ANTONIO MUNDACA

Fidel Herrera quiso tener su maximato* en Veracruz. Heredó el poder a Javier Duarte -y vino el desastre que todos conocemos- un joven que empezó siendo su chalán, el joven de buena familia cordobesa que le cargaba las carpetas repleto de ambición y ganas, igual que su maestro, de abrirse paso en la política sureña. Y entonces Veracruz acabó siendo algo que el maestro de generaciones de periodistas de la Universidad Veracruzana, Luis Velázquez, llamó varias veces la decena trágica** jarocha.

El hechizo del Fogoso Herrera fue la tropicalización del poder. Atendía las regiones de Veracruz con un sentido “humano y popular”. Cargaba una bolsa de dinero donde regalaba 500 pesos, 200 pesos a los necesitados. Medicinas y despensas para todas las regiones. Su sexenio, decían los politólogos, era una campaña permanente. Inauguró por todo el territorio Veracruzano “cumbres de negocios”. Pintó con el color rojo de la desgracia empobrecida del jarocho promedio, escuelas, hospitales, calles enteras. No había obras reales pero posicionó su color político en todas las consciencias. Fidel Herrera hizo llamados a la estabilidad social, mientras en el submundo, Veracruz se convirtió en un estado con la deuda más estrepitosa del país.

Fue un estilo “único” el de Fidel Herrera. Algo nunca visto en el sexenio anterior. Miguel Alemán Velasco –su antecesor- fue un gobernador encerrado en su palacio, alejado de la gente y que gobernó sin el pueblo. Era de la vieja y rancia clase de políticos veracruzanos. “El catrin” que parecía un empresario dedicado a enriquecerse. Fidel Herrera, en cambio, era un hijo del pueblo. Un niño pobre que vendió cocadas para pagarse su escuela primaria. Oriundo de un pueblito cuenqueño llamado Nopaltepec, que a base de esfuerzo e inteligencia se hizo de un nombre hasta escalar a “la cúspide del pinche poder”, como él mismo le llamó a sus logros políticos a finales del sexenio.

A las críticas, Fidel Herrera siempre les dijo “calumnias”, “inventos”. Aunque medios de comunicación nacionales e internacionales documentaron la historia de la fidelidad con rigor y las consecuencias sociales y humanitarias, supo escapar de la justicia. Creó medios de comunicación que de 2004 a 2010 se subordinaron al “jefe máximo”, como nunca antes vimos en el estado de Veracruz.

Durante su mandato hubo violencia, desfalco a las arcas estatales y desaparición de dinero público cometidos desde el poder. Todo eso fue acallado por la gran mayoría de los medios locales a cambio de millonarios convenios publicitarios otorgados a discrecionalidad y con opacidad. Fue el caldo de cultivo para que, en el duartismo, Veracruz se convirtiera en la entidad más peligrosa para ejercer la libertad de expresión.

Su sexenio fue una romería de populismo donde se asentó en territorio veracruzano el crimen organizado. Se hablaba entonces de la “fideliña” que se traducía como el estilo de gobernar de Fidel Herrera, donde “agarraba de tonta a la gente, pero la dejaba contenta”. Su sexenio fue maravilloso para la prensa veracruzana. El folclor llenó las primeras planas y los medios de comunicación se enriquecieron. Fidel Herrera, aseguran periodistas veracruzanos, decía que “ los medios de comunicación sirven para tapar la mierda, como los gatos”.

Hubo una horda de alumnos de la fidelidad que coparon todos los espacios de poder en el sexenio duartista. Se le salieron de control a Javier Duarte de Ochoa. Los hizo diputados federales y ricos hombres de negocios. Todos hijos “notables” de la fidelidad. La prensa veracruzana, la clase política fidelista se convirtieron en cómplices por conveniencia, por necesidad y distorsionaron en su momento, la realidad veracruzana.  Hoy, enfrentan a la historia.

 

#ParaDocumentar

* Maximato es un periodo de gobierno y política en la historia de México que comprende de 1928 a 1934, en el que fueron presidentes Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez, los tres imposiciones del fundador del PRI, Plutarco Elías Calles.

** La Decena Trágica, que sucedió del 9 al 18 de febrero de 1913, es el nombre con el que se conoce al golpe militar liderado por Victoriano Huerta para derrocar a Francisco I. Madero. Es una forma de referirse en la historiografía como  una “traición a la democracia”: