Antonio MUNDACA / Twitter:@amundaca

TUXTEPEC, OAX.- (pagina3.mx).- Marcos Bravo, ex candidato a la diputación local por Tuxtepec del Partido Nueva Alianza (Panal) y dirigente momentáneo de la Fundación Humanitaria de la Cuenca del Papaloapan (Fhucup), es multifacético. No hay duda de eso. Y ha ido aprendiendo bien cómo se mueven las redes, los contenidos fatuos, la creación de grupos e idilios de la mercadotecnia, el discurso del poder, o más que eso, el discurso del empoderamiento.

Lo mismo hace política que comunicación política (amable lector, favor de no confundirlo con periodismo, por aquello de los asesores “todo terreno” que venden gato por liebre). Pero se entiende, Marcos también es publicista de formación. 

Se supone que fue idea suya y de un grupo de amigos hacer una revista para presumir no solo la victoria ajena, casi propia pero ajena, de su mentor político Fernando Bautista Dávila y de paso lo hicieron con “coperacha”, para contar el acontecimiento de sus vidas, aunque sea una vida ajena: “El chinanteco que venció el efecto AMLO”. 

Y podría ser algo creíble, si el periodismo no consistiera en dudar de las versiones oficiales y los títeres que la reproducen por amor o conveniencia. La idea podría ser buena, pero hay contradicciones que aún no terminan de aclararse. 

En dicha publicación, que ensalza las bondades del poder público, aparece la historia idílica y una historia de superación digna de ser contada sino fuera porque salió desde una idea de mercadotecnia pura, planeada con una intención electoral venidera. 

Marcos Bravo se convirtió en el editor de dicho dossier (ni siquiera revista, dossier, aclarado por el mismo editor, ya que la diferencia es que el dossier lanza productos y marcas, y la revista en teoría, podría manejar algo con contenido periodístico).

¿Por qué aparecen funcionarios o personal del Ayuntamiento en los créditos?, ¿vanidad, cinismo, fraternidad entre empleados de un mismo gobierno? Puede ser cualquier cosa. Pero dicha acción por simple que parezca, acentuó la sospecha que la campaña victoriosa de Nueva Alianza fue pagada con dinero público.

Porque ¿qué necesidad de mostrar el músculo si no fuera que han iniciado una campaña que tiene como objetivo el proceso electoral 2021 en medio de tantas necesidades prioritarias? Quizá por eso llamó la atención del periódico El Universal en su edición nacional. 

Porque ¿puede un municipio colapsado por la inseguridad tener tiempo para estas cosas que no son urgentes o de primera necesidad? No lo hizo el gobierno, es cierto, pero sí funcionarios del gobierno y un editor (que además es ex candidato) ligado al grupo político que hoy gobierna.

Eran innecesarios los nombres de esos colaboradores “amigos”, quizá, pero si aun sabiéndolo decidieron hacerlo, también manda señales, indicios que revelan la gravedad de los errores de cálculo, puntualizan el orden totémico que rige a los subordinados de una fundación que rinde culto a la personalidad, y suma sus recursos a su vocación real: construir carreras políticas. 

Y es que el dossier, como ellos mismos lo llaman, exhibe el cáliz de todas las sospechas en una ciudadanía que no es  militante partidaria –y de la que no se espera nada pues está acostumbrada a nunca cuestionar nada-, exalta a los enemigos del Davilismo, que frustrados por las derrotas, no saben cómo comprobar desfalcos y ensalza a los amigos del Davilismo, que se rasgan las vestiduras por seguir guindados de la nómina o de los beneficios propios del poder que se avecina. 

Marcos Bravo es el editor de la victoria ajena y en medio de esto va su proyecto personal. Es un paso adelante para quedar frente a su jefe como el cortesano perfecto y aventajar en la carrera de la sucesión aún con su derrota electoral a cuestas. 

Para los Marquistas sería preferible esto, a entender que todo se trata de un engranaje que busca posicionar el Davilismo, más allá de las fronteras tuxtepecanas, más allá de las palmeras, las sombrillas, las letras brillando de una ciudad incendiada por el narco y colapsada por la falta de agua potable y los socavones. 

Lo que sigue es repartir dicho dossier en los municipios que comprenden la diputación federal del distrito 01 y después empezar la campaña bajo la sospecha -con acciones como ésta, tan infantiles, tan innecesarias, tan cuestionables- que la propaganda de la imagen del “Chinanteco que venció el efecto AMLO” se hará con el dinero público de las y los tuxtepecanos.