Por Horacio Corro Espinosa

OAXACA.- La clase política poderosa en México está ensoberbecida, no hay duda de eso. En estos días el discurso es polémico, encolerizado y vengativo, aunque muchos de los practicantes lo nieguen. Los juicios y señalamientos que hacen son proyectiles.

Hoy parece que la libre expresión y de prensa va a ser dosificada. Como ejemplo está la amenaza contra la vida e integridad física hacia siete compañeros periodistas oaxaqueños. 

En este nuevo sexenio, emitir una opinión diferente a lo que es Morena, casi es una ofensa contra los mexicanos, sin embargo, ellos pueden decir lo que se les antoje.

Por ejemplo, después de lo que publicó el viernes la compañera periodista María de los Ángeles Nivón en su columna Primera línea, con el título “Convierten a la 64 Legislatura en ‘arena política’ y espectáculo dancístico de fauna silvestre”, César Morales Niño, presidente de la Mesa Directiva, le envió un mensaje de tuiter a la columnista: “No conozco un manual de comportamiento de diputado, lo que si conozco es a la gente olvidada en las comunidades, en donde está hasta la madre del gobierno, es la máxima tribuna del pueblo y el pueblo así se expresa, te ofrezco una disculpa si ofendí tu sensibilidad, saludos.” 

La reportera le respondió así: “yo también conozco muy bien comunidades de todas las regiones, y si algo guardan en nuestros pueblos, es la solemnidad y respeto con los que se conducen en sus asambleas, quitándose el sombrero y cuidando su lenguaje que nunca es soez. (…) Lo mismo hacen en los espacios públicos, como sus presidencias o agencias municipales! ¡Jamás se expresan con lenguaje de cantina! ¡No sé por dónde habrás caminado, pero lo que sí es seguro, no es en nuestras comunidades!!!”

El texto del diputado local no es más que el reflejo de sus prejuicios e ignorancia de la realidad de nuestros pueblos.

Si el diputado Morales Niño cree que en todas las comunidades se usan expresiones de cantina, quiere decir que ve a los grupos esparcidos en el territorio oaxaqueño como una minoría, y él se distingue como mestizo. 

Este ignorante legislador no sabe que la “mayoría” mestiza también está compuesta por grupos muy diferentes entre sí, marcados por profundas distancias sociales, culturales y regionales.

Cree que utilizar un lenguaje de cantina en la cámara de diputados es una asociación con la pobreza, con el atraso y con la ignorancia, y para estar al nivel de los que así considera, tiene que igualarse porque necesitan ayuda.

El diputado Niño, además, tiene otra visión que es abiertamente racista y que se alimenta de las concepciones anteriores. Dice no conocer “un manual de comportamiento de diputado”; con esta respuesta, manifiesta su ignorancia, pues la tribuna no es para ofender. Tal vez piense que lo que dijo no es grosería, pero por lo menos debe hacer honor a su apellido: no es moral. 

Si le ofende que “la gente olvidada (…) estará hasta la madre del gobierno”, y que el pueblo así se expresa por eso puede decir lo que sea en la máxima tribuna, en realidad no sabe que la libertad de expresión tiene como límites el sentido común, la ética y la responsabilidad. Mucho más él, porque se trata de un representante del pueblo.

Sus palabras reflejan una práctica de racismo no nada más contra los indígenas, sino contra muchos no indígenas de piel oscura, pues él, como un actor importante, según, viene a salvarlos, tal vez con su belleza, o con su inteligencia, o con el poder infinito que le otorga la diputación.

En fin, pues, se trata de otro diputado del montón que solo sirve para avergonzarnos a las y los oaxaqueños. ¡Discípulo de Benjamín Robles tenías que ser!

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