ANTONIO MUNDACA

OAXACA (#PAGINA3.MX).- Durante la cobertura que hicimos sobre la caravana migrante vimos muchos niños sufriendo el escape de una guerra. Sus padres huyendo con ellos de la violencia extrema sin pertenencia alguna, dejando todo por la pobreza, la corrupción y el miedo. Miles de hombres y mujeres que si no fuera por su acento pensarías que son mexicanos.

Hay un patriotismo bananero. Porque es demasiada la ignorancia y demasiado el odio disfrazado a causa de un desconocimiento de las cosas que nos hacen iguales a los centroamericanos. Como en Tijuana, una ciudad fronteriza y de migrantes que conozco, donde todo es mestizo y nada es propio, donde hay personas de Oaxaca y Veracruz siempre de paso, hoy muchas de ellas tan mimetizadas a la cultura gringa que se han olvido que migraron.

En el fondo somos muy parecidos a los gringos. Esos a los que muchos mexicanos odian por estigma social, porque es el Imperio que nos roba, nos saquea, nos impone un sistema de mercado, una forma de ver el mundo y todos los días exportamos su xenofobia que se expande con Trump como política de estado, con la excusa de quienes migran: mexicanos y centromericanos son los asesinos, los hijos de puta que merecen mayor o menor pobreza por tener un origen distinto y tuvieron la suerte de haber nacido en un país o en otro.

Nos merecemos ser el patio trasero del imperio y levantar su basura. Somos el capataz que defiende su parcela y cuida la entrada al rancho del patrón, pensando que una persona herida por la guerra va a quitarle el trabajo. Mozo sin padre, que al no tener nada, no tuvo en su casa una madre que le dijera que los frijoles, con un poco de agua, alcanzan en una casa para que coman muchos. Los medios de comunicación, las redes sociales criminalizan.

¿Qué obliga a una madre a dejar a su familia, su tierra, sus muertos, su comida y atravesar un país hostil? Recuerdo a Leslie. La niña Hondureña que conocí en Loma Bonita Oaxaca, con microcefalia, de 8 años, empujada en una carriola vieja por un padre sin nada y sin la presencia de su madre violada. Caminando sin agua por la frontera de Veracruz y Oaxaca, en medio de la carretera en una zona repleta de halcones y controlada por el narco. ¿Qué nacionalidades merecen entonces, tener una vida con dignidad?

La diferencia entre los centroamericanos que hoy migran en caravana y los mexicanos que han migrado en operación hormiga, año con año, a Estados Unidos en busca de los trabajos o una vida mejor que nuestros gobiernos no son capaces de darnos porque todo se lo chingan, es que nosotros tenemos arriba un país que nos odia y ellos tienen dos. Nos merecemos ser el patio trasero del imperio y levantar su basura.