derechos humanos y no hacer esto, es doloroso”, señaló.

Jessica Cárdenas, responsable del albergue “Hermanos en el Camino” calificó de “inhumano” el trato a migrantes y a sus hijos. “¿En qué momento se acabó la sensibilidad y el amor de un ser humano?”, cuestiona.

Al albergue Hermanos en el camino mensualmente llegan de 20 a 30 menores acompañadoso de sus padres, la noticia de la separación ha causado conmoción y preocupación y pone en duda la situación migratoria de los centroamericanos.

“Con el plan Frontera Sur que entró en vigor en el 2014, los migrantes viven rutas alternas, ya no montan La bestia -como se conoce al tren que recorría Arriaga Chiapas hasta Ixtepec-, por fortuna el albergue funciona y aquí les brindamos alimentos, cobijo y acompañamiento en salud, legal y educación”.

Nada será igual para los migrantes que ahora viajan con sus hijos, Helen y Yuni están preocupadas, por momentos dicen que se van al norte, y en otros momentos lo dudan, lo que sí están seguras es que no quieren vivir sin sus hijos, por eso viajan con ellos para darles una mejor vida.

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