Horacio Corro Espinosa

No sé si lo notaron, pero después de unas horas de haber terminado las campañas electorales, como que se siente el ambiente con más paz, con más relajamiento. Como que andamos menos enojados…  ¿y saben por qué?, porque de sopetón se acabaron las agresiones contra los enemigos políticos en las redes sociales, y se acabaron también, los más de 20 millones de spots que se difundieron en casi todas las estaciones de radio y televisión de todo el país durante 90 días. Todo este amontonamiento es para poner a cualquier persona de malas, muy de malas.

Pero eso no fue todo lo que nos abrumó durante los 90 fastidiosos días. Habrá que tomar en cuenta los diarios impresos, más los portales de Internet, más los anuncios pagados en casi todas las redes sociales, más los perifoneos, más los volanteos que ensuciaban las calles. Si desplegabas cualquier página, aparecía en primer plano la carota del fulano que buscaba tal puesto con tal de hacer el favor de servirte.

Y no nada más eso, sino que te aseguraban que ellos eran los más capaces para transformar el país.

La política es un negocio, un buen negocio, por eso todos estos que buscaban atenderte para hacerte sentir contento y para que disfrutes de la vida, cada día se preparan y se especializan más y más en el negocio de la ficción política.

Tanta capacidad tienen esos sujetos, que desde la primer semana de campaña nos desestabilizaron emocionalmente. Ellos nos forzaron a que los viéramos bonitos, guapos, musculosos, y hasta inteligentes.

En realidad no hay ninguna diferencia entre un producto de belleza y un candidato. Un producto de belleza te promete desaparecerte las patas de gallo, endurecerte el busto, levantarte las pompas, quitarte no sé cuántos años de encima, aclararte la piel, etcétera. Si tú compras ese producto, estas comprando ilusiones, nada más. Es lo mismo con los candidatos: todos te estuvieron vendiendo ilusiones y sueños, y esos sueños fueron comprados el domingo. El contenido es el mismo, aunque en envoltura diferente. El comparador adquirió el producto porque tiene la ilusión de que el candidato fulano de las importancias, haga lo que dijo. Y como tú crees mucho en él, entiendes que tiene la capacidad de modificar las tierras mexicanas, o oaxaqueñas.

Las candidaturas se exhibieron como se presentan las futas en el mercado; pero por desgracia, muchas de ellas estaban magulladas, manoseadas, y hasta pellizcadas. No había mucho de dónde escoger.

Así es esto del abarrote, ni modo. Cada candidato desde su tiendita o de su tiendota, despacharon o revendieron lo que no tienen ni piensan tener. Es más, a estas alturas, los ganadores ya ni se acuerdan de ti. Ya consiguieron lo que querían y ni adiós te dijeron.

El bombardeo electrónico electoral estuvo grueso, muy grueso. Tan atarantado me dejó el escándalo que hicieron, que hoy parece que extraño las cancioncitas chocantes de su publicidad. Y todavía decían que eran anuncios para sus militantes de partido. ¡Qué cinismo!

La neta: ya no quiero saber más de política. Los políticos de todos los partidos políticos, sin excepción, me dejaron bien lleno el buche. Siempre es bueno agradecerle al tiempo. Creo que hoy se abre un nuevo capítulo: apagar el interruptor político y encender el cerebro para leer un buen libro. Esto es mucho mejor que tener cercanía con los vendedores de ilusiones quienes regularmente carecen de intelecto. Se oye chocante pero, creo que es cierto.

 

Twitter: @horaciocorro

Facebook: Horacio Corro

horaciocorro@yahoo.com.mx

 

 

COMPARTIR