HOSPITAL INCURABLE | El verdadero “buen fin”

Adrián LOBO

OAXACA, (pagina3.mx).- Mucho antes que se inventaran esa artimaña de mercadotecnia bautizada como “El buen fin”, ya existía una situación más cercana a la descripción que hace el título.

Me refiero al fin de año que trae para las y los asalariados unos días de felicidad con base en el consumismo, aunque no todos se entregan a eso con tanta facilidad y alegría, me imagino que todos conocemos a alguien que emplea las percepciones de fin de año para concretar proyectos en lo personal o familiar, pago de deudas, mejoras en su vivienda, etc.

Pero un mejor empleo de la vacía frase “El buen fin” y que le daría un sentido más profundo según mi consideración, sería para referirse a otras situaciones, como por ejemplo: El fin del sexenio del telepresidente, el fin del PRI o el fin del sexenio de Yunes en Veracruz. 

Otro ejemplo de buen fin que aguardo con ansias es el fin del sexenio extendido de Murat a través de su junior imberbe que es incapaz, entre otras cosas, de dar tres pasos cargando una marmota. 

Más allá de esos finales -que por suerte podemos asegurar que llegarán- hay otros inciertos que son aún más anhelados y necesarios para tener un mejor país: El fin de la inseguridad, el fin de esa violencia rabiosa y enferma que hemos estado padeciendo. 

Por desgracia hay finales muy deseados y percibidos como buenos que no necesariamente preceden el inicio de algo mejor, como nos sucedió con Gabino Cué, con mucha vergüenza admito que fui uno de los ingenuos que creyeron que realmente íbamos en Oaxaca a hacer historia, que en mi querido estado las cosas realmente iban a cambiar…

Me disculpo con quienes tengan la amabilidad de leer estas humildes líneas, les ruego que tengan la bondad de comprender que busqué un desahogo.

Una vez dicho lo anterior vuelvo a la idea original. 

Hay percepciones de este tipo que tienen una base legal, como el aguinaldo que es un derecho de trabajadores. 

Sin embargo, hay otros con los que no estoy de acuerdo y desconozco si tienen un fundamento legal y aquí sí me voy a meter en aprietos con amigos, conocidos y familiares, lo siento mucho pero tengo que decirlo. 

Es el caso del famoso bono sexenal que muchos esperan ansiosamente en el H.G.D.A.V. (Hospital General Doctor Aurelio Valdivieso) y en toda la Secretaría de Salud, tal vez todos los burócratas, porque ese bono se otorga al personal sindicalizado aglutinado en la Federación de sindicatos de trabajadores al servicio del estado. 

Y ya que menciono esa organización sindical quiero plantear una pregunta: ¿Cómo se pronuncia F.S.T.S.E.? He escuchado a muchas personas intentarlo, pero lo hacen siseando, como si fueran serpientes y a otras más inventándose una “E” después de la “F” y eliminando la primera “S”. “La FETSE”, dicen. 

Así me surge otra duda, si omitir letras al leer o escribir se conoce como “comerse las letras”, ¿cómo se puede uno referir al acto contrario de agregarlas? ¿Podría ser algo como “vomitar las letras? Pero bueno, no me hagan mucho caso, por otra parte yo por si acaso sólo digo “La Federación” para evitarme problemas.

Es cierto que el final de este sexenio es una ocasión digna de celebrar pero más que algo merecido, como muchos dicen que es, a mí me suena como una dádiva que funciona como moneda de cambio, se otorga a cambio de algo y se me ocurre que ese algo es mantener a las huestes tranquilas, como comprar un silencio, pagar para que no haya escándalo al ver que se llevan todo lo que pueden en su año de hidalgo, porque pues al menos reparten. 

El de este año 2018 no es primer bono sexenal que se otorga pero a mí sí me gustaría ver que fuera el último, porque tal vez pienso mal, pero me da por creer que si a la base trabajadora que no está ni de cerca de pertenecer a la burocracia dorada de la que tanto se ha hablado en fechas recientes, cuánto dinero más será el que se reparte a esos altos niveles por el mismo concepto o uno similar.

Otro bono que no se otorga a todos pero que igualmente percibo como improcedente y que está por pagarse en estas fechas de fin de año es uno que se llama “De puntualidad y asistencia perfecta”. 

Se supone, como el nombre sugiere, que se otorga a todos aquellos que llegan a trabajar puntualmente y no tienen inasistencias en el periodo evaluado. Aunque en último análisis es un dinero que se otorga básicamente por ir a trabajar en un cierto horario. Pero, ¿no percibimos ya un monto quincenal por esa razón, no tenemos un sueldo? 

Para mí este asunto tiene muchos puntos cuestionables, porque como todos los que trabajamos en el H.G.D.A.V. sabemos, checar la tarjeta a tiempo no siempre implica que te incorpores a realizar tus labores correspondientes a esa hora precisamente, muchos acostumbran “pasar visita”, dar una vuelta por aquí y por allá o de plano salirse e ir a atender asuntos personales. 

Ahora bien, hay quienes me dicen que sí es justo porque si acumulas cierta cantidad de retardos en un periodo determinado te hacen un descuento en tu percepción quincenal por que se configura una falta. Lo cual por cierto es ilegal, en dado caso la ley faculta al patrón a no permitir la entrada al trabajador que llega retrasado y de esta manera procede el descuento por inasistencia. 

Quiero pensar que este bono busca estimular la productividad pero ¿no se les ocurrió algo mejor?, porque es difícil evaluarla en un hospital. 

Vamos, por mucho que un médico desee operar a 20 pacientes de apendicitis por semana si no hay más que diez pues qué puede hacerse. 

Algo que sí se puede hacer es buscar por ejemplo otorgar una gratificación por implementar mejoras en ciertos procesos, por mantener el nivel de merma en los almacenes en cero, por implementar procedimientos más eficientes que permitan al hospital generar ahorros y dar una mejor atención. 

Pero aun así para mí es cuestionable y no solamente porque yo sea un cascarrabias sino porque insisto en que para eso nos pagan, para trabajar, ¿no es nuestra obligación poner todo de nuestra parte y esforzarnos para hacerlo bien o al menos tan bien como podamos? 

Simplemente ir a cumplir con un horario y seguir una política de mínimo esfuerzo es un una actitud sumamente mediocre. Eso precisamente es de lo que se trata un trabajo, realizar una actividad a cambio de una compensación económica. 

Por la misma razón exigir premios por hacer bien nuestro trabajo no me parece correcto, en todo caso desde el principio lo que se debería exigir son mejores sueldos, creo yo. 

Si lo que se desea son aplausos y premios por un trabajo bien hecho lo mejor es irse a trabajar a un circo. 

Aclaro que todo esto que escribo es en lo relativo al trabajo que hacemos en la Secretaría de Salud, específicamente en el H.G.D.A.V., en la iniciativa privada puede ser muy distinto, en ese ámbito sí me parece justo y deseable que las empresas distribuyan mejor las utilidades. 

Por cierto que me parece muy curioso que hasta donde he podido observar y en mi experiencia se gana mejor en el gobierno que en las empresas particulares cuando debería ser precisamente todo lo contrario. 

Por eso me da risa que algunos digan que puede haber una especie de “fuga de talentos” ya que los funcionarios de alto nivel ante la perspectiva en el  nuevo gobierno de una reducción en sus fabulosos y escandalosos sueldos se irían a la iniciativa privada buscando mejores ingresos cuando todos sabemos que no es más que un chantaje, porque en ninguna empresa les pagarían lo que les paga el gobierno.

Insisto en hacer la comparación con lo que sucede en el ámbito privado. Creo saber que ningún gerente o directivo, al dejar su puesto, ha otorgado ni otorgará nunca a trabajadores una gratificación disfrazada de estímulo económico al retirarse. Antes que eso suceda lo corren de su trabajo.

Y no hablo nada más porque la envidia me corroa y los celos me consuman, ya que este “Estímulo económico especial” es para el personal de base, a eventuales ni siquiera nos otorgan el anticipo de aguinaldo que también le dan a aquellos para supuestamente “aprovechar las ofertas del buen fin”. 

Sucede que, por ejemplo, ahora en octubre de 2018 volvimos a botar a la basura (no sé si sacadas del propio almacén o traídas de otro lado) soluciones caducadas, esta vez para diálisis peritoneal, unas 10 cajas. 

En la iniciativa privada rodarían cabezas, esas mermas se las cobrarían a trabajadores por no ocuparse de que no ocurriera tal cosa. 

Cada una de esas cajas puede valer unos $ 300.00; sin embargo, no son los costos lo que más molesta sino el hecho de que cuando un paciente necesita de estas soluciones y resulta que no hay enviamos a sus familiares a comprarlas. 

Es decir, que no es únicamente que no tengamos recursos o que tengamos pocos sino que además lo que hay no lo sabemos aprovechar. Es lamentable. Pero eso sí, nos atrevemos a asegurar que merecemos un bono sexenal.