Hay una sola cosa en la que todos los que trabajan en el H.G.D.A.V. coinciden. Todos están siempre ansiosos de delimitar funciones y responsabilidades. Siempre la excusa para no hacer algo es la misma: “Eso no me corresponde hacerlo”. Es como una función de box donde se presenta una cartelera de enfrentamientos donde el evento principal es “Enfermería vs Camilleros” y tendrá algunos rounds bastante intensos. Aunque pueden ocurrir varios encuentros más en forma preliminar, ya lo sabemos, algunos notables y otros donde no habrá mucha combatividad. El caso es que enfermería atribuye actividades a los camilleros y los camilleros se excusan diciendo que las enfermeras no quieren asumir sus funciones; los administrativos relegan actividades a trabajo social, los de lavandería a los de limpieza, los médicos internos a enfermería y así ad infinitum.

Tal vez exagero un poco, quizá no es exactamente todos contra todos pero sí hay una eterna pugna entre ciertos elementos de determinadas áreas que ya he mencionado. El típico “eso a mí, no me toca”, “esa es una de sus funciones”, “eso no me corresponde”, “eso le toca a ustedes”, etc. Aunque en todos los bandos hay profesionales con la mejor disposición a colaborar en aras de una mejor atención al paciente, tampoco faltan los provocadores, quisquillosos, altaneros e intransigentes.

Pero sí es notoriamente ridículo y absurdo que hay personas que muchas veces emplean mucho más tiempo y esfuerzo buscando a alguien que realice una tarea que suele ser sencilla pero que por alguna razón incomprensible para mí no pueden hacerla ellos mismos, que lo que emplearían realizándola directamente. La mayoría de las veces como he dicho, se trata de actividades bastante simples. Pero no, muchos carecen de la disposición o quizá consideren que es degradante porque creen que ellos deben manejarse “a otro nivel”. Es absurdo. Quiero recalcar que no es que yo quiera que asuman esas pequeñas tareas para toda la eternidad, pero tampoco se acabará el mundo si ocasionalmente las hacen.

En contadas ocasiones algunas personas se ven obligadas a poner manos a la obra y realizan algunas actividades de mala gana y encima lo hacen a medias. Ejemplo: Una persona (de enfermería o médico interno) que no tiene más remedio que conducir en una silla de ruedas a un paciente a la salida. A regañadientes va y deja al paciente pero al volver ya no lo hace con la silla, sino que la deja ahí, la lógica en esto es que “eso no le corresponde”. Es extraño, al menos para mí. Porque de todas formas tiene que regresar al mismo lugar donde tendría que devolverla, no le cuesta tanto en realidad llevarla de vuelta. Es como si en un partido de futbol, un jugador de la defensa se hiciera con la pelota en terreno propio, un poco atrás de media cancha, burlara a todos los rivales que encuentra de camino a la portería e incluso al mismo portero, pero estando a un paso de hacer la anotación simplemente abandonara el balón y se retirara porque hacerlo le corresponde al delantero. Es extraño, es desconcertante, ridículo y absurdo. Quizá no conocen el concepto de “futbol total”. Seguramente en un estadio un suceso como el antes mencionado se haría merecedor de estruendosos y por demás cálidos saludos de parte de la porra.

Una vez una enfermera muy a su pesar llevó a un paciente de su servicio a otro. No lo había llevado antes alegando que el camillero del área no estaba presente. Total que la presión aumentó a tal grado que no hubo más remedio que conseguir alguien que supliera tan notable ausencia. Y allá fue la enfermera Pingüica con el paciente quien finalmente fue recibido en el servicio de destino. Pingüica cuando se retiraba comentó que no se llevaría la camilla de regreso, que después enviaría al camillero por ella y la dejó pegada a la pared de enfrente, justo frente a la puerta. No especificó cuándo enviaría a recogerla y estuvo dos días y medio ahí, como abandonada. Lo más perturbador es que Pingüica pasó muchas veces en esos días por el sitio sin inmutarse al ver que la camilla continuaba en el sitio donde decidió deshacerse de ella.

Me pregunto cuál es el sentido de esto, porque no solamente es esta enfermera en particular, es una actitud bastante común, por desgracia. ¿Así ocurrirá en sus asuntos particulares? Debe ser frustrante convivir estrechamente con esas personas, si topárselos en el trabajo puede llegar a ser por demás irritante no quiero ni pensar la desesperación que puede llegar a sentir alguien que esté en su círculo más cercano. Imagino que tienen miles de pendientes esperando por una resolución. Me sorprende que lleguen al trabajo. Siguiendo la lógica que aparentemente siguen,  de hacer las cosas a medias, uno podría imaginar que salen de sus casas para ir allá pero nunca llegan, porque así acostumbran ir por la vida, dejando las tareas inacabadas. Sobre todo me llama la atención que se quieran ostentar como grandes profesionales cuando con esas actitudes demuestran que han olvidado por completo cuál es la finalidad principal y última de su trabajo y que es nada más y nada menos que la atención al paciente y que prácticamente todo lo que hacemos en el hospital está relacionado directa o indirectamente con ese objetivo.

Más frecuentemente de lo que me gustaría admitir hay confrontaciones, incluso frente a los propios pacientes, lo cual me parece muy poco profesional y de mal gusto. He presenciado algunos de estos enfrentamientos desde ambos lados, como paciente y como trabajador de salud y en primer lugar es sumamente incómodo para uno como paciente que las personas que están a cargo de su cuidado se peleen por intentar que alguien más haga, o por no hacer, las tareas que eso implica. Es como para que uno se indigne, se levante y se vaya a poner una queja ante derechos humanos porque esto contraviene completamente la carta de los derechos de los pacientes, específicamente donde enuncia que una de sus prerrogativas es recibir trato digno y respetuoso.

Adrián Lobo.

 

 

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