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Guelaguetza ¿para el pueblo o para el Gobierno?
Por Pagina3.mx
30 de julio, 2018
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Jamila Alik

OAXACA, (pagina3.mx).- La Guelaguetza es una celebración que se anuncia no solo como la máxima fiesta cultural de Oaxaca, sino como lo señala un cartel de la publicidad oficial del Gobierno del Estado: es “la fiesta étnica folclórica más importante de América”.

Y nadie duda de la riqueza material e inmaterial del estado de Oaxaca, lugar donde se concentra la mayoría de población indígena y el mayor número de grupos étnicos del país.

La Guelaguetza -palabra zapoteca que hace alusión a la ofrenda, un presente y al espíritu de compartir- se realiza usualmente los dos últimos lunes del mes de julio, por ello se le conoce popularmente como los “Lunes del Cerro”.

Se efectúa en el Auditorio Guelaguetza ubicado en el Cerro del Fortín, donde participan las ocho regiones del estado ofreciendo sus bailes y productos al público. Cada lunes hay tanto una función matutina como una vespertina, efectuándose cuatro presentaciones en total.

Es además de una celebración, un respiro a la economía local, pues tan solo en 2017 generó un derrama económica de 336 millones pesos, los cuales se concentraron en el área de hotelería, restaurantes y artesanías, de acuerdo con la Secretaría de Turismo del Estado de Oaxaca (Sectur-Oaxaca) -datos obtenidos vía solicitud de información en la Plataforma de Transparencia-; por lo que es la época con mayor afluencia de visitantes en la ciudad de Oaxaca.

En la Guelaguetza, las comunidades no solo comparten su bailes tradicionales, sino también su vestimenta, la música, sus productos locales, parte de su memoria histórica, etc.; es un festejo donde debe primar la fraternidad entre los pueblos y ser una fiesta para el pueblo; sin embargo, ¿sucede de esa manera?, ¿todos los oaxaqueños y las oaxaqueñas pueden asistir?

Veamos, el auditorio cuenta con cupo para poco más de 12 mil espectadores, se divide en secciones A, B, C, y D, siendo las dos últimas zonas gratuitas, aunque este año por primera vez se empezaron a vender algunos boletos para el palco C. 

Así, el costo de las entradas para ‘disfrutar de la máxima fiesta cultural de Oaxaca’ cuesta: para la sección A= 1,121.00 pesos, y palco B= $908.00 si se compran en las oficinas de Turismo del Gobierno del Estado, mientras que aumenta el costo por las comisiones en TicketMaster. 

Y para quienes desean ingresar a las áreas C  y D implica levantarse muy temprano y madrugar, algunos están desde las 3 am y de esa manera agarrar un ‘buen lugar’ para asistir a la primera función que inicia a las 10 de la mañana.

Entonces, las personas con más recursos son quienes pueden presenciar la Guelaguetza, son quienes acceden a los mejores lugares; aun cuando no es la regla general, pues hay individuos que han ahorrado para disfrutar de este lujo, en un estado donde el salario mínimo es de 88 pesos. 

Pero también ocurre otro fenómeno, donde quienes más se benefician son las y los funcionarios, pues existe un ‘Palco Oficial’ o ‘central’ ubicado en la sección B4, cuyos lugares se reservan para el Ejecutivo, de los cuales no son ni dos, tres o diez asientos, sino 387 boletos que se apartan por función y están ‘resguardados por el área de Relaciones Públicas del Ejecutivo”, afirma la Secretaría de Turismo -a través de una solicitud de información-.

Así, por estos espacios oficiales limitados únicamente para funcionarios y allegados se deja de percibir un total de 1 millón 405 mil 584 pesos, cantidad muy superior a lo que se busca generar por la venta de lugares en la sección C, que nunca se han comercializado al ser gratuitas para el público después de efectuar largas e interminables filas para ingresar.

Sin embargo, en esta edición de la Guelaguetza 2018 se vendieron 682 boletos a 300 pesos cada uno, con lo cual se espera recaudar 204 mil 600 pesos, y de acuerdo con declaraciones del Gobernador se destinarán “para obras de caridad, de interés social’, cuando existen rubros dentro del presupuesto destinado para ello para no cargar más a la sociedad.

Este hecho conlleva analizar y desentrañar lo que ha significado y naturalizado en la vida pública: ‘quien gana más, quiere más y merece aún más, gastando menos y sirviendo menos’ y, efectivamente, a nosotros y nosotras, la ciudadanía ‘nos sirven menos’ por no tener sensibilidad, ni empatía hacia la población a quienes buscan cargar con su vida y la de sus familias. 

Y nosotrxs, ¿desde cuándo hemos normalizado la premisa de que quien más tiene, más debe tener a costa del propio pueblo? Una sabia indígena ha dicho que “un espíritu se ennegrecerá de egoísmo si quiere todo para sí, y nada para sus semejantes y cuanto más si es consciente de ello”.

Esta es la paradoja de una fiesta hecha por los pueblos -puesto que ninguna delegación participante recibe pago alguno, salvo la satisfacción de compartir su cultura- ofrendada a ciertos sectores, pero no a las propias comunidades indígenas ni a la mayoría de la sociedad oaxaqueña, desvirtuando el significado de esta celebración que para este año se proyecta una ganancia por concepto de entradas de poco más de 17 millones de pesos. Recordemos que en 2017 según estadísticas oficiales se vendieron un total de 17 mil 664 boletos y se recaudó por concepto de entradas 16 millones 35 mil 200 pesos. ¡Y hasta la fecha no sabemos cómo se utilizaron!        

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