brightness_2
Clima en Oaxaca
22‎°C
¿Por qué es tan atractivo el tema militar? Reflexión psicológica a propósito de una exposición en Oaxaca
Por Pagina3.mx
12 de agosto, 2018
Comparte

Juan José Ricárdez López /Psicólogo Clínico

Caín, usaste la academia de grado militar y de estrategia;

por fin te viste entre la tropa tienes verde la piel, también la ropa.

Caín, no te sientas culpable,

aplacaste al rebelde al indomable.

Caín, la choza humilde que se incendia

sólo ha sido un error de la estrategia.”

Alejandro Filio.

Caín.

En el marco de las celebraciones de la Guelaguetza se llevó a cabo la Exposición Militar “Fuerzas armadas… pasión por servir a México” en el famoso parque El Tequio, ubicado en Santa Cruz Xoxocotlán, municipio conurbado a la capital de Oaxaca. 

Según la in información de la prensa (Sosa, 2018) y del propio cartel de invitación, en esta exposición podían encontrarse vehículos terrestres y aéreos, así como stands de información y exhibiciones ecuestres, además de muchas otras atracciones.

En la nota periodística a que me vengo refiriendo (Sosa, 2018), cuyo título es: Exposición militar en Oaxaca reúne a decenas de familias, se lee al inicio: “Las grandes armas y los imponentes tanques de guerra atraen las miradas de quienes acuden en familia y desean la foto del recuerdo”. 

Por otro lado, la gran atracción de esta exposición se me hizo evidente cuando observé en WhatsApp una gran cantidad de fotos de niños y niñas en algún vehículo militar o portando un uniforme del mismo tipo. 

No podría decir en qué medida la voluntad de asistir a dicha exposición haya sido originalmente de esos niños y niñas (independientemente de que seguramente la disfrutaron); más bien creo que la atracción del atavío y la tecnología militar atrajeron a padres, madres y familiares adultos de los niños y niñas que vi vestidos de militares. 

Es así pues que la pregunta que propongo para este texto es: ¿qué hace tan atractivo el asunto militar entre la gente?

Para abordar este tema, entonces, debo ser franco en algunos puntos.

Primero, me declaro absoluto desconocedor y total desinteresado de la dinámica y los códigos militares. Lo que sé es lo que puede saber la más ignorante de las personas a este respecto.

Segundo, no parto de una postura imparcial. Me parecería grosero hacerlo en un contexto en el que los atropellos perpetrados por la institución militar son tan evidentes: las dictaduras militares en América Latina, Tlatelolco, Chiapas, Ayotzinapa, Tlatlaya, y seguramente muchos más. 

Último, quiero aclarar que lo que a continuación se expone no se refiere a las personas debajo de la ropa verde, sino al Ejército en tanto como ente inmaterial e impersonal vivo en el imaginario social, y que opera independientemente de sus miembros activos y caídos.

Aclarado lo anterior, se puede retomar, expandir y puntualizar la pregunta inicial para quedar de la siguiente manera: ¿Qué hace tan atractivo el asunto militar entre la gente en México, independientemente de los atropellos que esta institución ha perpetrado en contra de mexicanos y mexicanas? Empecemos pues con nuestra propuesta de aproximación.

En primer término podemos hablar de una importante influencia social, particularmente escolar. 

En las escuelas mexicanas (sobre todo de nivel básico), existe una macada influencia militar en prácticas como: las formaciones, el fomento del patriotismo, el corte de cabello y el uniforme, la paradoja de imponer a niños y niñas jurar lealtad, el moralismo polarizador entre buenos y malos, los concursos de escoltas, las bandas de guerra, la entonación permanente y monótona del Himno Nacional (llamado a la guerra), y quizás más. 

Es comprensible, entonces, que ante todas estas prácticas que para niños y niñas carecen de sentido (igual que seguramente para muchos profesores y profesoras) se genere una repetición incesante.

Otra arista de esta atracción puede explicarse a partir de la construcción de la identidad. 

Para los varones, el Servicio Militar es obligatorio a partir de que se cumplen 18 años. Este trámite entonces coincide con el de la credencial de elector que emite el Instituto Nacional Electoral (INE). 

Por lo tanto –por lo menos para el caso de los varones– la obligación de tramitar la cartilla militar sería una especie de ritual para el ingreso a la adultez. 

Así pues, cada varón mexicano deberá contar con este documento militar para tener acceso a una oportunidad de empleo (en la mayoría de los casos).

Para continuar con esta línea –la de la influencia de la búsqueda de identidad en la atracción por lo militar– valdría la pena hacer hincapié en la estrategia militar de hacer saber a sus miembros que forman parte de algo (el Ejército), y que es un honor defender al país de las amenazas que le acechen. 

Es Michael Moore (2004) quien retrata cómo el gobierno de Estados Unidos emprendió una fuerte campaña de reclutamiento que apuntaba a los jóvenes de las clases sociales poco favorecidas, y en cuya promoción impresa y televisiva se enfatizaba la gran oportunidad que representaba para un joven defender a su país (y ser importante) en la atroz invasión a Irak.

Reclutar adolescentes a través de una campaña centrada en la identificación es una estrategia eficaz, puesto que es justamente en esta etapa en que aparece una crisis de identidad (Erikson, 1978), y cualquiera que ofrezca un nombre para el o la adolescente que no sabe quién es, representa un alivio importante de la angustia.

El último factor que abordaremos es el que tiene que ver con los procesos internos de la mente, y que muy seguramente favorecen la atracción de la temática militar entre las personas. 

En Introducción del narcisismo (1914), Freud propuso la existencia de una instancia psíquica que estaría encargada de representar a la conciencia moral en el interior de cada persona. 

Esta instancia sería denominada entonces “ideal del yo” y posteriormente “superyó”, y provee a las personas la sensación de ser observadas y sancionadas por un juez interior cuando los preceptos morales son violados (el superyó es como el Pepe Grillo  que vemos en el cuento de Pinocho, o el angelito que lucha contra el diablito interior en las caricaturas). 

De los casos en que el superyó actúa con severidad puede desprenderse sintomatología paranoide u obsesiva.

Desde que conceptualiza el ideal del yo hasta que se consolida su teoría del superyó, Freud atribuye una importancia determinante a la influencia principalmente del padre para el surgimiento de esta estructura: el superyó se establecería en el psiquismo como representante del padre que prohibió durante el Complejo de Edipo la consumación libidinal del niño con la madre. 

El superyó será pues, a partir de los cinco años, la voz interior que se opone a la satisfacción de las pulsiones. 

Años más tarde, Melanie Klein (2008a [1928], 2008b [1933]), por su parte, y gracias a su trabajo con niños y niñas de muy corta edad, descubre que el superyó es observable ya al año y medio o dos años de vida. Esta autora agrega, además, que este superyó es mucho más severo que el estudiado por Freud en niños y niñas de edades posteriores.

La simpatía que particularmente las y los niños muestran por figuras que representan autoridad tiene que ver con la proyección de esta estructura interior en el exterior (muchos niños, en algún momento, indican el deseo de ser bomberos). 

Si buscásemos, como hacen los niños inconscientemente, un representante del superyó (entendido como la ley, la prohibición, la conciencia moral), la policía y el Ejército serían símbolos perfectos. 

Siendo el Ejército el tema particular de este texto, podemos afirmar que esta institución es una representación externa del superyó de cada persona. 

La disciplina militar es, sin duda, una de las características más reconocidas de esta institución. Y es justo en la magnitud de esta disciplina en la que las personas podrían disentir, habiendo gente para la cual los encuartelamientos, encarcelamientos militares y demás tratos y sanciones serían comprensibles y hasta plausibles, mientras que para algunas otras personas serían inadmisibles.

Como decíamos previamente, cuando el superyó opera con severidad pueden aparecer síntomas obsesivos o paranoides. 

Este último caso está acertadamente representado en Full Metal Jacket (1987), en la que Kubrick muestra al sargento Hartman (R. Lee Ermey), quien somete a los jóvenes reclutas a los más atroces tratos como parte de su entrenamiento. 

La torpeza y gordura de uno de los jóvenes, Patoso (Vincent D´Onofrio), enfurece al sargento, quien no cesa en humillaciones hacia él. Finalmente, Patoso asesina al sargento. 

Podríamos pensar al sargento como un superyó severo que Patoso experimentó como persecutorio y amenazante, por lo cual responde de modo paranoico: destruyéndolo ante el temor de ser destruido por él. (Un ambiente que también se encuentra en La ciudad y los perros [1974] de Vargas Llosa, pero las ansiedades referentes al superyó de los jóvenes protagonistas no se depositarían en las autoridades del colegio militar, sino entre compañeros).

Permítaseme pues la licencia de generalizar la percepción de Patoso a la población mexicana y en este caso oaxaqueña, y la imagen persecutoria y amenazante del sargento Hartman al Ejército. 

Así las cosas, diríamos que estamos asustados y asustadas ante la presencia de un Ejército amenazante. Pero ¿por qué nos atrae y acudimos a su exposición? 

En su texto sobre los y las mexicanos, Santiago Ramírez (1977) propone que la ansiedad que genera en las personas la figura de autoridad del padre (particularmente en los varones) deriva en estrategias para evadir la vigilancia y el castigo. 

Así, las travesuras y el cantinfleo, por ejemplo, serían medios de burla a la autoridad del padre (superyó); es decir, acudiríamos en la realidad externa a ver al Ejército proyectando el deseo de acercarnos al superyó del que más bien huimos en la realidad interna. 

Otra explicación la encontraríamos en la “identificación con el agresor” (Freud, A., 1984), mecanismo a través del cual el sujeto se atribuye características del objeto temido (en este caso el superyó) como medio de protección ante la amenaza que representa (quizá por eso el afán de padres y madres de vestir a sus hijos e hijas de militares).

En fin, que seguramente habrá quien considere exagerado (paranoico) lo que aquí se ha expuesto, sobre todo por atribuirle el calificativo de amenazante al Ejército de México. 

No obstante, en el marco de los cambios realizados a la Ley de Seguridad –a la que varias voces se opusieron desde el Senado y la sociedad civil– en el sentido de que “involucra a militares en temas de seguridad pública (…) [además de que] faltan controles y priva la opacidad” (Angel, 2017), no puede menos que mirarse –en opinión de quien ahora escribe– una exposición militar como un acto velado de intimidación hacia quienes deciden acudir: te enseño lo que tengo para atacar en caso de que lo considere necesario. 

Incluso, el Estado contó con la presencia del titular de la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) en la Guelaguetza, y una presencia como esa jamás debe pasar inadvertida.

Resumiendo, pues, diríamos que la atracción por el asunto militar puede obedecer a la influencia social (costumbre de prácticas), la dispersión identitaria, y la proyección de ansiedades relacionadas con el superyó a fin de paliarlas disfrazándolas en la realidad externa. 

Por mi parte –como si a alguien interesara– diré que jamás asistiría a una muestra como ésta, porque ponerme ropa verde (identificación con el agresor) implicaría fingir que nunca hubo Tlatelolco 68, Chiapas 94, Tlatlaya o Ayotzinapa 2014. 

Quizás sea paranoico, pero en estos, y en muchos casos, me parece que es más ético serlo.


Juan José Ricárdez López, Psicólogo clínico

Contacto: (044951) 1009730

[email protected]

aacademica.org/juan.jose.ricardez.lopez

 

Referencias

  • Angel, A. (13 de diciembre de 2017). Senado modifica 9 artículos a la Ley de Seguridad Interior, pero no toca ninguno de los más polémicos [Web blog post]. Animal Político. Recuperado de https://www.animalpolitico.com/2017/12/senado-dictamen-ley-seguridad-interior/
  • Czarnecki, J., Glynn, K., Moore, M. (productores) & Moore, M. (director). (2004). Fahrenheit 9/11 (cinta cinematográfica). Estados Unidos: Miramax Films, Lions Gate Films, IFC Films, Fellowship Adventure Group, Dog Eat Dog Films, Westside Production Services. 
  • Erikson, E. (1978). Notas autobiográficas sobre la crisis de identidad. En Erikson Sociedad y adolescencia (pp. 5-72). México: Siglo XXI editores.
  • Freud, A. (1984). El yo y los mecanismos de defensa. México: Paidós.
  • Freud, S. (1979a). Introducción del narcisismo. En Strachey Contribución al movimiento psicoanalítico y otras obras. Volumen XIV (pp. 19-27). Recuperado de http://psikolibro.blogspot.mx/search/label/Obras%20Comple tas%20S.%20Freud
  • Klein, M. (2008 [1928]). Estadios tempranos del conflicto edípico. En Money-Kyrle Obras completas de Melanie Klein 1 Amor, culpa y reparación (pp. 193-204 ). México: Paidós.
  • Klein, M. (2008 [1933]). El desarrollo temprano de la conciencia en el niño. En Money-Kyrle Obras completas de Melanie Klein 1 Amor, culpa y reparación (pp. 253-262). México: Paidós.
  • Kubrick, S. (productor y director). (1987). Full Metal Jacket (cinta cinematográfica). Reino Unido: Warner Bros.
  • Ramírez, S. (1977). El mexicano, psicología de sus motivaciones. México: Grijalbo.
  • Sosa, Y. (15 de julio de 2018). Exposición militar en Oaxaca reúne a decenas de familias [Web blog post]. El imparcial. Recuperado de http://imparcialoaxaca.mx/la-capital/190574/exposicion-militar-en-oaxaca-reune-a-decenas-de-familias/
  • Vargas Llosa, M. (1974). La ciudad y los perros. España: Seix Barral.
Comparte